Estudio neurológico encargado por el Museo Mauritshuis en La Haya
Mara Santibáñez, artista visual: Las pinturas originales tienen texturas, materialidades, con las que uno puede acceder al proceso de creación. Granitos, detalles en la tela, que la reproducción no tiene.
Estudio
El equipo de investigadores liderado por Erik Scherder, neurocientífico del Centro Médico Universitario VU en Ámsterdam, examinaron cómo 20 personas entre 21 y 65 años respondían cerebralmente a cinco pinturas originales del museo en comparación con sus reproducciones de la tienda de regalos, mediante un equipo de seguimiento ocular y un escáner cerebral de electroencefalografía (EEG). El investigador neurocientífico Martijn den Otter explicó que el estudio constaba de dos partes: «En el primer paso, medimos las ondas cerebrales con un EEG móvil dentro del museo cuando las personas se paran frente al cuadro y vemos cuál es su atracción o repulsión respecto de la obra. Algo que nunca se había hecho antes porque la tecnología es muy nueva. Además, teníamos un rastreador ocular activado, por lo que también podíamos vincular las ondas cerebrales con lo que el sujeto de prueba estaba mirando en ese mismo momento» (haga clic aquí: https://bit.ly/4fZDKRO).
Texturas y trazos
El estudio determinó que la presencia física de una obra de arte, sus texturas, colores y autenticidad son las que provocan «una reacción emocional y neurológica mucho más intensa», destacando «la importancia de la interacción directa con el arte para fomentar una experiencia cognitiva y emocional más profunda». Mara Santibáñez Artigas, artista visual y académica del Departamento Artes Integradas de la Universidad de Playa Ancha, considera que una explicación del efecto es que las pinturas originales son objetos que tienen cuerpo. «Tienen texturas, materialidades, con las que uno puede acceder al proceso de creación. Granitos, detalles en la tela, que la reproducción no tiene».
Experiencia
La historiadora del arte, Beatriz Sánchez Schwember dice que es la experiencia de estar frente al arte original, una de las razones que hace la diferencia y que no se puede replicar, recordando al filósofo Walter Benjamin, que en la década del 30 planteó la idea del «aura de arte original», como aquel valor original e irreproducible que registra la composición, las razones y el contexto de cada obra, que son intransmisibles a una copia, por muy buena que sea. «En el contexto actual, en la era de la digitalización y de la imagen por la imagen, volvemos a algo que quizás es muy humano que es tener una experiencia directa. Hay una reacción del cerebro frente a un original que es capaz de distinguir ese original. La emoción, algo que te sobrecoge, de algo que te toca, que te acerca a un espacio de sensibilidad», dice.
Pintura
Den Otter explica que es la composición excepcional del cuadro de Vermeer que provoca un «bucle sostenido de atención visual. Normalmente cuando miras una cara, miras los ojos, la boca y ya está, porque entonces has determinado si esa persona es ‘segura' o no. Eso no pasa con La joven de la perla. Pasas de los ojos a la boca, luego a la perla y de nuevo a los ojos, de vuelta a la boca y a la perla. Entonces quedas atrapado en un bucle que simplemente te mantiene mirando a la chica», aclara.
Resonancia
Los investigadores analizaron las imágenes del proceso cerebral usando resonancia magnética, identificando que frente a las obras de arte originales, se activaba el precuneo, una zona del cerebro situada en la parte posterior del lóbulo parietal, que se asocia con autorreflexión, percepción del yo y la memoria. Las cinco obras de arte originales seleccionadas de artistas holandeses: «La joven de la perla» (c. 1665) y «Vista de Delft» (c. 1659-1661) de Johannes Vermeer; «El violinista» (c. 1626) de Gerrit van Honthorst; «Autorretrato» (1659) y «La lección de anatomía del doctor Nicolaes Tulp» (1632) de Rembrandt van Rijn; provocaban respuestas más intensas y positivas que sus reproducciones. Pero fue La joven de la perla la que generó una respuesta más fuerte, provocando un «mayor compromiso personal y una reflexión más profunda» en comparación con las otras.
Revalora el museo
Den Otter afirmó que el estudio demostró que «la visita a un museo es una experiencia totalmente enriquecedora». Sánchez coincide: «En el contexto actual la experiencia es algo secundario, subvalorado, pero esto da valor. Contribuye a pensar en los museos como espacios de exhibición y de acceso a este tipo de actividades únicas», asegura. Santibáñez dice que la conexión con la pintura no es meramente con una imagen, como sería un afiche o un póster, es, es, estás conectado con una experiencia única. «La cualidad de la pintura es ser objeto pintado en un contexto, lugar y espacio determinados e irrepetibles, que ha transitado en el tiempo hasta llegar a nosotros. Como espectador, uno conecta con eso de modo intuitivo», comenta


