El autor ofrece llamativa instalación en el Museo de Bellas Artes
El veterano artista exhibe un conjunto escultórico en el que los doce apóstoles anuncian la llegada de la era de Acuario.
La era de Piscis está llegando a su fin, y la de Acuario se acerca a toda velocidad. El símbolo de ese cambio es un pequeño personaje de color azul, denominado Avatar, que flota en el aire y encabeza una procesión en la que también participan doce individuos calvos y esqueléticos.
El párrafo anterior es un muy apretado resumen del complejo planteamiento que Hugo Marín desarrolla en su instalación Penitentes , obra que se puede ver a partir de hoy en el Museo de Bellas Artes (Parque Forestal sin número) y que refleja las constantes inquietudes metafísicas, antropológicas y espirituales del veterano autor.
La pieza consiste, básicamente, en un conjunto escultórico protagonizado por veinte figuras humanas de elevada estatura que fueron hechas con materiales como barro, tela, conchas y fibras. Doce de ellas visten túnicas negras y llevan sobre sus hombros un altar portátil destinado al Avatar, criatura que parece levitar gracias a los hilos que la mantienen sujeta al balcón del segundo piso del museo.
«Esos doce personajes vestidos de negro representan a los doce apóstoles, y el Avatar representa el cambio de la era de Piscis a la era de Acuario, proceso que para mí es una autorrealización colectiva, un cambio en la consciencia colectiva», explica Marín, quien aclara que su trabajo también está relacionado con la inminente conmemoración de Semana Santa.
«Esta obra tiene que ver con los penitentes, y eso se relaciona con la celebración católica pero también con el duelo que el país está viviendo a raíz del terremoto. Esta pieza no depende de una relación con el catolicismo, sino que apunta hacia la unión universal. En este caso he puesto el énfasis en los penitentes, pero eso no implica una invitación a volver a tener pena, sino que es una invitación a alcanzar la liberación a través del trascender», agrega.
-¿Esta instalación, entonces, propone un sincretismo entre el catolicismo y otras religiones?
-Yo creo que el mensaje católico tiene una dimensión universal, y por eso podemos encontrar simbologías comunes entre diferentes religiones. El Avatar simboliza un cambio de época, y eso equivale a eternidad también: en la misma medica en que significa tiempo también significa entropía, es decir, desorden que aumenta con el impulso de creación, pero ese caos, de todas formas, se subordina a lo absoluto.
-Disculpe la ignorancia: ¿qué consecuencias traería el paso a la era de Acuario?
-La era de Piscis tiene que ver con la época del cristianismo y con Jesucristo. Tiene que ver con el agua y con los peces, tal como lo simbolizan las mitras de los obispos, que tienen forma de pescado. Es todo lo que ha significado la expansión de una cultura del viaje y la navegación, y que viene del mundo mediterráneo. Acuario, en cambio, trae la imagen del aguador, que toma el agua y la vierte para crear un vacío que es espacio y comunicación instantánea. Implica, en suma, el fin de las divisiones.
Cabezas enormes
Hugo Marín se siente como en su casa en el Museo de Bellas Artes: con su actual exposición se ha apoderado del hall central del recinto, pero ya en 2008 había tomado posesión de la Sala Matta del mismo museo para ofrecer un montaje que incluía todos los objetos y muebles que tiene en su casa-taller.
Conocido principalmente por sus enormes esculturas de cabezas que parecen a punto de hablar en algún idioma desconocido, el autor siempre ha mostrado interés en las culturas precolombinas y en las sociedades primitivas en general. A lo largo de su carrera, ha combinado esos referentes con su vasta experiencia en el campo de la meditación trascendental, para crear obras que apelan a la espiritualidad del hombre.


