La casa Guinness, de Netflix, está ambientada en 1868 cuando Irlanda era un hervidero
Rescata la conflictiva vida de la familia fundadora de la famosísima fábrica de cervezas.
Las peligrosas calles de Dublín son el escenario de «La casa Guinness», en Netflix, que viaja en el tiempo hasta 1868, cuando la famosísima fábrica de cerveza estaba planeando su expansión hasta Estados Unidos, mientras Irlanda era un hervidero de conflictos.
Steven Knight, el responsable del exitazo llamado «Peaky blinders», ideó una historia con muchos paralelos con el otro show de TV: ocurre en el pasado, existe una familia que trabaja lo más unida que puede, las escenas están musicalizadas con rock a todo volumen y no falta la violencia.
El elenco trae actores en ascenso como Anthony Boyle («Los amos del aire») y Jack Gleason («Gladiador 2»), además de un intérprete más conocido como James Norton («Happy Valley»).
La trama se basa en la vida de la familia Guinness, quienes están detrás de una cervecería familiar de Dublín que se convirtió en un negocio millonario debido al ingenio de Benjamin Guinness, fallecido en 1868. Sus cuatro hijos tienen que hacerse cargo, pese a que la sociedad de entonces era un hervidero: los independentistas y católicos querían sacudirse de los ingleses protestantes que habían integrado la isla a su imperio en 1801. «Irlanda en el siglo XIX es un país con profundas divisiones religiosas, tensiones sociales crecientes, desigualdad, y con los grandes dueños de industria en posiciones de influencia económica y política», afirma el historiador Patricio Zamora, profesor de la U. Alberto Hurtado.
Para 1868 aún había señales clarísimas de la gran hambruna que mató dos décadas antes a uno de los ocho millones de personas que entonces vivían en Irlanda, motivando además que dos millones de pobres emigraran a Estados Unidos. En Nueva York y Boston hubo caos y altercados.
«En medio de hambrunas muy comunes, surgieron élites industriales y comerciales, como la familia Guinness, que se enriquecieron con nuevas industrias como la cerveza o textiles. Ellos aprovecharon los privilegios de su ascendencia protestante lo que contrastó con una mayoría católica empobrecida, que veía a los grandes industriales como parte de la opresión británica», añade Zamora.
Para equilibrar esta situación, realizaron gran cantidad de obras filantrópicas como la restauración de la Catedral de San Patricio, viviendas obreras y hospitales.
«Irlanda estaba azotada por la lucha por la independencia, que se concretó después de la primera guerra mundial, en 1923. Había una tensión entre los condados del norte, protestantes, y el mundo predominantemente católico, dentro de donde está Dublín», afirma Fernando Wilson, historiador y profesor de la U. Adolfo Ibáñez.
¿En qué lugar estaban los Guinness?
«Eran activistas indirectos y pacíficos del nacionalismo irlandés. Impulsaron el famoso libro de récords Guinness, como reivindicación de la cultura popular irlandesa que siempre está peleando por quién es más en alguna actividad. Fue un periodo muy conflictivo, pero no tanto como lo que ocurriría entre 1914 y 1923».


