Berlín fue escenario de un desfile de sistemas autónomos cada vez más sofisticados
Las compañías buscan que sus máquinas perciban el entorno, entiendan lo que ocurre y se coordinen.
La feria Internationale Funkausstellung, más conocida como IFA, es uno de los eventos tecnológicos más antiguos y prestigiosos del mundo. De hecho, hace dos años celebró su centenario tras su debut en 1924.
En cada versión, Berlín se convierte en el epicentro de la innovación global, reuniendo a las principales marcas, ingenieros y entusiastas para presentar los últimos avances en electrónica, inteligencia artificial, telefonía y tecnologías para el hogar, marcando las tendencias comerciales que dominarán el mercado internacional.
La versión 2026 se realizó entre el 4 y el 8 de septiembre con más de 1.900 expositores de 49 países que viajaron a Alemania para mostrar televisores, computadores, celulares, electrodomésticos, cámaras, wearables y una cantidad cada vez mayor de robots.
Esto último es esencial, ya que la gran tendencia vista en los pasillos de la feria es que la inteligencia artificial está dejando de ser una función para convertirse en algo que trabaja en segundo plano. Especialmente, cuando hay robots de por medio.
Hasta hace poco, buena parte de la inteligencia artificial de los productos de consumo consistía en conversar con ellos: pedirle algo al teléfono, generar una fotografía, traducir un texto o preguntarle al refrigerador qué había dentro.
Leif Lindner, CEO de la feria, manifestó que «la IA está convirtiéndose en la nueva infraestructura de la tecnología de consumo; ya no es una categoría, está pasando a ser parte de casi todas las categorías».
En la IFA 2026 apareció así una lógica distinta. Los fabricantes comenzaron a mostrar sistemas capaces de percibir el entorno, entender lo que ocurre, tomar decisiones y coordinar distintos dispositivos.
Varios sitios especializados, de hecho, resumieron la principal tendencia vista en la feria como el paso desde el hogar conectado al «hogar agente»; es decir, en vez de que el usuario tenga que decirle manualmente a cada aparato qué hacer, la IA empieza a interpretar una necesidad y coordinar las acciones.
Hisense, por ejemplo, planteó cuatro características para sus electrodomésticos con IA: capacidad de percibir, un «cerebro», comunicación y suficiencia para ejecutar tareas gracias a su plataforma ConnectLife AIoT, que incorpora agentes capaces de actuar en áreas como cocina, lavandería y climatización.
Haier llevó la idea a otro terreno con refrigeradores, lavadoras y sistemas de climatización conectados para que los distintos equipos puedan colaborar entre sí.
TCL y Hisense, ambas multinacionales chinas en crecimiento global, también mostraron refrigeradores que utilizan IA para reconocer alimentos y ajustar automáticamente las condiciones de conservación.
El sistema puede identificar los ingredientes, ayudar a decidir dónde guardarlos y proponer recetas a partir de lo que ya existe dentro. Incluso puede entregar indicaciones mediante voz y luces para encontrar determinados alimentos. Y si la receta necesita utilizar un horno conectado, el sistema puede coordinar su precalentamiento.
Es aquí donde se perciben los cambios más importantes vistos en esta IFA: la IA empieza a meterse en la función principal del aparato, no solamente en su interfaz.
Porque un refrigerador inteligente no es necesariamente uno al que se le puede hablar, es uno que sabe qué tiene adentro y utiliza esa información para ayudar al usuario y hacerle la vida más fácil.
Robots que improvisan
La feria organizó un evento llamado «Robots on the runway», donde máquinas humanoides desfilaron frente al público.
Según datos de la feria, el espacio IFA Next aumentó de unos 260 expositores el año anterior a alrededor de 300 este año, convirtiéndose en una de las mayores exhibiciones de robots humanoides realizadas por la feria.
Unitree, Agibot y otros fabricantes volvieron a Berlín, mientras aparecieron nuevos actores como Fourier Intelligence, de origen chino, y Pivot Robotics, basada en los EE.UU.
La industria lleva un buen rato haciéndose una pregunta concreta: ¿puede un robot convertirse en un electrodoméstico? Es decir, dejar atrás la vitrina de la demostración tecnológica y transformarse en algo que alguien compre, lleve a su casa y use todos los días, como lo hizo en su momento el microondas o el lavavajillas.
El desafío ya no es conseguir que una máquina piense sino que improvise, que se adapte. Que no se quede paralizada frente a un vaso tirado en el suelo o una puerta entreabierta. Eso, y no otra cosa, es lo que separa al robot de laboratorio del robot de living.
China pisa fuerte
Otro fenómeno evidente fue el peso de las marcas chinas. Compañías como Haier, Hisense, Xiaomi, TCL, Midea y Dreame llegaron con enormes espacios de exhibición, algunos de más de tres mil metros cuadrados.
Y hubo una novedad especialmente simbólica: Xiaomi presentó por primera vez en IFA su ecosistema completo «Human-Car-Home», que además de integrar personas, dispositivos personales y hogar dentro de una misma estrategia tecnológica, ahora también suma sus propios automóviles eléctricos.
Así el automóvil dejará de ser un elemento aislado y se transformará en otra pieza del ecosistema digital. Es decir, el auto puede saber que usted llegó a casa para que los elementos en la vivienda puedan preparar determinadas condiciones antes de que el usuario llegue.
Si alguien tenía dudas de que China es la gran fábrica del mundo, la IFA 2026 se encargó de despejarlas de golpe. De las casi 2.000 marcas presentes en Berlín, cerca de 930 vinieron del continente asiático, ocupando el 38 por ciento del espacio de exhibición: así, robots chinos saludaban con la mano, bailaban, boxeaban y cumplían tareas del hogar ante la mirada atónita de los visitantes.


