La actriz, su marido Diego Rougier y sus dos hijos andan en Asia
Acá lo único que se usa pes vestirse de rojo, así que nos pusimos algo rojo en vez del calzón amarillo y nos abrazarnos, contó desde el otro lado del planeta.
Cuando en Chile recién eran las dos de la tarde y muchos improvisaban un almuerzo rápido para después dormir siesta o ponerse a preparar la cena y el cocktail esperando el Año Nuevo, al otro lado del planeta, en un barco navegando desde Brunei a Vietnam, Javiera Contador y toda su familia recibía el 2025 en medio de un largo viaje por Asia, que los llevó a vivir las fiestas de fin de año lejísimos de casa.
En 2008, la actriz hizo un recorrido en solitario por el sudeste asiático pero desde ahí quedó con ganas de repetirlo con más gente y en este fin del 2024 e inicios del 2025 resultó. «Diego (Rougier, su pareja) llegó a una página que se llama Vacations to Go (https://acortar.link/93XvjV), donde hay promociones de barcos y rebajas hasta del 90 por ciento y agarramos una. Dijimos listo, una oportunidad única, nos vamos y ahí empezamos a armar el viaje. Después la Mila, mi hija, a ella le gusta mucho el k-pop entonces empezó por favor quiero conocer Corea, y se empezaron a anexar lugares y se transformó en un viaje muy largo y muy extenso y en eso estamos», cuenta desde Asia, Javiera.
¿Qué países van a visitar y cuántos días van a estar por allá?
«Vamos a visitar hartos países, la verdad. Fuimos a Italia, que los niños no conocían. Después Taiwán, Filipinas, Malasia, Brunei, Vietnam, Singapur, Camboya, Laos, Tailandia, Corea del Sur Japón, Hong Kong y Finlandia, porque es la forma que encontramos de volver (vía Helsinki). 40 días en total. Una locura».
Hicieron una parada en Roma.
«Sí, porque son dos viajes muy largos: uno de 12 horas y luego otro de 13 horas, desde Roma a China, para llegar a Taiwán. Preferimos parar un poquito y que los niños (Mila y Theo) se adaptaran, y después seguir, bueno nosotros también, sino es muy matador hacer el viaje completo, son como dos días enteros viajando».
¿Cómo lo han pasado en los primeros días?
«Después de Roma estuvimos en Taiwán, que a los niños les gustó porque es todo bien kawaii, así todo como medio infantil, toda la gráfica y lo que a ellos les llega por los animes. Harto ramen, dumplings, mochis, todas esas cosas. Después en Filipinas ya fue distinto, Filipinas tiene unas playas preciosas, pero tiene mucha pobreza. Fuimos a unas playitas chiquititas donde no había nada que comer ni nada, pero el mar es calientito, entonces es exquisito».
¿Y los niños?
«Creo que la gracia de viajar con los niños es que ellos conozcan otras culturas, que hay gente que vive distinto, que hay gente que piensa distinto, que tiene otras religiones. Fuimos a una mezquita bien grande, donde para poder entrar, te pasan ropa ellos, tú, como turista, tenías que vestirte a la usanza de ellos y eso me parece que también es importante en los viajes, que conozcan diversas culturas, pensamientos».
¿Lo han pasado bien ellos?
«Sí, hay días que se han aburrido porque, por ejemplo, en Manila fuimos a unos fuertes y hacía calor, había mosquitos. Y claro, son lugares más bien históricos. De repente se cansan, porque son muchas horas caminando, pero se han ido adaptando. Pero viajar es eso, no todo es entretención para niños, también es que conozcan, lo que te decía».
Qué ha sido lo más complejo?
«Al principio, el cambio de horario, porque nos despertábamos todos a las 3 de la mañana. Todos desvelados entre las 3 y las 6. Después, la alimentación, porque (comen) mucho bichito, en vez de papitas fritas, en Filipinas comen una especie de pejerrey, que los tienen en unas bolsas y que se los comen así como salados, como un charqui pescado, y luego el tema de la humedad, el calor con humedad, pero todo es parte de la aventura, cuesta al principio, sobre todo para los niños, pero la verdad es que han estado súper aperrados».
¿Alguna otra cosa no tan agradable?
«La falta de comunicación en algunos lugares. Hemos estado como tres veces sin nada de internet y sin posibilidad de cambiar plata, porque no hay cajeros. No podemos saber dónde vamos, porque no tenemos el mapa del teléfono, como estamos tan acostumbrados. Igual nos hemos arreglado con mapas a la antigua, un señor nos hizo un dibujito, por ejemplo, y lo hemos logrado, hemos zafado. Aparte, cuando partimos en Taiwán, no llegaron las maletas, así que fuimos a un mercado y nos compramos calzones y calzoncillos para el día siguiente. Ah, y a mi hijo se le quedó el iPad en el avión y no me dejaron volver. Eso fue un drama».
Muchos sufren con las comidas en Asia.
«No ha sido tan terrible. Lo que hacemos es que tomamos un buen desayuno en el barco, que hay cosas occidentales, hacemos unos sanguchitos, unos huevitos, y de ahí nos tiramos todo el día, pero, en general, hay harto jugo, porque son lugares con ricas frutas, y después generalmente llegamos a lugares donde están acostumbrados a tener turistas y de repente hay un pescado frito o unas papitas fritas y harto arroz».
¿Cómo pasaron la Navidad?
«La pasamos en Filipinas. Lo que hicimos fue viajar sin regalos. Durante el viaje, los niños pueden elegir dos regalos cada uno. Ya han ido eligiendo y eso ha estado bonito. Trajimos un mini arbolito chiquitito y comimos rico y relajado, no hubo mucha ansiedad por la Navidad».
¿Y el Año Nuevo cómo estuvo?
«Con mucha gente de muchos países. Acá lo único que se usa para el Año Nuevo es vestirse de rojo, así que nos pusimos algo rojo en vez del calzón amarillo y nos abrazamos, fue bonito porque una de las cosas que yo pido en el Año Nuevo es poder viajar y si uno está viajando, creo que es una buena señal. Y que la familia esté bien y salud. Decidimos hacerlo de una manera distinta y ha sido bonito, ha sido un Año Nuevo distinto».


