Montaje digital de María Paz Bezanilla y Andrea Munita en la Galería AFA
Jamás ha existido la cocina que se ve en la imagen que ilustra esta crónica. Por lo menos no de la manera en que la muestra la fotografía. Surgida de la imaginación, las conversaciones y la manufactura de María Paz Bezanilla y Andrea Munita, la colorida y atiborrada habitación es producto de dos meses de trabajo real y otros dos de montaje y postproducción digital.
Lo que está disponible para el público es fruto de la segunda fase. Se trata de una lámina de 1,30 metros por 80 centímetros que las autoras exhibirán desde el próximo jueves en la Galería AFA (Phillips 16, segundo piso).
El punto de partida de la cocina fueron figuras de plasticina que ya pasaron a mejor vida (ver recuadro). Bezanilla y Munita moldearon diferentes elementos, como el horno o los muebles, por ejemplo, y a medida que los iban terminando los fotografiaban para integrar luego los fragmentos con el uso del photoshop.
«Todos los objetos tenían diferentes tamaños. Los cuchillos y cucharas eran más grandes, porque, de ese modo, podíamos hacerlos con detalles. Distinto es el caso del horno, que fue más chiquito», explica Bezanilla. La atmósfera y los componentes de la cocina salieron de historias que las autoras intercambiaban mientras trabajaban la plasticina y que tienen relación con sus experiencias personales en ese lugar de la casa.
«Quisimos reproducir un espacio que fuera común no sólo a nosotras, sino a toda la gente, pero sin individualizar nada», comenta Bezanilla.
Esa es una de las razones por las que en esta habitación no hay presencia humana, aunque se deduce que alguien estuvo ahí recientemente y que probablemente volverá pronto. Las señales son evidentes: del horno sale humo (prueba de que algo se ha cocinado en su interior), hay varias puertas abiertas y otras huellas de que el lugar está en movimiento.
«Muchas cosas están pasando en la cocina, pero como nosotras sólo nos concentramos en crear una escenografía, no incluimos a ningún ser vivo», dice Bezanilla.
La coautora revela que el montaje digital es la fase más importante de este proyecto.
«Si bien es interesante la obra que hicimos con plasticina, con el photoshop logramos la iluminación y otros elementos, el humo del horno, entre ellos, que son los que finalmente le dieron ese aspecto mágico a la imagen», cuenta.
La cocina, en realidad, podría ser tanto una ilustración perteneciente a un cuento como una escena de una película animada. A María Paz Bezanilla le recuerda el relato «Ricitos de oro», si bien ella y Andrea Munita no tuvieron la intención de aludir a ningún título particular.
«Nos propusimos crear algo lúdico, pero lo que representa la imagen es el cuento que nosotras inventamos», afirma.


