Isabel Labarca incluso creó una línea de juguetes de animales y botellas de agua ilustradas
Nada de lo que estoy haciendo en este momento estaba planeado, asegura.
Isabel Labarca nació en Santa María, un pueblo rural de la Región de Valparaíso. En Santiago estudió Agronomía y se instaló durante su vida adulta. Hasta que llegó la pandemia y, con ella, un paréntesis inesperado: de vuelta en la casa de sus padres, comenzó a mirar por la ventana. «No había mucho más que hacer», recuerda. Fue ahí, frente al jardín, donde los pájaros que había visto toda la vida empezaron a revelarse diferentes. «Los que siempre pensé que eran iguales, en realidad no lo eran», cuenta.
Compró su primer libro sobre aves y comenzó a identificarlas. Pero como no se considera buena para la lectura, prefirió dibujar. «Soy muy gráfica para aprender», explica. Esos esquemas caseros se convirtieron en una pequeña obsesión y luego en una cuenta de Instagram. Sin pretensiones, sin estrategia. Solo con el impulso de querer entender.
Antes de todo eso, su vida profesional transitaba por otros paisajes. Primero administró un campo de 100 hectáreas de avellano europeo en Chillán. Luego trabajó en el Parque Isidora Cousiño, en Lota. Su formación como ingeniera agrónoma la llevó por distintas experiencias en el agro, hasta que la fundación donde trabajaba enfrentó una crisis financiera. «Cuando vi que la quiebra era inminente, empecé a pensar qué quería realmente», recuerda.
Para entonces, ese proyecto improvisado que había nacido entre cuarentena y naturaleza dormía en su Instagram. Pero decidió retomarlo con una idea concreta: hacer su primer producto. «Fue un cuaderno de campo de mamíferos y uno de aves comunes. Se vendieron muchísimo», asegura. Un cuaderno de campo tiene dibujos y diagramas para identificar especies y también permite hacer anotaciones. Son la biblia de cualquier explorador.
Este pequeño éxito fue la señal que necesitaba. En diciembre de 2023 creó formalmente su empresa y desde enero de 2024 se dedica a tiempo completo a lo que, sin buscarlo, terminó siendo su oficio.
Hoy su catálogo incluye cinco cuadernos de campo -dedicados a hongos, aves marinas, aves comunes, mamíferos y otras especies chilenas- con stickers, láminas y un objeto que se ha convertido en su favorito: botellas. «Quiero que sean productos que te inviten a estar más atento, no solo a decorar», explica. Gracias a un fondo de Sercotec, adquirió una impresora 3D y comenzó a diseñar juguetes de fauna chilena, pensados para niños y adultos. Una forma de aprendizaje más tangible, más cercana.
Edo Caroe, en su rutina en el Festival de Viña, sacó un chiste sobre el martín pescador que usted más tarde convirtió en un video educativo.
«Es que tiene demasiado alcance. Yo pensaba si este chiste lo hizo en el Movistar Arena cinco veces y además lo hizo frente a un público tan grande, es muy positivo para Chile el saber que existe un ave que se llama martín pescador. Finalmente, la iniciativa o la idea de mi página es pasar de cero a uno, pasar desde que la persona no sabe nada a que sepa que hay un ave que tiene este nombre. Yo no te voy a explicar lo más complicado, lo más taxonómico, ni lo más complejo de un ave. Mi intención es mostrarte que existe y ahí que a la persona que pueda se le meta el bichito de querer aprender. Entonces, con este chiste, Edo Caroe lo que hizo fue abrir a mucha gente esta idea de que existe un ave que se llama martín pescador. Es increíble cómo después de ese chiste mucha gente me empezó a comprar a mí los stickers, las láminas».
El tema de ser influencer educativa, ¿cómo ha sido para usted?
«Ha sido todo nuevo, nada de lo que yo estoy haciendo en este momento estaba planeado. Partí haciendo infografías, haciendo dibujos, y en agosto del año pasado un día se me ocurrió hacer un video apareciendo yo, que era algo que me sacó mucho de mi zona de confort, pero dije quiero hacerlo más personal, porque mucha gente me estaba felicitando por mi trabajo como si hubiese todo un equipo detrás, y yo lo encontraba un poco injusto, porque era yo la que estaba haciendo todo el trabajo, así que quería mostrarme. Ahí fue como esto explotó. Con el primer video que subí hablando, gané 30.000 seguidores, con un solo video, y ahí me empecé a dar cuenta de esto. La gente me empezó a tratar de influencer y nunca se me pasó por la cabeza esa palabra para mí. Ha sido loco, ha sido un trabajo extenso igual».
No debe ser fácil.
«Lo que yo estoy haciendo es educando sobre ciencia y la ciencia es súper exacta. Entonces no puedo estar hablando sobre un ave o una especie, diciendo todo lo más exacto posible, porque finalmente me puedo equivocar y mucho. La idea no es desinformar. Y es por eso que yo he usado un lenguaje más subjetivo. Hablo de que el chincol tiene una bufanda naranja o que tiene los pelos parados. En este momento vivo de las ventas en ferias de emprendedores. Mi sueño sería ojalá poder vivir de educar, y esto puede ser a través de talleres, a través de las redes. Me encantaría no vivir de stickers ni láminas, pero en el momento es lo que me está funcionando y también es lo que hace que la gente se acerque a mí».
¿Son buenas las ventas?
«Sí, sí, o sea, he logrado vivir un año y medio con estas ventas».
Y cuando dice que no le gustaría vivir de eso, ¿de qué te gustaría hacerlo?
«Me gustaría vivir de educar, como te digo, de las redes, de que en adelante marcas me reconozcan, de poder estar en distintos lugares hablando sobre el tema, hablando en colegios sobre aves, sobre fauna en general, y quizás más allá, más allá. Me han pedido hablar sobre flora, funga también, que es súper importante. Por ahora la idea sería poder hacerlo con la fauna chilena, pero obviamente de una forma, con este sello que tengo».


