Lo mantuve oculto harto tiempo. Soy como Hannah Montana, compara Lucas del Campo
Experto en empleabilidad explica cómo un talento no tradicional puede transformarse en una fuente de ingresos real.
Lucas del Campo (30) entró a estudiar Ingeniería Civil en Química por la más curiosa de las razones: era fanático de «Breaking Bad» y admiraba a su protagonista, Heisenberg, quien en la serie es un profesor de esa especialidad que se convierte en un capo de los drogas.
La carrera de Lucas, por cierto, se ha desenvuelto en un área más tradicional, pero nunca tanto; hoy, además de trabajar en una empresa de la minería, es protagonista de su propio show. A finales de 2018 vivió un momento que, confiesa, le cambió la vida. Fue al concierto de Bad Bunny en el Movistar Arena vestido igual que el artista: chaqueta amarilla, gafas oscuras y cabeza rapada. En un momento, el cantante detuvo el show, lo miró desde el escenario, y lo invitó a cantar con él.
«Subí y cantamos juntos frente a 15 mil personas. Me presentó como su doble en Chile», recuerda.
Desde entonces su vida dio un giro. Partió actuando en bingos y cumpleaños con un parlante prestado. Un amigo aprendió a ser DJ para ayudarlo; luego vinieron matrimonios, eventos de empresas como el Banco de Chile y shows en regiones como Antofagasta, Temuco y Puerto Montt. «Fuimos agarrando más experiencia, haciéndolo un poquito más conocido y nos empezamos a meter en el mundo de los matrimonios. Empezamos a invertir en vestuario, canto, redes. Hoy somos un show profesional. Pero todo partió ahí, en ese concierto», resume.
El precio de sus shows varía según el tipo de evento y su duración. Para presentaciones simples, como un cumpleaños, el costo bordea los $500.0000; para eventos más grandes, como matrimonios o presentaciones para empresas, puede oscilar entre $800.000 y $1 millón. El rango depende principalmente del tiempo del show, que puede durar entre 30 y 45 minutos.
Está haciendo unos 20 shows al mes: parece un excelente pituto.
«En el mundo de los artistas, cuando llega el calor aparecen muchos eventos. La gente se casa o se gradúa, las empresas celebran el fin de año y empieza a haber mucha demanda. Incluso llegamos a rechazar eventos, porque ya no cabemos. Por ejemplo, la semana pasada tuvimos cinco eventos en un día. Igual es harta pega».
¿En su trabajo formal qué le dicen de su pega como doble?
«Lo mantuve oculto harto tiempo, porque me gusta separar mi vida laboral de la artística. Siempre digo que soy como Hannah Montana. Pero todo cambió cuando el año pasado aparecí en Mi Nombre Es y algunos compañeros me vieron en la tele; me lo comentaron en una reunión y tuve que admitirlo. Por suerte, la recepción fue súper positiva, mis jefes me han apoyado caleta y me han dado flexibilidad cuando la he necesitado. Una vez se me acercó un compañero con el que casi no hablaba y pensé que me iba a preguntar algo de la pega, pero me dijo: ¿es verdad que tú haces shows?. Me puse helado. Le dije que sí y me pidió mi contacto porque se casaba. Le pasé mi tarjeta de Bad Bunny y terminé cantando en su matrimonio, con varios compañeros de pega en la fiesta. Fue chistoso estar cantándoles sin haber cruzado palabra antes».
Hablando de su carrera, ingeniería química, ¿por qué le gustó?
«Por lo versátil que es. Siento que un ingeniero químico es casi un ingeniero en procesos, porque puedes trabajar en muchas áreas distintas: minería, energía, alimentos, reciclaje. Mientras estudiaba me di cuenta de que se me abría un abanico de posibilidades. Ahora estoy en minería, pero también hice un diplomado en energías renovables, me interesa mucho el hidrógeno verde, la solar, la eólica. Y me gusta saber que, si en algún momento quiero cambiar de rubro, puedo hacerlo».
Doble trabajo
Para Francisco González, gerente general de la reclutadora Vertical Hunter, el caso del doble de Bad Bunny muestra cómo un talento no convencional puede convertirse en una oportunidad real si se estructura bien y no interfiere con un trabajo formal. «No todo es trabajar en lo que uno estudió», apunta.
«Cuando hay talento en otras áreas y se puede explotar, es una tremenda oportunidad, mientras no afecte el trabajo principal», plantea.
Muchas veces cuesta ver el trabajo más allá de la profesión, apunta González, pues la cultura laboral chilena empuja a centrarse en un solo rol: «Estamos acostumbrados a tener un solo trabajo y a enfocarnos solo en lo que estudiamos.
Salirse de esa estructura es extraño». Para transformar un talento en una fuente de ingreso, dice, se requiere planificación y estructura: pensar cómo se va a ofrecer el servicio, qué incluye, cuánto cuesta. En ese proceso, la marca personal se vuelve fundamental. «Crear una marca personal y ser el doble formal de un artista implica disciplina, compromisos y una estrategia clara de hacia dónde queremos llevar ese talento», cierra.


