Zamorano conoció al minero en Cobresal
Mi papá está vivo y todos los demás también. Nunca perdimos la fe, gritaba eufórica Carolina, quien llamó por teléfono a Bam Bam.
Iván Zamorano almorzaba al ritmo de un domingo familiar, con su mujer María Alberó y sus tres hijos, su madre Alicia, y una prima a quien agasajaban por su cumpleaños. Hasta que un llamado lo interrumpió y lo hizo llorar.
Se trataba de Cristián Torres, el alcalde de Vallenar que resultó ser su amigo desde los tiempos en que ambos defendían los colores de Cobresal. «¡Iván, están todos vivos!», gritó el hombre, hoy convertido en político, a quien Bam Bam, de cariño, le decía «patadura, pero buena persona», porque mientras él se cansaba de hacer goles, su amigo metía la pierna fuerte como zaguero central.
Zamorano saltó de la silla, encendió la televisión y ahí mismo volvió a sonar el celular. «Era la Carolita, estaba tan emocionada y me decía que su papá estaba vivo, ¡que Franklin estaba vivo!», recuerda Iván sobre Carolina, una de las hijas de Franklin Lobos, el lanzador de tiros libres por excelencia en ese Cobresal que compartieron en 1988.
A ambos les faltó poco para abrazarse por la línea telefónica. Radio Cooperativa, incluso, los sacó a ambos al aire, apenas manteniendo la voz en pie. «Estoy llorando de felicidad, porque mi papá está vivo y todos los demás están bien. Tengo el corazón en la boca y la guata apretada: nunca perdimos la fe», decía la muchacha desde el campamento San José, mientras se oía un alboroto humano al su alrededor.
-Iván. ¿Qué te emociona más?
-Más allá de tener a Franklin atrapado, un ex compañero y una persona maravillosa, siento que todo Chile se involucró. Antes de dormir rezábamos para que salieran bien. Y pasó. Es un logro de todos los mineros. Mi abuelo fue minero, fue regidor de todos los mineros que trabajaban en las minas al interior de El Melón (Quinta Región). Sé lo que es estar abajo en una mina, sé lo que se sufre, además de que jugué tanto tiempo en Cobresal y lo vi de cerca.
-¿Quién fue tu abuelo?
-José Zamora, papá de mi mamá. Murió de silicosis, la enfermedad de los mineros, con polvo en los pulmones. Fue en julio del 73 y yo tenía como seis años. Mi madre me dice que nos parecemos mucho. Él era un líder de los trabajadores que veía la parte social de ellos. Mi abuela sufría cada vez que entraba a la mina. Por lo mismo, ojalá se pueda fiscalizar más la seguridad y no solamente la de los mineros, sino que también de pescadores, agricultores, de los trabajadores.


