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Título/Pie de foto: Por su situación legal, Marco solo podía hacer trabajos esporádicos y mal pagados.
Intentaba cruzar hacia Perú: familia dice que no podía pagar las multas que le cobrarían en la frontera
De madrugada, Marco Cabeza se desangró durante horas: tras ser rescatado, le amputaron el pie izquierdo.
Juan Morales
Cuando llegó a su casa en Arica la madrugada del domingo, a Jennifer Suley Candelo le extrañó que no estuviese su pareja, Marco Cabeza Caicedo, de 20 años. Junior, como le llama ella.
Jennifer dice que cuando eso ocurre no puede dejar de pensar lo de siempre: que a Marco lo detuvo la PDI en la calle para pedirle su documentación; que al no tenerla al día la policía se lo llevó a un cuartel y que finalmente le cursaron una multa por su situación irregular. Una más de las tantas que lleva.
Lo explica Nina Consuegra, vocera de la colonia colombiana en Arica: «Es un drama que viven cientos de colombianos residentes durante todos los días del año». Sin embargo, los casos de Jennifer y Marco superan con creces cualquier ámbito de lo comprensible.
A primera hora de la mañana del domingo, a Jennifer la llamó el papá de Marco para contarle la noticia. Le dijo que cerca de las 3 AM a Marco le explotó una mina antipersonal mientras intentaba cruzar hacia Perú por un paso no habilitado entre el hito 12 y 13 de la Línea de la Concordia. El artefacto le había destrozado la pierna izquierda. Estuvo desangrándose durante horas antes de que lograran sacarlo. Al Hospital Juan Noé llegó cerca de las 6 de la mañana y de inmediato fue operado por el traumatólogo de turno. Los médicos dirían que debido a la gravedad de la lesión, debieron amputarle el pie a la altura del tobillo.
Después de colgar el teléfono, Jennifer entró nuevamente en un torbellino de rabia, tristeza y miedo del que ya pensaba había salido. «Pero no, nuestra pesadilla no va a terminar jamás», dice.
Drama perpetuo
En marzo del 2013, agrupaciones de DD.HH. dieron a conocer la historia de Jennifer. La PDI de Arica la mantuvo retenida durante 54 días con la excusa de que esperaban la tramitación de su expulsión del país. Un fallo de la Corte de Apelaciones acogió un recurso de amparo en su favor y la liberó. Jennifer dice que su historia no es tan diferente a la de Marco.
«Marco estaba desesperado, como lo he estado yo tantas veces», dice. «Él llegó a Arica traído por su papá a los 17 años. Cuando cumplió 18, se convirtió automáticamente en un ilegal, porque siendo menor de edad su visa dependía de sus papás. Ahora debía tener documentación propia. Pero para sacarla hay que hacer una serie de trámites que cuestan mucho dinero y nosotros no lo tenemos. Él trabaja haciendo trabajos esporádicos de albañilería que le duran un mes, mes y medio. Pero nadie lo contrata porque no tiene papeles. Y ese es el círculo vicioso del que no puede salir: no lo contratan nunca, por lo tanto gana poco y entonces no puede regularizar sus papeles».
«Lo más absurdo de todo», interviene el papá de Marco, que tiene el mismo nombre de pila de su hijo, «es que tampoco podía salir del país. Para salir por el paso fronterizo legal tiene que pagar las multas que le han pasado por su situación. ¡Pero no tiene ni un peso!».
El papá de Marco agrega que su hijo en el último tiempo echaba mucho de menos a Colombia, especialmente a su madre, que vive en un pueblo ubicado casi en el límite con Ecuador. «Tenía mucha pena porque no pudo pasar la Navidad con ella. Pero lo que lo tenía más estresado era el acoso policial. No podía caminar tranquilo por la calle».
Jennifer dice que nunca le escuchó a su pareja hablar de la posibilidad de «escapar de Chile» («porque es así, él está prisionero en este país»), cruzando un paso ilegal. «Yo misma crucé dos veces la frontera de Perú a Chile por un paso ilegal. Me detuvieron las dos veces. Me dejaban en un pueblo al otro lado y debía caminar por una línea férrea. Me decían que no debía desviarme por el asunto de las minas».
Jennifer recuerda todo eso y comienza a temblar. Ya han pasado varias horas y Marco ha ido saliendo de la anestesia de a poco. Jennifer dice que aún está aturdido por todo lo que pasó. Sin embargo, le ha contado algunas cosas. «Me dijo que caminaba por la línea férrea, pero que se perdió y empezó a dar vueltas. No llevó linterna por miedo a que lo descubrieran. En ese deambular, pisó la mina», dice.


