Invitados paleteados organizaron fiesta de matrimonio porque la banquetera falló a última hora

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La novia, Carolina Madrid, dice que, pese a todo, lo pasaron increíble

Compraron 50 pizzas, contrataron un carrito de hamburguesas y churrascos, y fueron al supermercado para ponerse con los tragos y las tortas.

Carolina Madrid, de 31 años, y Renzo Solari, de 30, tuvieron la fiesta de su matrimonio el sábado, en Quintero, Valparaíso. Fue inolvidable, dicen, pero no por la fascinante organización del evento, sino por la improvisada celebración que tuvieron que gestionar en cuatro horas debido a que la banquetera que contrataron simplemente decidió desaparecer y no armarles absolutamente nada del matrimonio que habían planificado con meses de antelación.
Cerca de las 12:00 de ese día, familiares de los novios fueron a dejar algunas cosas al centro de eventos. «Estaba María, que es como la coordinadora del salón de eventos, y le dice a mis familiares que había algo raro, porque no había llegado nadie del equipo de Probarte a montar nada. O sea, a esa hora deberían haber estado montadas la mesas y con gente circulando, pero no había llegado nadie», cuenta Carolina.
Como a las tres de la tarde, el sol comenzaba a inclinarse sobre el centro de eventos Chapanay de Quintero y asegura que no había comida, ni música, ni sillas. Cuenta que a la banquetera le pagaron $13,5 millones y a esa hora la decisión estaba tomada: se casarían igual, con la ayuda de sus 200 invitados.
«Imagínate lo que es organizar un matrimonio en un par de horas. No teníamos comida ni mesas, nada, solo el centro de eventos, que estaba vacío, y unos ramos de flores. Los invitados estaban citados a las 19.30 horas, entonces pensamos que lo más rápido era comprar unas pizzas porque así no necesitas plato y se puede agarrar con una servilleta (porque, por supuesto, no había platos ni cubiertos). Calculamos que necesitaríamos 50 pizzas. Llamamos a un local, pero era tan absurdo que alguien hiciera un pedido de 50 pizzas que no nos creyeron, pensaron que era broma. Finalmente accedieron, pero con pago adelantado. Yo tenía un menú que era un salmón en costra de pistacho con, no sé, unos papines asados y un puré de arvejas. Era algo muy rimbombante comparado con las pizzas», relata Carolina.
Pero el sábado, los novios no solo tenían la fiesta. También tenían planificado su matrimonio por la iglesia, que sería a las 17.30 horas, por lo que decidieron pedirle ayuda al productor audiovisual del centro de eventos Chapana, a la maquilladora de Carolina y a sus familiares, quienes amablemente ayudaron a coordinar la comida que faltaba.
La maquilladora
«Lograron encontrar dos carritos, uno de hamburguesas y otro de churrascos. No fue fácil. Nosotros somos de Santiago, así que no teníamos ningún contacto en Valparaíso. Bueno, solucionamos el tema de la comida, pero faltaba copete, bebidas, agua y hielo. No teníamos nada. Por suerte varios familiares y amigos se organizaron para ir a comprar al supermercado», relata Carolina. También compraron tortas en una pastelería, las que tuviera disponible.
Como el matrimonio por la iglesia, que fue en el Santuario Los Pinos de Schoenstatt, era a las 17.30 horas, los familiares de los novios no alcanzaban a ordenar el salón de eventos, Carolina y Renzo tuvieron que volver a pedir la ayuda del productor y a la maquilladora. Además, contrataron a seis garzones sobre la marcha. Pero lo que no esperaban, dice la novia, era que sin aviso llegarían 20 meseros extra que fueron despedidos por la banquetera y que no aguantaron el remordimiento de dejar a los novios plantados. «Llegaron personas de Probarte a ayudarnos, pero era gente que estaba desvinculada y que lo hicieron por lealtad al centro de eventos y al matrimonio, porque tenían esa calidad humana que no tuvo la banquetera que nos dejó botados en el día más importante de nuestra vida», recuerda.
Al finalizar la ceremonia religiosa, cuenta Carolina, los 200 invitados ya sabían lo que había ocurrido con el matrimonio. Y no les importó. De hecho, dice, estaban felices de acompañarlos ese día y ofrecieron colaborar en todo lo que pudieran. Como a las 18.30 horas, agrega, finalizó el matrimonio por la iglesia, por lo que los invitados tenían una hora, más o menos, para bajar al centro de eventos. Pero no estaba todo solucionado, faltaba lo esencial, a menos que los comensales tuvieran la voluntad de sentarse en el piso.
«Teníamos la comida, el copete, el hielo, las bebidas, las tortas, que le habían comprado en una pastelería, todo; menos el mobiliario, que no había llegado. Los invitados estaban ingresando al centro de eventos y no había sillas ni mesas. Por suerte el camión llegó justo a tiempo, mis primos ayudaron a descargar las cosas y en un rato ya tenían todo montado. Con Renzo llegamos y estaba todo listo. Sí, tuvimos que improvisar, pero lo pasamos increíble», celebra Carolina.
Además de las $13,5 millones que el matrimonio le depositó a la banquetera, asegura Carolina, esa noche -entre lo recaudado por los amigos, familiares y los mismos novios- desembolsaron otros $11 millones.
«Ese día me enteré que había más matrimonios que no pudieron realizarse porque falló la misma banquetera. Lo único que pido es que me devuelvan el dinero, lo que deposité y gasté. Ese día, como a las tres de la tarde, cuando me di cuenta de que era real, de lo que estaba pasando y que mi matrimonio no sería como imaginaba, me puse a llorar.
No podía entender cómo la gente es tan inhumana, que jugara con nuestros sueños y sentimientos», finaliza.

La banquetera mencionó que el tema lo está tratando con sus abogados.

«No teníamos comida ni mesas, nada, solo el centro de eventos que estaba vacío y unos ramos de flores»Carolina Madrid

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