Investigadores captaron la voz inaudible del Glaciar Grey

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Equipo liderado por la física chilena Claudia Sánchez, soportó el frío y vientos de 150 kilómetros por hora

Sensores de infrasonido captaron el ruido que el ser humano no puede escuchar y que a veces presagia grandes desprendimientos de hielo.

Bitácora de la expedición, días 1 y 2: «Desde el amanecer, el viento patagónico nos recordaba que trabajar en estas condiciones no sería fácil. La navegación hasta el punto de instalación no estaba confirmada hasta una hora antes de zarpar, ya que los planes podían cambiar minuto a minuto según la intensidad del viento. En ese primer momento, la ansiedad me consumía. Sabía que mi rol como investigadora no solo implicaba realizar el trabajo científico, sino también gestionar al equipo y asegurarme de que cada decisión fuera la correcta».
En el sitio en internet de la Fundación Glaciares Chilenos, Claudia Sánchez, doctora en Física e investigadora de la Universidad de Bolonia, Italia, relató paso a paso cómo fue captar la voz inaudible al oído humano del Glaciar Grey, en el Parque Nacional Torres del Paine. En febrero de este año, ella y su equipo instalaron una red de sensores de infrasonido cerca del frente oeste de esta masa de hielo. «Los instrumentos que usamos son muy sensibles, similares a micrófonos especializados, capaces de captar ondas de sonido de muy baja frecuencia, menores a 20 Hertz. Un elefante sí las puede sentir», asegura.
Bitácora de la expedición, días 1 y 2: «Las ráfagas de viento nos hacían caer y armar las tiendas para pasar la noche se convirtió en un desafío en sí mismo. Durante esas horas, la presión seguía pesando sobre mí. Sabía que debía seguir adelante, pero la sensación de estar constantemente al borde del fracaso me mantenía alerta».
El Glaciar Grey forma parte del Campo de Hielo Patagónico Sur, la tercera mayor reserva de hielo del planeta después de la Antártica y de Groenlandia. «Sólo en 25 años, entre 1996 y el 2021, ha perdido más de 21 kilómetros cuadrados de superficie, el equivalente a unas 3.000 canchas de fútbol», cuenta. A esto hay que agregarle que, debido al cambio climático, las precipitaciones en la región están aumentando, lo que lo hace más vulnerable aún. «Con imágenes satelitales se puede ver su cambio, pero con los sensores infrasónicos el registro es in situ y a tiempo real», explica la física chilena. Acostumbrada a usar estos aparatos para escuchar volcanes, se le ocurrió que podía usarse en glaciares. «Son sensores de presión. Lo que miden son las diferencias con la presión atmosférica. Cuando hay desprendimientos, el glaciar bota una cantidad de energía que la podemos escuchar si estamos ahí mismo», cuenta. El problema es que la mayor parte de la energía que se genera en un desprendimiento de hielo no se puede escuchar.
Bitácora de la expedición, días 3 y 4: «Los sensores de presión, enterrados estratégicamente y reforzados con piedras para minimizar las vibraciones del viento, comenzaron a captar sonidos inaudibles para el oído humano, pero esenciales para comprender la mecánica de los colapsos de hielo. Los nervios seguían ahí, persistentes, pero el éxito de instalar los primeros equipos me dio algo de tranquilidad».
Diez días estuvieron en terreno. Escogieron el mejor sitio para echar a andar los instrumentos y asegurarse de que funcionaran en un clima extremo. La velocidad del viento, según sus sensores, llegó a 150 kilómetros por hora.
«Instalamos todo, vimos que estaba funcionando, pero teníamos que salir de ese lugar, porque era muy peligroso.
Podía haber tormentas, podía subir el lago, podía caerse un pedazo grande del glaciar y eso podía causar problemas. Lo que hicimos fue instalar todo, dejar todo funcionando e irnos después a otro campamento», recuerda. Una semana estuvieron trabajando los sensores. «Teníamos el corazón en la mano, porque no sabíamos si estaban funcionando. El último día, cuando volvimos y vimos que las señales se veían y que las baterías y todos los instrumentos estaban funcionando, fue un gran alivio, porque era una gran responsabilidad», recuerda.
Bitácora de la expedición, días 3 y 4: «A las seis de la mañana, presenciamos el primer colapso: una masa gigantesca de hielo se desprendió con tal fuerza que generó un tsunami en el lago, cuyas ondas persistieron al menos 10 minutos. Durante el día, seguimos atentos al glaciar, y antes de las 17 horas fuimos testigos de otros dos colapsos monumentales».
66 eventos detectaron los instrumentos en la forma de ondas acústicas. Esos eventos se sincronizarán con las grabaciones de las cámaras que también instalaron, para conocer más cómo se comporta el Grey. Un primer trabajo ya fue publicado en la revista «Nature». «El conjunto de datos adquirido captura una firma acústica única de los procesos de colapso de los glaciares, como los eventos de desprendimiento de hielo, lo que contribuye a una comprensión más profunda de los mecanismos que impulsan el retroceso de los glaciares dentro del lago», dice este trabajo.

Bitácora de la expedición, día 10: «Mientras coordinábamos las últimas acciones, una sensación de alivio comenzó a invadir mi cuerpo. El viento y el frío no dieron tregua, pero logramos completar nuestra misión con precisión y rapidez».

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