Keko Yunge explica por qué vive en Tailandia: «Acá nadie pelea ni roba»

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Hace dos años, el cantante nacional se instaló en Pukhet, turística isla del país asiático

Autopercibido como ciudadano del mundo, el chileno Keko Yunge (61) asegura haber recorrido más de 25 países en el último lustro. Su pasaporte no miente y registra visitas a Japón, Filipinas, Malasia, Singapur, Indonesia, Vietnam y Laos, ninguno de esos sitios, según él, comparable al que eligió como su hogar actual. «Estoy viviendo hace dos años en Tailandia, específicamente en el pueblo de Rawai, al sur de la isla de Pukhet, aquí estoy feliz», informa el cantante a 17 mil kilómetros de distancia de su natal Santiago, adentro de un departamento que arrienda a siete cuadras del mar.

¿Por qué se fue a vivir allá?

«Mira, primero es un país muy seguro, muy tranquilo, te diría que la templanza de vida que tiene el tailandés es muy agradable. A pesar de que se desarrolla rápido, mantiene su cultura. Además siempre me he sentido muy atraído al budismo, que es la filosofía de vida que acá impera. La comida es también espectacular y el clima donde vivo yo es maravilloso durante todo el año».

Párrafo de contexto territorial al instante: ubicado en el sudeste asiático, sobre la parte central de la península de Indochina, el Reino de Tailandia posee poco más de 71 millones de habitantes y una extensión territorial de 513.120 kilómetros cuadrados (243.506 km. cuadrados menos que Chile). Su forma de gobierno es una monarquía constitucional, su capital es Bangkok, su idioma el tailandés y su principal religión es el budismo, que según datos, lo practica el 95% de la población. Es además la cuna del pad thai, (delicioso plato salteado a base de fideos de arroz, huevos, especias, brotes, camarones, pollo y maní), y del muay thai, deporte nacional también llamado boxeo tailandés, disciplina que utiliza codos, rodillas, pies y puños para aplacar al adversario. Sí, a todo eso está expuesto Keko por allá.

«Además, como hay tanto turismo acá, el internet es muy bueno, esa es una ventaja para mí, porque yo teletrabajo para distintos lugares del mundo», retoma la voz de la noventera «Estoy pensando en ti», quien además es productor y compositor musical. «Hay otro hecho que a mí me sorprende. Acá nadie se roba nada. Yo, que me muevo mucho en bicicleta, puedo dejarla tirada en la playa por horas, con el casco colgando, con mis sandalias y nadie te la saca. Todo el mundo anda en motoneta y deja los cascos en cualquier parte, en las tiendas, en el mall y nadie se las roba. Eso me impactó».

Acá es un poco diferente, Keko.

«Claro que sí, entonces, cuando yo vi todo esto me di cuenta de lo agradable que es la calidad de vida acá. El día a día es muy amable. Nadie se hace problema por nada. Te juro que en dos años que estoy acá, nunca he visto a alguien discutiendo o peleando. Nunca. Ni en Bangkok, que es tremenda ciudad (N. de la R.: su área metropolitana supera los 14 millones de habitantes)».

¿Ni siquiera unos gritos callejeros?

«Nada. Y yo he recorrido harto Tailandia. Ni siquiera en el auto, en la fila, en ningún lado. Creo que en general, en Occidente, hemos ido perdiendo eso de valorar la calidad de vida».

¿A qué explica esa diferencia?

«Primero, creo, tiene que ver con la educación. El budismo es una religión, que entrega una filosofía de vida muy pacífica, muy templada. Es muy de aceptar, de escuchar, de respetar a la otra persona, que es igual que tú. Nosotros en Chile, en Occidente, tenemos una tendencia a la discusión, a la confrontación, a la imposición, a querer ser más que el otro. Acá no es así».

Polola local e idioma

Además de sus ocupaciones con empresas como Audiomúsica (ver recuadro), Keko indica que pasa sus días en Tailandia disfrutando de su pasión por el ciclismo («cuando salgo hago 50 km.»), de las idas a la playa («vivo a siete cuadras de ella») y de una gastronomía que le fascina («es de muy buena calidad»). También ha hecho otras cosas.

«Me veo con muy poca gente acá, porque tengo hartas cosas que hacer, pero tengo una pareja tailandesa desde hace como cinco meses después de que llegué a este país, como hace un año y medio», establece él, sin dar nombres ni tantos datos sobre ella, salvo que es dueña de un spa en Pukhet.

¿Cómo se comunican?

«En inglés, acá se habla bastante inglés, aunque hay personas que no lo manejan tanto, como en todos lados. Igual he ido aprendiendo algunas palabras en tailandés. Todavía no me he aventurado a aprender el alfabeto tailandés, que es un mundo de diferencia, pero sí palabras y frases».

¿Le enseña su polola?

«Sí, pero no me enseña mucho, a ella le gusta que hablemos en inglés, porque lo practica también. Estar con alguien del país es una experiencia súper inductiva, porque ahí realmente estás viviendo el lugar. Ya no andas de turista. Gracias a ella se facilitan hartas cosas, porque ella traduce. Pero en general, el tailandés es tan amable y buena onda que uno se siente muy cómodo, acogido y respetado siempre. Son muy agradables».

Artista vuelve para enseñar

Después de casi un año sin venir a Chile, Keko Yunge visitará el país durante el verano por asuntos laborales. Dirigirá desde febrero The Singers Program by Modern Vocal Training, cátedra dictada por Audiomúsica, cuyo programa mezcla los métodos tradicionales y más nuevos de educación vocal y artística integral (https://acortar.link/ZN821T). «Hoy la ciencia ha descubierto que nosotros, los que cantamos, lo hacemos gracias a un trabajo muscular que genera que la voz logre ciertos sonidos», explica Yunge, quien descree de las viejas teorías que apelaban «a trabajar mucho la respiración y apoyarse del diafragma». «El 2024 cumplo 40 años en la música y me gustaría ayudar a jóvenes a sacar su potencial», asegura él, quien agrega que entre sus consejos hay dos prácticos: uno debe cantar como habla y no hay necesidad de forzar la voz. «Sinceramente, creo que esto puede ayudar a hartos artistas a cuidar su garganta», expresa.

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