Enviamos desde aquí nuestras tardías pero sinceras felicitaciones a Carlos Larraín, timonel de RN, por el coraje con que, públicamente, y con orgullo, ha reconocido ante los medios masivos su condición de heterosexual declarado. Un gran paso que, por el bien de nuestra sociedad, debiera ser imitado por muchos que mantienen en secreto esta tendencia, la viven en el secreto de sus alcobas o la practican en tugurios de los cuales luego salen corroídos por la más negra de las culpas. Tiene agallas el hetero Larraín para, de una vez por todas, contarnos a los chilenos quién es respecto a sus preferencias sexuales.
«Yo soy un heterosexual convencido y práctico», dijo el líder político, a propósito de una ordenanza que prohibía las minifaldas en algún enclave talibán del norte del país. Es fuerte escuchar de su boca esta descarnada declaración, pero también es muy sano saber que Larraín es un heterosexual «convencido». ¿Quién lo ayudó a llegar a esta convicción? ¿Cómo, o en qué circunstancias, fue «convencido» de esa opción tan controvertida en estos babilónicos días? ¿Cómo se convence uno de algo así? Da igual: lo central es que él por fin lo ha hecho de dominio público.
Lo de «práctico», sin embargo, nos resulta algo más críptico. ¿Se refiere a que practica habitualmente su pulsión o a que la enfrenta con pragmatismo gerencial, optimizándola en términos costo-beneficio? No importa: ahora ya sabemos a qué atenernos cuando declare esto o lo otro a la prensa y a la ciudadanía. Larraín es, pese a sus años, y ahora todos lo sabemos de su propia boca, un heterosexual confeso y práctico, lo cual deja muchas cosas en claro respecto a su peculiar personalidad.
Los especialistas Juliet Mitchell y Gayle Rubin, en los años 70, establecieron con meridiana claridad que la masculinidad, así como la femineidad, siempre está asociada a contradicciones internas y rupturas históricas. De modo que nos parece positiva la actitud del valiente líder de no perder oportunidad de reafirmar su heterosexualidad en la circunstancia que sea: «Prefiero la ensalada chilena a la de pencas porque soy heterosexual». O bien: «Como soy heterosexual no me gusta el vino rosé».
Chile avanza y crece con la franqueza y liberalidad de sus líderes. Carlos Larraín es un ejemplo de valentía moral a imitar por muchos heterosexuales hipócritas, solapados, furtivos, que sabemos abundan en nuestra vida pública, pero insisten en ocultar esta singular condición, que en sí misma, no tiene nada de criticable y es plenamente aceptada en toda sociedad, donde reina el orden y la compasión hacia nuestros semejantes. Esperamos que, luego de estas corajudas declaraciones del líder derechista, el matrimonio heterosexual por fin tome cuerpo en Chile y fortalezca sus debilitadas raíces. Gracias, don Carlos, por su sinceridad al dejar bien establecido que usted, en materias eróticas, tiene las cosas perfectamente claritas y no se anda con medias tintas. Repítalo, reafírmelo, sin temor, a propósito de lo que sea.
La heterosexualidad, en sí misma, no tiene nada de criticable y es plenamente aceptada en toda sociedad, donde reina el orden y la compasión hacia nuestros semejantes.


