Guerrero empató en la agonía; Garguez se robó la gloria treinta segundos después
Los árabes se metieron en la fase de grupos de la Copa Sudamericana. Los azules no alcanzaron a disfrutar demasiado su primera victoria del año en el clásico.
Maxi Guerrero logró lo que parecía imposible en el minuto 90+4. Su cabezazo le dio a Universidad de Chile un empate de emergencia, de esos que se celebran por alegría, pero sobre todo por alivio. En el Estadio Nacional, vacío como una billetera a fin de mes, los azules creían haber burlado a la derrota en el último suspiro y estiraban así su suerte hasta los penales. El festejo, entendiblemente largo, consumió segundos preciosos. Cuando el juego se reanudó, el reloj ya se había trepado por encima del 90+5. Quedaba menos de un minuto, una limosna de tiempo. Pero en el fútbol hay equipos que piden prórroga al destino y otros que, como Palestino, lo asaltan a mano armada.
En sólo treinta segundos desde la reanudación se reescribió la tragedia azul y la epopeya árabe. El equipo de Cristián Muñoz no se dejó narcotizar por el empate ajeno y le lanzó la pelota por la izquierda a César Munder. Este asumió que la noche aún tenía pulso, se subió a la moto y dejó atrás a Nicolás Fernández. Entonces Munder levantó la cabeza para descubrir, justo a tiempo, la corrida feroz de Ian Garguez por el centro del área. Eligió el centro preciso: una invitación al crimen perfecto. Garguez llegó con hambre, conectó y convirtió el 2-1 en el corazón del 90+6, cuando faltaban trece segundos para que se completara el tiempo agregado por el árbitro. No hubo tiempo para la réplica ni para la penitencia. Sólo para el estupor. La U pasó de besar la orilla de los penales a hundirse en la mitad del río.
Lo extraordinario del desenlace no alcanza a borrar lo que el partido venía diciendo en voz baja. Palestino había sido más adulto en la administración del miedo. Jugó con serenidad y disciplina, especialmente en el primer tiempo, en palabras de su propio entrenador. «Salimos a buscarlos desde el comienzo porque ellos hicieron un esfuerzo importante en el partido del domingo por el campeonato», explicó la Nona Muñoz, con una mano en el pecho y la otra aferrada al botín de la merecida clasificación a la fase de grupos de la Copa Sudamericana. Hay que mirarlo una y otra vez a Muñoz entrando a la cancha después del gol de Garguez, como si fuera un jugador más.
Palestino hizo ver mal a la U en el primer tiempo, pero le dio el tiro de gracia en el segundo, cuando el equipo de Francisco Meneghini ya daba señales leves de sobrevivencia. Pero Muñoz también había reservado a Munder para ese momento en que el partido se pusiera latigudo ante la inminencia de los penales. La primera asistencia de Munder a Nelson da Silva, a los 85, abrió la cuenta para Palestino.
El silencio del Nacional, sin público por sanción, se volvió todavía más severo: silencio de oficina cuando alguien acaba de perder la pega. La U fue al frente, sí. Y encontró el empate con Guerrero, cuando la derrota ya afinaba su guillotina.
Hay partidos que se definen por táctica, otros por técnica y unos pocos por una cuestión más antigua: quién entiende mejor el pánico. Palestino lo entendió perfectamente. No se entregó a la pena tras el 1-1, ni administró la herida. Fue a buscar el último ataque y ahí estuvo la diferencia moral del encuentro. La U celebraba haber pospuesto la ejecución; Palestino decidió abolir el trámite. No quiso lotería: quería justicia.
Paqui Meneghini lo resumió en pocas palabras: «Quedamos fuera porque el rival jugó mejor en el primer tiempo. Lo equilibramos en parte en el segundo y al final nos ganaron en la última jugada. Nos afectó mucho por la forma en que se dio». La U, que venía de ganar el clásico, descubrió que el fútbol no concede fueros y que una semana gloriosa puede terminar en inventario judicial. Palestino espera ahora el sorteo de la fase de grupos de la Sudamericana, fijado para el jueves 19 de marzo, en Luque, Paraguay.


