Julio Barroso: «Mi viejo nunca nos traspasó la maldad que sufrió»

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El Almirante cuenta cómo lo marcó su padre homónimo, quien fue preso político en la dictadura argentina

Julio Barroso (40) se enoja y se amurra cuando el equipo de proyección de Everton pierde un partido ante Santiago Wanderers, el clásico rival de los viñamarinos. Tras un resultado como ese, se va a su casa para refugiarse con su familia y se desconecta de todo. Pero de todo.

Es que Barroso vive al máximo el fútbol y por eso dice que logró lo que logró siendo jugador: una carrera con éxitos colectivos y reconocimientos personales (muchos lo apuntan como el mejor zaguero central extranjero que ha jugado en Colo Colo) y, por cierto, ese título mundial sub 20 que ganó en 2005 en Países Bajos vistiendo la camiseta argentina.

«En esa Copa del Mundo jugué como lateral derecho, un puesto que nunca me gustó, pero en el que tuve que jugar nomás. Me adapté porque desde la sub 15 que me venían probando en muchos puestos de la defensa. Incluso hice un gol en el Mundial, pero definitivamente siempre me gustó más ser zaguero central», cuenta Barroso al recordar el momento peak de su carrera.

¿Qué se siente al ser campeón del mundo?

«Ufff, en el momento mismo uno siente alegría, explota de felicidad, celebra. Y cuando pasa el tiempo, uno como que va tomándole el peso al logro, pero como que es imposible traspasar a palabras lo que se siente. De hecho, no le puedo responder a esa pregunta».

Entonces, hábleme de cómo vivió ese momento.

«Lo que más recuerdo fue el llamado telefónico que me hizo mi familia. Eso sí que lo tengo guardado en mi mente porque fue la primera vez -y creo que la única- que escuché a mi papá (Julio) llorar».

Estaba orgulloso, sin duda.

«Claro, porque él era muy de sentir la bandera, el himno argentino. Eso lo emocionaba y verme a mí con la camiseta de la selección y celebrando un título mundial fue demasiado lindo para él. Me acuerdo que ni siquiera pudo terminar de hablarme».

¿Tenía mucha cercanía con su papá?

«Toda mi familia era muy unida. Éramos seis hermanos por parte de padre y madre (Margarita Farías) y, además, teníamos tres hermanos más de un matrimonio anterior de mi papá. Mi viejo, que murió hace un par de años, fue para mí un ejemplo de resiliencia, de carácter, de cómo rehacerte ante sufrimientos. Y eso me marcó para siempre».

¿Cómo le transmitió todo eso?

«Por su actitud y cómo vivió luego de ser un detenido desaparecido. Conocer su historia forjó mi carácter como persona y futbolista».

¿Por qué fue detenido su papá?

«Mi viejo era peronista de esos convencidos. Y al momento del golpe militar que derrocó a Estela Perón (1976), él trabajaba en el Sindicato de la Marina Mercante. Y los militares un día se lo llevaron sin decir adónde. Mi vieja estaba embarazada de mi hermano mayor (Roberto) y ella tuvo que enfrentar ese momento. Mi papá estuvo desaparecido un tiempo. Pero tuvo suerte dentro de todo, porque pudo salir, volver a la casa y continuar con su vida. Otros compañeros suyos no tuvieron esa suerte».

¿Él les contó lo que pasó durante su detención?

«Él directamente a mis hermanos y a mí, no. Mi papá, en verdad, tuvo el valor de no traspasarnos la maldad que sufrió. Con los años, mi mamá fue la que nos reveló algunas cosas que prefiero no contar? son dolorosas».

¿No hubo, entonces, ánimo de venganza por lo vivido?

«Nunca. Con el hecho de que se hizo justicia con la condena a los mayores responsables hubo cierta tranquilidad. Mi viejo, quizás por lo que le tocó vivir, fue súper protector de todos sus hijos, pero eso nos hizo más unidos y con un sentido de familia que yo hoy trato de emular».

¿Fue su viejo el que lo llevó a ser futbolista?

«Él me apoyó, pero fue mi hermano el que me llevó a los nueve años a probarme en Argentinos Juniors y mi mamá la que me llevaba todos los días a entrenar».

¿Por qué fue a Argentinos Juniors?

«Porque era el semillero del mundo. Tenía las mejores divisiones menores de Argentina. Superiores a las de River y Boca. De ahí salieron muchos campeones del mundo, empezando por Diego Maradona. Fui a la mejor escuela posible. Fue lo mejor que me pasó en la vida».

¿Y siempre fue zaguero?

«Cuando fui a probarme, mi hermano me indicó que dijera que yo era 10. Y cuando un entrenador me preguntó cómo jugaba un 10, me quedé callado, no tenía respuesta (ríe). Me pusieron como volante central y luego, como siendo derecho igual jugaba con la zurda, me pusieron de lateral izquierdo. Estuve en ese puesto hasta que me pusieron de zaguero central porque cabeceaba bien. No importaba que yo no fuera tan alto. En ese tiempo, nadie se fijaba en el biotipo como ahora. Así llegué a la selección sub 15 y así también debuté con Argentinos en la B Nacional».

¿De chico se decidió a ser futbolista?

«Siempre me fijé ese objetivo».

¿Tenía un plan b por si no le resultaba?

«No, pero no porque fuera malo para los estudios. En el colegio me iba muy bien y me encantaba todo lo que tuviera que ver con la tecnología. Incluso ahora sigo interesado en eso y puede que haga algún curso. Pero quería ser futbolista. Terminé el colegio como me exigió mi viejo y fui lo que quería ser. ¿Qué más puedo pedir?».

 

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