Fenómeno climático fue anunciado oficialmente por la NOAA
Los datos anticipan un verano muy caluroso.
Una extensa franja de colores naranja y rojo avanzando por el océano Pacífico es la imagen que la NASA difundió para mostrar el desplazamiento de una enorme masa de agua cálida hacia Sudamérica.
La animación, elaborada con observaciones del satélite Sentinel-6 Michael Freilich, permite observar cómo una onda Kelvin oceánica avanzó por el Ecuador entre marzo y mayo de este año. La publicación coincide con la confirmación oficial de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), que declaró la presencia de El Niño y estimó en 63% la probabilidad de que alcance categoría «muy fuerte» durante la primavera y el verano del hemisferio sur.
«No es que la onda Kelvin anticipe El Niño. Es una consecuencia de su desarrollo. Es una muestra más de que el fenómeno ya está en marcha», explica Raúl Cordero, climatólogo de la Universidad de Santiago (Usach). Según el académico, El Niño corresponde a un calentamiento anómalo del Pacífico tropical frente a Ecuador y Perú, que se considera instalado cuando la temperatura supera en al menos 0,5 grados Celsius los valores normales. «Frente a las costas de Ecuador y Perú todo comienza a enrojecerse. Eso significa que la zona se está calentando», señala.
El oceanógrafo Juan Höfer, de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, recuerda que el fenómeno está ligado a los vientos alisios, que normalmente empujan las aguas superficiales hacia Australia. Cuando se debilitan, la masa de agua cálida acumulada en el oeste comienza a desplazarse hacia América, generando la onda Kelvin observada por los satélites. Pese a décadas de estudios, los científicos aún no saben con precisión qué desencadena cada episodio: a veces se asocia a tormentas muy intensas en la zona de Australia que alteran los vientos.
Segundo semestre
Los expertos coinciden en que los efectos más notorios se sentirán durante el segundo semestre. «El Niño recién comenzó y se va a fortalecer. Lo más probable es que tengamos una segunda mitad del invierno más lluviosa y también una primavera más lluviosa. A Chile, Argentina y parte de Estados Unidos suele traerles más precipitaciones, mientras que en Colombia, el Amazonas, Bolivia o el sudeste asiático puede provocar sequías», afirma Cordero.
El climatólogo recuerda que el episodio moderado de 2023-2024 estuvo asociado a temporales e inundaciones, y advierte que un evento más intenso podría aumentar el riesgo de lluvias concentradas, desbordes y aluviones. NOAA proyecta que la anomalía de temperatura podría superar los 2 grados sobre el promedio, umbral de un episodio «muy fuerte». Además de las lluvias, ambos especialistas anticipan otro efecto: el próximo verano podría ser extraordinariamente caluroso.


