Fue profesor del Saint Georges, en pandemia se reinventó y hoy es especialista en reuniones online
En las clases en línea, destaca Joaquín Malig, puedes tener un termómetro en tiempo real de toda la audiencia, no sólo de los que hablan.
Cuando las clases se detuvieron por la pandemia, Joaquín Malig, ingeniero civil industrial de la Universidad de Chile, reconvirtió su rutina de profesor de matemáticas del Saint Georges College y director de un preuniversitario presencial en Vitacura. Desmontó su living, instaló luces y cámaras, y llevó el entrenamiento para la PAES a Zoom.
Aquel impulso técnico, nacido de años de curiosidad autodidacta, lo acercó a la inteligencia artificial, con la que hoy genera materiales que antes delegaba a un equipo.
Su interés por la eficiencia tecnológica evolucionó rápidamente hacia la interactividad de las clases en vivo. Inspirado en la estética del streaming, Malig comenzó a implementar overlays (interfaces gráficas animadas) para enriquecer la experiencia audiovisual en Zoom, un terreno que considera poco explorado en el ámbito académico. «Siento que en el mundo de la educación online falta mucho desarrollo en ese ámbito», opina.
Hoy además hace consultorías e integra el staff de «Inside the Show», comunidad global donde se desarrollan soluciones de IA para interacciones en tiempo real. A través de este sistema, Malig genera encuestas o gráficos de respuesta que se actualizan instantáneamente en pantalla según las intervenciones de la audiencia.
Para presentar bien online, recalca, hay que tener desarrolladas estas fortalezas. «Mis cuatro pilares fundamentales son el contenido, donde el presentador debe ser especialista; el delivery, o la manera de entregar ese contenido, que puede ir más allá de las diapositivas con videos e interfaces interactivas; la interacción, para involucrar a la audiencia a través de chats, emojis y micrófonos; y el flow o flujo, evitando interrupciones como preguntar si se ve bien la pantalla, lo cual corta el ritmo».
¿Qué falla común se observa en la entrega de contenidos a través de plataformas de video?
«Un pecado es el de compartir pantalla. Los presentadores se preocupan muchísimo por el contenido, pero olvidan que la manera en cómo se entrega ese contenido es muy importante también. Al apretar el botón de compartir pantalla, la cámara de ese presentador se achica en una esquina, pierden completamente el contacto visual y quedan durante el resto de la sesión mirando unas presentaciones que alejan el vínculo».
¿Cómo se puede estructurar una sesión para evitar esa desconexión y mantener la atención?
«La recomendación es entender que la manera de entregar el contenido no debe ser exclusivamente una presentación, sino diferentes interfaces que interactúen con la respuesta o acciones de la audiencia. No queremos una sesión que sea trabada; cuando un presentador pregunta si están viendo correctamente la pantalla, eso corta completamente el flujo de una buena presentación».
Hay quienes creen que, pasada la pandemia, las reuniones online perdieron relevancia.
«Hubo un retroceso, sí, pero hay algo trascendental: si comparo una sesión online con una presencial, hoy prefiero la online por el feedback que permite recoger. En una clase física no puedes darles la palabra a todos sin que se vuelva eterna. En cambio, online puedes tener un canal con cada persona a través del chat o reacciones; puedes tener un termómetro en tiempo real de toda la audiencia, no sólo de los que hablan».
¿Por qué las sesiones remotas mantienen su vigencia frente al formato presencial?
«Si yo comparo una sesión online con una sesión presencial, hoy prefiero mucho más una sesión online porque me permite recoger el feedback de cada uno de los participantes. Tú logras armar un canal de comunicación con cada una de las personas, donde cada uno ya puede expresarse a través del chat o de diferentes reacciones, y puedes tener un termómetro para recibir un feedback en tiempo real de toda la audiencia, no sólo de los que puedan hablar».
Reuniones online, más prácticas
Para Francisco González, gerente general de Vertical Hunter, tras la pandemia Zoom se consolidó como una herramienta estructural en la coordinación empresarial. «Cumple un papel muy importante porque permite dar flexibilidad a los colaboradores», destaca. ?A su juicio, las reuniones online dejaron de ser una alternativa y pasaron a ser una necesidad («ya no es necesario trasladarse o estar físicamente en la reunión») y además eliminan excusas habituales como la congestión vehicular o la distancia. Esa lógica, dice, también impacta la productividad: es posible pasar de una reunión a otra sin moverse, grabar y transcribir conversaciones y dar mayor visibilidad a quien toma la palabra.?Desde su perspectiva, la virtualidad no deteriora la calidad de las conversaciones ejecutivas, sino que «simplemente cambia la dinámica», ordenando tiempos e intervenciones. Incluso plantea que una conversación uno a uno puede generar un impacto similar al presencial gracias a la calidad actual de audio y video. En términos competitivos, advierte que no integrar herramientas como Zoom implica perder flexibilidad y capacidad de retención de talento.


