La historia de Amanda Navarro, la influencer hecha con IA que viajó al terremoto de 1960

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Su cuenta de Instagram ya suma 33 mil seguidores

Lo que partió como una prueba para aprender sobre herramientas digitales hoy es un avatar chileno capaz de viajar al pasado.

La cámara se mueve por las calles de Valdivia. Amanda Navarro mira directo al celular y habla como si estuviera ahí, en tiempo real, a minutos del terremoto del 22 de mayo de 1960. Su voz suena natural, camina por una ciudad aún en calma y relata la tensión de los instantes previos al sismo más grande registrado en la historia. Incluso conversa con un vecino. La imagen se ve real, pero Amanda no existe.
La influencer chilena que ya suma 33 mil seguidores en la cuenta de Instagram @amandanavarro.ai, y que se hizo viral por sus viajes al pasado -desde el Combate Naval de Iquique, pasando por terremoto del 60 hasta el rescate de los 33 mineros -es una creación cien por ciento hecha con inteligencia artificial.
«No te diste cuenta, pero no soy real. Soy cien por ciento inteligencia artificial. ¿La cagó o no? No se cacha», dice la propia Amanda en uno de sus videos.
El creador
Detrás de ella está Daniel, un estudiante de 22 años de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile, quien convirtió un experimento personal en uno de los fenómenos más comentados de redes sociales a nivel local.
Daniel prefiere mantenerse en segundo plano y que la protagonista siga siendo ella.
Cuenta que la idea del avatar nació casi por casualidad, cuando vio el video de un creador inglés que utilizaba IA para recrear hechos históricos, y quedó impactado por el realismo.
«Lo vi y dije: está increíble, tengo que aprender a hacer esto, porque éste es el futuro del marketing», relata.
Aunque ya tenía nociones generales sobre IA, nunca había trabajado con generación de imágenes ni videos. Aprendió prácticamente desde cero.  «Compré un curso que me enseñó la base. Lo hice en tres días y el resto ha sido práctica y averiguar online», explica.
Amanda partió con contenido más cotidiano, como una influencer tradicional mostrando su día a día en la universidad, pero el gran salto llegó cuando Daniel decidió probar con historia chilena. El primer intento fue el video del Combate Naval de Iquique, donde Amanda aparece en la cubierta de La Esmeralda en 1879.
«Me salió pésimo, pero en vez de botarlo lo subí igual», reconoce entre risas. Para su sorpresa, el video agarró vuelo. Después vino el del terremoto de 1960 en Valdivia, y la cuenta explotó. Hoy, los viajes al pasado son el sello de Amanda.
¿Qué programas usa?
 
«Para las imágenes uso Nano Banana. Para video, el mejor modelo que estoy usando ahora es Seedance 2, de ByteDance, la empresa de TikTok. Y para la voz, dependiendo del video, también uso 11 Labs. El guion lo hago yo. Tengo un prompt gigante, como de quince páginas, que voy mejorando cada vez según lo que salió bien y lo que salió mal. Después uso Claude para ir conversando la idea, cuánto quiero que dure y cómo ordenar el video».
Toma tiempo.
«Desde que se me ocurre una idea hasta que la publico, el proceso puede tomar entre dos  y tres días. Depende del video, pero si le pongo empeño, uno o dos días».
Amanda tiene ojos claros y pelo oscuro. ¿Se inspiró en alguien?
«No, pero sí le pedí ciertos rasgos a las plataformas».
Daniel dice que rápidamente entendió que la veta histórica era el verdadero gancho. «Ya encontré el nicho. No puedo parar con la historia, porque la mayoría de la gente me sigue por eso. Es una manera entretenida de aprender algo rápido y fácil de ingerir», plantea. Eso sí, admite que el formato obliga a sintetizar y que siempre puede faltar algún detalle.
«No puedo meter toda la información ni todo el contexto real de cada hecho», reconoce.
Más allá del fenómeno en redes, Daniel ve en Amanda una poderosa herramienta para el futuro. «Reduce muchísimo los costos. En vez de una producción de millones, puedo hacer una sesión de fotos, videos o publicidad yo solo», afirma. Por eso no descarta colaboraciones con marcas, aunque quiere mantener el equilibrio.

«No quiero llenar la cuenta de publicidad. Hay que monetizar, porque hacer los videos no es gratis, pero tampoco quiero ensuciar la página con puras marcas», asegura.

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