Andraz Echeverría enfrentó desastre natural con su esposa embarazada de siete meses
Con el agua más arriba de la cintura, el deportista decidió subir a su mujer al techo de la casa donde viven en Río Grande do Sul y luego se dedicó a montar guardia en su embarcación. Las autoridades reportaron 40 muertos y 68 desaparecidos.
El celular del kayakista chileno Andraz Echeverría (27) empezó a vibrar a las cuatro de la madrugada del jueves en su casa de Tres Coroas, Río Grande do Sul. Era un vecino, con una muy mala noticia en medio de los intensos temporales que afectaron a Brasil en los últimos días. A esa hora todas las llamadas son de temer.
«Contesté y me dice que el río estaba subiendo, que tuviéramos cuidado. Ahí me levanté y cuando veo el río se había desbordado y venía directo hacia nuestra casa», cuenta Echeverría, quien vive con su esposa Javiera García desde hace tres años en el sur de Brasil. Ella es cantante y tiene siete meses de embarazo.
¿Qué vino después, Andraz?
«En un momento nos asustamos porque el agua subía y subía y no había bomberos, las líneas estaban saturadas, teníamos que salvarnos por nuestra cuenta. Por suerte tenía mis kayaks ahí en la casa, así que me pude subir a uno y ayudé a mi esposa, que está embarazada. Nos quedamos muy cerca del techo, donde afortunadamente el agua no nos llegó, pero estuvimos desde las 4 como hasta las 8 de la mañana esperando que bajara el río, porque estaba gigante la corriente, era súper fuerte y no era recomendable intentar salir».
En medio de la lluvia, a oscuras y con miedo a que el agua acabara con todo a su paso, Echeverría montó guardia en su bote, junto a la casa, listo para la emergencia en caso de tener que evacuar solo a Javiera. El gobierno de Río Grande do Sul actualizó este viernes la cifra de víctimas: 40 muertos y 68 desaparecidos.
«La Javi tiene casi siete meses. Mateo nacerá a finales de julio o comienzos de agosto. Ella venía saliendo de un dengue, ya complicado para un embarazo, pero afortunadamente fue leve. Igual esto le generó un poco de estrés. Imagínate el susto que vivimos, fue una película de terror. De todas formas, intenté mantener la calma porque tenía este tipo de kayak, así que le puse un casco a ella, un chaleco, y le dije que no iba a dejar que le pasara nada a ella ni al Mateo, que está en la guatita, y nos quedamos ahí esperando que bajara el agua».
Debe ser lo más duro que han vivido juntos.
«Sí, yo pensaba que lo más duro había sido venir para acá con nada, literal. Con mi kayak, un par de mochilas, un par de ahorros, que cada vez eran menos. Vivíamos en Chile y decidimos venirnos aquí hace tres años porque teníamos mejores condiciones. Llegamos y teníamos solo un colchón en el piso, nos esforzamos mucho, nos fuimos comprando poco a poco nuestras cositas, desde un tenedor, una cuchara, un vaso. Mucha gente nos ha dicho que son solo cosas materiales, se recuperan, pero detrás hubo un enorme esfuerzo y ahora perderlo todo. Sé que nos vamos a levantar, hay mucha resiliencia, sobre todo porque le queremos dar lo mejor a nuestro hijo. Ya teníamos todo para su llegada y ahora tenemos que ver cómo lo vamos a hacer, dónde va a nacer. Por suerte no se mojó su cunita porque la dejamos arriba de una mesa, pero de todas formas hay mucho que replantearse. Y sí, es lo más difícil que nos ha tocado, pero igual somos fuertes, ya nos probamos y sobrevivimos juntos. Aunque aún estamos en estado de shock».
¿El agua causó mucho daño en su casa?
«Perdimos todos los muebles. Mi auto también se sumergió, probablemente es pérdida total. Hubo muchas cosas que no alcanzamos a subirlas a cierta altura porque nunca imaginamos que iba a llegar tan alto el agua. Estaba más arriba de la cintura, como un metro y poco más».
¿Dónde se están quedando ahora?
«Afortunadamente nuestro amigo y productor manager de la Javi, quien es cantante, nos ofreció un departamento, y fue el primero en ayudarnos a sacar algunas cosas en cuanto bajó el nivel del río».
El nombre de Andraz Echeverría está inspirado en el kayakista esloveno Andraz Vehovar, plata en los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996, un viejo conocido que durante el invierno europeo llegaba a entrenar a Los Andes, donde la familia de Echeverría tenía un hospedaje. La suya es una historia de botes y ahora, pese a todo, piensa en seguir adelante, como sea. Sacó un cuarto lugar en Santiago 2023. «Viene una Copa del Mundo, que es la última chance para clasificar a París 2024. Estábamos entrenando fuerte. Quiero seguir compitiendo, pero esta semana tenemos que ver todas las cosas de la casa, limpiar, ver qué se puede salvar, qué se va a botar, dónde vamos a seguir viviendo, qué vamos a hacer», agrega.


