En la capital hay varias alternativas que están reinventando este modo de entretención
Hay opciones si busca algo en onda soltero, y también si le gusta cantar con una patota de gente alrededor de un piano.
Carolina Rojas no tiene problema en reconocer que es un poco «ñoña». «Me gusta el K-pop, cuando era chica fui otaku». Publicista de profesión, llevaba una década jugueteando con la idea de abrir un karaoke al estilo coreano que, a diferencia del chileno, opera en habitaciones cerradas sin estar expuesto a desconocidos. «Por cosas de la vida me quedé sin pega y fue como: tengo que hacer algo. Me acordé de mi idea, saqué números y pensé que era factible».
Encontrar el lugar indicado no fue fácil. Sabía que tenía que estar en una zona con alto flujo de personas y tiendas relacionadas con la cultura asiática. Recorrió el Eurocentro, los Juegos Diana, el Boulevard Alameda, pero nada la convencía del todo. Hasta que llegó a los Dos Caracoles de Providencia. «Vi el local y fue como: «Es aquí»».
La apuesta de KaraOK (@karaok.cl) es simple: un espacio íntimo para cantar sin miedo al ridículo. Es al estilo asiático con cabinas privadas donde los asistentes pueden cantar sin la presión de estar frente a desconocidos. Cuenta con dos salas temáticas, Box Corea y Box Japón, que se diferencian en la ambientación, con murales de grupos de K-pop y referencias a la cultura japonesa, respectivamente. La música no se limita a un solo género: hay más de 3.000 canciones disponibles, desde K-pop hasta clásicos del pop latino y rock. Las tarifas son por tiempo y varían según el día y la hora, pero parten en $15.000 por media hora.
En Chile la gente asocia el karaoke con estar un poco pasado de copas.
«Sí, totalmente, pero nosotros queremos que sea un espacio más familiar al principio. Más adelante me gustaría tener un restaurante con más box, donde la gente pueda ir a comer ramen, con refill de bebida y alcohol, como en Asia. Por ahora estoy probando, viendo la recepción de la gente, y además es una inversión alta».
¿Hay gente que va sola a cantar?
«Sí, nos ha pasado. Nosotros apuntamos a un grupo un poco más introvertido, que disfruta estar solo. Antes había más presión de hacer cosas en grupo, pero ahora la gente disfruta su independencia».
Otras opciones
En el último piso del restaurante Don Carlos, en Isidora Goyenechea, se esconde Don Clan con un concepto de piano bar. No es un karaoke ni un bar con música de fondo: aquí, la gente se reúne alrededor de un piano, canta en grupo y se dejan llevar por el momento. «Nos inspiramos en Toni2, un bar en Madrid que tiene este mismo formato», cuenta Matías Molina, encargado del lugar. «La idea es generar un ambiente donde la gente se sienta cómoda, como en casa, donde el piano sea el centro de todo y la música fluya de manera espontánea».
Cada noche hay tres pianistas rotativos: Américo, César y Cristian. Son ellos quienes van marcando el ritmo de la velada. «La gente empieza a llegar de a poquito, se sientan en las mesas, se empieza a generar la atmósfera y, de a poco, comienzan a acercarse al piano para pedir canciones», explica Matías. No hay reglas fijas, pero el formato es claro: el pianista toca y el público canta, formando grupos espontáneos alrededor del instrumento. «Es un lugar donde fácilmente te puedes hacer amigos».
El boca a boca ha sido clave para llenar el local cada semana. «No tenemos un plan de publicidad o marketing muy grande, solo el Instagram, pero lo que más nos ha ayudado es el boca a boca», dice Matías. «Aquí la gente canta alrededor del piano, no hay pantallas ni pistas pregrabadas. Es música en vivo y la idea es que todos puedan participar sin importar si cantan bien o no», explica.
En Bar Bestia, ubicado en Manuel Montt, el karaoke es mucho más que una actividad de fondo: es el alma del lugar. Lo que comenzó como un evento esporádico los miércoles y sábados, con karaoke de música en vivo, fue evolucionando hasta convertirse en una experiencia que hoy se extiende de martes a sábado desde las cinco de la tarde. «La gente nos fue empujando, nos fue pidiendo más, y ahora el karaoke empieza cuando la gente quiere cantar», cuenta Nicholas Holden, administrador del bar. Para asegurar que la noche sea más que solo una lista de canciones, los primeros participantes reciben un shot de cortesía y, a lo largo de la jornada, hay premios al mejor cantante, a la mejor performance y hasta a la mesa más prendida.
Uno de los eventos más populares es el Martes para Solteros, en el que los invitados son guiados a través de distintas dinámicas. La noche comienza con karaoke solo para hombres, luego solo para mujeres, y más tarde se organizan duetos con parejas que no se conocen. También hay rondas de preguntas, cambios de asiento y otros concursos para fomentar la interacción. Las entradas se venden a través de Instagram y Ecopass, y suelen agotarse en un par de días.
Open Kennedy ha convertido el karaoke en una experiencia fija dentro de su oferta de entretenimiento, con sesiones gratuitas de miércoles a sábado para los clientes de Mercado Kennedy. La jornada comienza a las 20:00 horas en La Sanguchera del Barrio, como una previa, y continúa en el escenario principal desde las 22:00 hasta la medianoche. «Para los más tímidos, la opción de cantar desde sus asientos también está disponible», explica Paola Martínez, asistente de Marketing de Mil Sabores.


