Investigadores descubren mecanismo subterráneo que puede aumentar la magnitud de ciertos sismos

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Estudio analizó movimiento telúrico 7,4 que ocurrió en Calama en julio del año pasado

María Constanza Flores, geofísica y coautora del trabajo, dice que es otro tipo de peligro al que al menos no estamos 100% adaptados en Chile.

18 de julio del 2024, 21:50 horas, 26 kilómetros al sureste de San Pedro de Atacama, 145 kilómetros de profundidad, magnitud 7,4.
Investigadores de la Academia de Ciencias de China y de las universidades de Chile, Católica de Chile y de Texas se fijaron primero en las consecuencias de este sismo: apagones en San Pedro de Atacama y en Calama, cortes en las rutas por deslizamientos de tierra, grietas en paredes y en suelos de algunas minas y daños en el Puente Viejo de Quillagua.
En un trabajo que publicaron en la revista «Nature Communications», explican que los megaterremotos están asociados a la fricción que produce la Plaza de Nazca metiéndose debajo de la Placa Continental. Sin embargo, explican, otros sismos podrían provocar gran destrucción. «Los terremotos de profundidad intermedia (70 a 300 kilómetros) dentro de la placa también pueden tener impactos catastróficos», dice el estudio. Explica que la dinámica de estos sismos sigue «siendo enigmática» y que este trabajo permitió descifrarla, aunque sea un poco.
 
Un mecanismo
 
«Investigadores descubren un mecanismo que puede aumentar la magnitud de ciertos terremotos», dice el título de un artículo publicado por la Escuela Jackson de Geociencias de la Universidad de Texas en Austin. «Los megaterremotos ocurren relativamente a baja profundidad. Pero el de Calama ocurrió mucho más profundo», detalla. El artículo cuenta que en este sismo los investigadores establecieron una «secuencia de eventos» que «supercargó» su fuerza.
Zhe Jia, profesor del Instituto de Geofísica de la Universidad de Texas en Austin y líder de los autores del estudio, dice que «estos eventos chilenos están provocando más sacudidas de las que normalmente se esperan de los terremotos de profundidad intermedia y pueden ser bastante destructivas».
María Constanza Flores, geofísica y miembro del equipo que hizo este estudio, explica que cuando uno se acerca al interior de la Tierra, la temperatura, cada vez más alta, afecta el comportamiento de las rocas. «Imagínate un Mantecol. Es frágil y se rompe. Pero si uno calienta el Mantecol, en vez de romperse se doblaría. Eso pasa con los terremotos de altas profundidades. A más profundidad, no se entiende que se rompan las rocas de manera violenta. Deberían tener un comportamiento más dúctil», explica. Pero no es siempre así.
«En la sismología existe como un límite de profundidad donde el comportamiento de la roca es frágil, como cuando se rompe el Mantecol fácilmente, versus donde puede ser dúctil. En el terremoto de Calama vimos que se pasó este límite», dice.
El artículo de la Escuela Jackson dice que «durante mucho tiempo se pensó que los terremotos de profundidad intermedia, como el de Calama, ocurrían debido al aumento de presión a medida que la roca se secaba». Ese fenómeno se llama «fragilización por deshidratación». El aumento de calor evapora los fluidos que le dan elasticidad.
 «Las rocas deshidratadas son débiles y están fracturadas, lo que puede llevar a una ruptura, desatando un sismo en la placa», agrega este texto.
Más allá del límite
La ciencia pensaba hasta el momento que la deshidratación se detenía cuando las temperaturas excedían los 650 grados Celsius. «Pero, de acuerdo con los resultados de los investigadores, el sismo de Calama fue tan poderoso porque sobrepasó este límite, yendo 50 kilómetros más profundo, hacia zonas más calientes», agrega.
La explicación es un segundo mecanismo, llamado «fuga térmica», que funciona de la siguiente manera: una inmensa fricción al principio del deslizamiento, en el inicio del sismo, genera una gran cantidad de calor en la punta de la ruptura, lo que ayuda a debilitar el material a su alrededor y terminar por extenderla.

«Uno no tiene un terremoto 7,4 todos los días. Para seguir estudiándolo, tenemos que esperar a que tiemble más. Ése es el problema de la sismología. Pero seguir estudiando este tipo de terremotos igual es súper relevante, porque es otro tipo de peligro al que al menos no estamos 100% adaptados en Chile», afirma María Constanza Flores.

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