Arquitecto cuenta que, inusualmente, los propietarios no querían su vivienda pegada al agua
Según el diseñador, el volumen tenía que ser tremendamente alto para generar la vista sin mover los arrayanes. Lo más difícil fue idear la calefacción del espacio.
‘Esta casa partió con varios encargos especiales. El terreno está en el borde del lago Ranco, en la región de Los Ríos, pero la pareja que la encargó no la quería muy cerca del agua para cuidar un bosquecito de arrayanes que había ahí', cuenta el arquitecto Iván Bravo, líder de la oficina que lleva su nombre.
Así dio vida a Casa Humo, un espacio de madera de 183 metros cuadrados, emplazado a 60 metros de la orilla del lago (ver galería https://goo.su/kv1OSwX).
‘Me pareció maravilloso el requisito, atípico. Hay ciertos lugares comunes entre las personas que tienen un terreno cerca de un lago o del mar, quieren tenerlo encima. Y es muy inteligente también porque por el cambio climático, el agua de los lagos a veces sube y eso puede ser complicado', menciona. ‘Es muy útil respetar la distancia, pero ellos igual querían tener vista al lago, que fuera una casa de un solo piso y fácil de calefaccionar'.
¿Cómo lo hizo para conjugar todos esos elementos?
‘Cuando empecé a desarrollar el proyecto, me di cuenta de que tenía que ser un volumen tremendamente alto para generar la vista y que la chimenea tenía que estar en el centro para irradiar temperatura hacia todos lados por igual. Eso fue lo más complejo. Cuando les presenté la propuesta, llegué con un volumen cúbico que prácticamente tenía cuatro pisos (eran tres pisos más un altillo) y me dijeron que me había vuelto loco, que ellos querían una casa de un piso'.
¿Y qué dijo usted?
‘Les expliqué la idea, que todo estaba pensado para integrarse al lugar y lograr la vista. La altura tenía su razón de ser. Y les gustó la idea'.
Ideó un cubo de 10,5 metros por lado. Las dos caras que dan al suroriente están divididas por una diagonal de 45 grados. Las dos fachadas más grandes se abren hacia la vista del lago, mientras que las más pequeñas, prácticamente sin ventanas, dan hacia el bosque interior para proteger la entrada de la vivienda.
‘El diseño juega con esta dualidad de llenos y vacíos, fue una forma de representar la idea original, la situación dual de esta pareja tan particular. Pero también es porque me gusta la idea de que algo accidenta un poco la arquitectura, que se produce alguna situación atípica que la hace especial', explica.
En el centro de la vivienda hay una cocina a leña que sirve para calefaccionar todo el espacio, aunque se incorporó también calefacción central.
La casa está revestida en listones de madera teñidos en gris.
‘Se llama Humo porque está en Futrono, que en mapudungun significa lugar de humo, pero también porque cada vez que iba al lugar pasaba una situación climática muy linda. Quizás en verano no pasa tanto, pero en las mañanas tiene una neblina muy pegada al suelo. No sé si es evaporación o alguna condición de presión atmosférica. Entonces, para mí la casa siempre fue gris y así quedó integrada al paisaje', comenta.
Este inmueble es la segunda vivienda de una pareja que nunca ha convivido, pero quería tener su casa de vacaciones en común. Bravo cuenta que en el primer piso están las áreas comunes: comedor, cocina, living y pieza de invitados. En el segundo nivel está el espacio de la pareja donde ya hay vista al lago; y en el tercer piso, la habitación de la hija y otra para invitados.
La pareja decidió tener una habitación grande para cada uno con un baño en común.
‘Es un requerimiento que se ha vuelto habitual. Al parecer, las parejas se han dado cuenta de que estar tan pegoteados puede ser medio, no sé, empalagoso', afirma.
La construcción costó 40 UF el metro cuadrado.


