Milagro en Dortmund: el mejor gol del mejor jugador en el mejor partido
Un duelo que pintaba para siesta se destapó con ataques de ida y vuelta, tres golazos y tres tiros en los postes.
El partido de Turquía con Georgia no estaba en los planes de nadie, pero resultó ser una versión alegre y desenfrenada de cine en su casa para millones de telespectadores afortunados en todo el mundo. Los valientes que se atrevieron a verlo, claro; el resto se preguntará cómo fue posible el milagro o si se trata de una de esas publicidades engañosas que pasan en la tele de madrugada para vender un producto incomprobable.
Cine turco desde el Westfalenstadion, Dortmund, con peleas que empezaron horas antes en los bares y las calles de la ciudad. Cuando los equipos entraron a la cancha los ánimos estaban por todo lo alto, aunque la batalla se centró casi exclusivamente en la disputa del balón, con ocasiones por lado y lado que pretendía romper los arcos o las manos de los arqueros. A los 25 Mert Müldür anotó un golazo para Turquía: una linda volea desde el borde del área grande.
A los 32 Georgia lo empató con otro golazo: una sutileza de Georges Mikautadze tras un hermoso desborde de Giorgi Kochorashvili con dos adversarios al hombro por la derecha.
Cada vez que uno de los contendores cruzaba la mitad de la cancha el estadio temblaba y en los goles la cámara derechamente se movía, sobre todo cuando por fin se le abrió el ángulo de tiro al mejor jugador de la cancha: un chico que nació hace 18 años en Ankara, debutó por la selección nacional a los 16 y ya anotó seis goles en su primera temporada con Real Madrid en la liga española: un tal Arda Güler que podría levantar otro imperio en nombre de los suyos si le da la gana. A los 65 hizo volar por los aires la resistencia georgiana con el zurdazo que clavó en la escuadra del arco.
Recién es el primer partido, pero Güler ya aspira a poner en jaque a Europa como sus antepasados. El duelo siguió en modo temerario por lado y lado, dejando de lado la estructura para liberar todas las pasiones.
Georgia metió un tiro en el horizontal a los 70 y otro en un vertical a los 90+5, pero en la última jugada, cuando nadie quería hacerse responsable de cerrar la puerta y mandarlos a todos para a casa, Kerem Aktürkoglu encontró una pelota suelta en campo propio y corrió sesenta metros prácticamente solo para empujarla hacia la red mientras su hinchada echaba espuma por la boca: un final furioso y necesario que los que lo vieron no olvidarán fácilmente.


