La periodista cuenta cómo es vivir en Rusia, a mil kilómetros de la guerra con Ucrania
Pese al conflicto que ya lleva casi cuatro años, la reportera que cubre los amistosos de la Roja en Sochi dice que es un agrado caminar por Moscú, a cualquier hora del día o la noche, nunca nadie te roba y acá no pasa nada.
Aparte de la ANFP, que recaudó cerca de US$800.000 por el par de amistosos jugados en Rusia, la más contenta con la visita de la Roja a Sochi fue Javiera Naranjo. Es que la periodista no sólo cubrió para CHV los vericuetos de la Selección en la urbe que albergó los Juegos Olímpicos de 1980. También tuvo la excusa perfecta para huir del frigorífico de Moscú y pasar unos días primaverales en la costa del Mar Negro. «Acá me encontré con unos 20°, todo exquisito. Nada que ver con los tres grados bajo cero que había en mi casa antes de venir y a los -30 que habrá en pleno invierno», cuenta la periodista que en agosto pasado dejó todo atrás para seguir a Marko Biskupovic, su marido, quien asumió como subdirector deportivo del Spartak, el equipo más grande de la tierra de los zares.
Desde hace cuatro meses la ex rostro del extinto CDF se instaló en la capital rusa. Y, según sus palabras, hasta ahora la experiencia ha resultado fantástica, más allá de que el país va a cumplir cuatro años en guerra con Ucrania. «Ha sido increíble, la gente es muy cálida, nada que ver con el estereotipo de los tipos fríos. Es un agrado caminar por Moscú a cualquier hora del día o la noche, nunca nadie te roba, las mujeres se pueden vestir como quieran y no pasa nada», agrega maravillada por una sociedad que la sorprendió para bien.
¿Y con la guerra no pasa nada?
«No te voy a mentir que uno se viene con mucho miedo por todo el contexto político, pero este país es tan grande y en realidad los focos de guerra están en la frontera».
Pero en Moscú estás a sólo 1.000 kilómetros de la frontera con Ucrania…
«Sí, pero en Moscú no se ve mucho y nadie te habla de guerra. Ahora, sí en la noche me ha tocado oír cómo explotan los drones, que son ucranianos, y la fuerza aérea rusa los derriba en el aire. Al principio da miedo, te despierta el ruido de la explosión, pero te acostumbras».
¿Y en la vida diaria?
«Es cierto que tenemos la guerra aquí, pero yo no la veo. Y en Moscú se vive todo con normalidad. Hay de todo, los supermercados son enormes, las tiendas son enormes. Y lo que me llama la atención es que están todas las tiendas, como Starbucks, Zara, McDonalds, pero ellos les cambian el nombre y están en ruso. Ponte tú, el KFC también tiene otro nombre, pero con el mismo logo. Es re loco».
¿Le explicaron qué hacer en caso de un ataque?
«La verdad es que no. Yo llegué hace casi cuatro meses y han pasado cosas, no sé, algún bombardeo especial o alguna reunión del presidente ruso, y ahí por ejemplo WhatsApp no funciona tan bien o los VPN no agarran. Pero nada del otro mundo. Sí la gente me ha dicho que en caso de ataque hay que ir a las estaciones de Metro, que son muy profundas».
¿En Sochi es lo mismo?
«Esta ciudad está más complicada, porque tuvieron un par de ataques en octubre que fueron bien fuertes a una petrolera de por acá. Entonces por motivos de seguridad a las ocho de la noche nos cortan el Internet del celular a todos. Hay como un apagón de señal, según entiendo para evitar la geolocalización. Además, acá los edificios son más nuevos y todos tienen búnker. En Moscú, donde yo vivo, hay unas especies de sótanos».
¿Y cómo le ha ido a Marko, su esposo, en el Spartak?
«Bien, está acostumbrándose al fútbol ruso y a las distancias, porque este país es gigante. También está entendiendo cómo funciona el mercado, porque hay algunas ligas que tienen bloqueados los negocios con Rusia y entonces ya no vienen las figuras de antaño, pero eso no quita que ha sido una experiencia increíble».
¿Pero los estadios se llenan? ¿Hay fervor?
«Sí, todo lleno, porque aunque no vengan cracks de mayor nombre, igual el torneo local es potente y, sobre todo, pagan muy bien. En el Spartak está Pablo Solari y es figura».
¿Y cómo vio la interna de la Roja en estos días en Rusia?
«Muy acogedora, la verdad. Hace rato no me tocaba ver una selección tan unida, con buena onda y relajada. En los últimos años había sentido pura tensión alrededor de la Selección y ahora se nota la presencia de un grupo joven, que cambió el ambiente, yo diría casi como de curso de universidad».


