Su hijo Alejandro, que llegó desde Barcelona, encabezó la celebración
Quizás por el amplio conocimiento de la rutina que desplegó (una réplica de su show itinerante «Los coquitos dicen») daba la impresión que sobre el escenario de la Quinta Vergara Coco Legrand dominaba el universo. El Monstruo lo trató como a un viejo amigo y al instante lo calificó de «ídolo». El trance también traspasó a los hogares del país: su rutina logró un impresionante rating online de 62 puntos promedio entre las 22.27 y las 23. 43 (sumados los rating de Canal 13 y TVN) y un peak de 68. La mesa estaba servida para Legrand, pero su temor era otro.
Sus demonios, su debilidad, el nervio que nunca evidenció, se relacionaban en parte con sus problemas a la cadera. Por eso entró medicado para calmar los dolores, pero fundamentalmente todo tenía que ver con un tema de sangre. En el palco estaba su mamá, el familión en pleno, y su hijo Alejandro. A él le dedicó su arrollador triunfo (se llevó su pack de antorchas y una gaviota).
Legrand no veía hace meses a Alejandro, un ex marino de 32 años, soltero, ingeniero mecánico y que encontró un estupendo trabajo en una consultora en Barcelona. Él lideró las celebraciones del clan de Coco en el Sheraton y durante el trayecto.
«Me sorprendió el respeto del público a mi viejo. Todos saben la rutina, pero igual se ríen. Mi viejo también sabe que todos saben, pero él lo pasa increíble», analizó el joven. En ese instante, su papá chacoteaba con un equipo de «Yingo» liderado por Karol Dance. Y hasta le dijo que votaría para reina del Festival por su polola Faloon.
Se sumaron a la fiesta los otros hijos de Coco: Matías y María José, además de la señora del humorista, Verónica Spencer. Sin embargo fue la mamá de Coco, Raquel Legrand, la que se llevó el premio mayor: atesoró una de las antorchas de su hijo. Luego, en el hotel, se encontró con su amigo Jaime de Casacuberta y recibió un mensaje de texto de su compinche Pilar Sordo. Agotado, expresó el deseo de celebrar con un vino de la viña Torreón de Paredes llamado «Don Amado», en honor a su padre.
Pilar: «La cadera le dolía mucho»
Minutos antes de que Coco subiera al escenario, Pilar Sordo, su sicóloga amiga, la que lo ilumina en sus libretos, le mandó un mensaje de texto al celular. «Entonces él me llamó a minutos de la actuación. Me dijo que estaba nervioso, que hablaríamos después», contó la profesional. «Fue emotivo verlo, sabiendo que estaba súper aquejado de su cadera, y que se mantenía firme, sabiendo que estaba infiltrado con medicamentos. La cadera le dolía mucho. Me quebré con su show. Es impresionante ver al grupo humano dándole cariño y el silencio profundo de la gente», dijo Pilar, quien vio a su amigo en su casa en Santiago, acompañada de sus hijos.
68 puntos de rating fue el peak del humorista.


