IA en la sala de clases: ¿Puede ChatGPT hacer las tareas?

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Especialistas hablan de estrategias para que los alumnos aprendan razonar y distinguir información falsa

El 66% de los adolescentes chilenos declara usar alguna plataforma y sólo el 37% comprueba los datos.

Antes, la gran tentación era copiarle la tarea al compañero o usar un «torpedo». Pero ahora basta con pedirle a ChatGPT que resuelva una ecuación, resuma un libro o redacte un ensayo y listo, en segundos aparece una respuesta impecable.

Ante esto surge una pregunta incómoda. ¿El alumno o alumna aprendió algo o sólo encontró una manera más rápida de terminar lo asignado? El dilema ya llegó a las salas de clases chilenas.

La última entrega de la Radiografía Digital de Niños, Niñas y Adolescentes 2026, de Claro y Criteria con apoyo de Subtel, reveló que el 66% de los adolescentes declara usar alguna plataforma de inteligencia artificial (IA).

Entre quienes utilizan IA, el 80% recurre a ella para aprender, hacer tareas, investigar o resolver dudas. Pero el 59% dice que sus compañeros la ocupan frecuentemente o casi siempre para hacer trampa. Y apenas el 37% comprueba la información que recibe.

«El verdadero desafío es enseñarles (a los jóvenes) a cuestionar lo que encuentran en esas respuestas», sostiene Felipe González, director de Enseñanza Media del Colegio Manquecura Ciudad del Este, en Puente Alto.

Los profesores tampoco están al margen. Según la Encuesta Internacional sobre Enseñanza y Aprendizaje (TALIS) 2024, de la OCDE, el 55% de los docentes chilenos encuestados ya ha utilizado IA en su trabajo, frente al 36% promedio de la organización.

Sin embargo, el 41% declaró una alta necesidad de capacitación. Preparar clases y sintetizar contenidos es una cosa, pero enseñar con criterio a usar estas herramientas es otra.

Salas de clases

En el extranjero no hay una receta única. En 2025 Francia permite a los alumnos usar IA generativa desde quatrième (aproximadamente a los 13 o 14 años), bajo responsabilidad del profesor. En enseñanza media puede emplearse con mayor autonomía, pero dentro de actividades definidas por el docente. En primaria se enseña a comprender y cuestionar la IA, no a delegar tareas en ella.

En Nueva Gales del Sur, Australia, los colegios públicos ofrecen NSWEduChat desde 5º hasta 12º año escolar. A diferencia de un chatbot abierto, este modelo fue diseñado para tareas educativas. Incorpora filtros y protección de datos, y puede devolver preguntas que estimulan el razonamiento en vez de entregar simplemente la solución.

Mientras, en Inglaterra el gobierno permite que cada establecimiento decida en qué asignaturas y edades utilizar estas herramientas, respetando restricciones y medidas de protección infantil.

Y Finlandia publicó orientaciones para distintos niveles educativos, con énfasis en la privacidad y en la formación docente.

La UNESCO, por su parte, recomienda fijar los 13 años como edad mínima para el uso independiente de herramientas de IA generativa en educación. Se trata de una recomendación internacional de protección.

En Chile

En nuestro país, el Ministerio de Educación publicó en 2025 la guía PotencIA el Aprendizaje, que invita a los establecimientos a incorporar estas herramientas de forma crítica y responsable, sin imponer una prohibición general.

También lanzó ChatSP, un asistente para que profesores de 1º a 6º básico preparen clases de matemáticas utilizando los textos Sumo Primero.

La Universidad Católica, en su plataforma Docencia con IA, propone un ejercicio entretenido: pedirle a un chatbot que redacte un texto o resuelva un problema y luego exigir a los estudiantes que encuentren errores, sesgos y omisiones. La máquina se convierte así en material de discusión, no en autora de la tarea.

Raúl Madrid, académico de Derecho UC, propone cambiar el foco: «Antes que poner el énfasis en detectores automáticos o en reglamentos detallados, sería aconsejable rediseñar las prácticas docentes».

Si la IA escribe el ensayo, ¿qué evaluamos, Raúl?

«La preocupación sobre el uso de IA tiene respaldo internacional. Según un análisis de resultados PISA difundido recientemente en España, sus alumnos están entre quienes más utilizan IA para estudiar dentro del mundo desarrollado, pero ese uso intensivo no se traduce automáticamente en mejores resultados. La relación estadística observada no demuestra que la IA sea la causa de un menor rendimiento».

Steffanie Kloss, investigadora de la Facultad de Educación y Humanidades de la UNAB, advierte que evaluar solamente el texto final puede terminar premiando la capacidad de delegar la tarea. Propone observar también el proceso: borradores, discusión, correcciones y explicaciones orales.

Jorge Ramos, rector del Colegio Pumahue Chicauma, lo resume desde otra perspectiva. «La inteligencia artificial nos entrega nuevas herramientas para enriquecer el aprendizaje, pero no reemplaza el trabajo del profesor», afirma. La oportunidad está en liberar tiempo para escuchar a los alumnos y acompañarlos.

Para las familias hay una regla sencilla: en lugar de preguntar solamente si usaron alguna plataforma de IA, conviene preguntar cómo lo hicieron. ¿Pidieron una explicación o copiaron una respuesta? ¿Comprobaron las fuentes? ¿Pueden defender con sus propias palabras lo que entregaron? Esas son las claves.

Porque cuando una máquina puede responderlo casi todo, la habilidad más importante sigue siendo profundamente humana: saber preguntar, dudar y pensar por cuenta propia.

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