Karla Martínez y Beatriz Solari son las dueñas de Siam Thai en Barrio Italia
Aunque ninguna tiene un back grounden alguna carrera financiera han logrado mantener el lugar por nueve años.
Hace una década, Karla Martínez, periodista de profesión, tenía un trabajo común en una oficina. Durante los fines de semana iba a parchar a la picada de unas amigas, Siam Thai, ubicada en Salvador con Bilbao. Garzoneando, se dio cuenta de que le gustaba más ese frenesí de andar mesa por mesa -y lo condimentada que era la comida tailandesa- que seguir como empleada. Por otro lado, el local estaba por cerrar, con números que no cuadraban, y dueñas que querían abandonar.
Martínez pidió un crédito de consumo, compró la marca y trasladó el local a Barrio Italia -en ese entonces más reducido- donde sigue hasta hoy. Invitó a sumarse a Beatriz Solari, su novia de entonces, con quien llevaba seis meses, y quien es actriz de profesión. «Le dije: Bea, si tú estás metida todos los días acá, ayudando en el proyecto, trabajando en conjunto, ¿por qué no eres mi socia?. Porque en un momento quería meter a terceras personas como socias, pero pensaba que ni siquiera los conocía».
Este 2025 se cumplen 9 años de esa historia. En ese tiempo, las socias han visto cómo Barrio Italia ha evolucionado hasta convertirse en un polo gastronómico. Y hace menos de una semana, su restaurante fue seleccionado por la guía 50 Best Discovery 2025 como uno de los mejores del mundo. No es casualidad: en coctelería, cuentan con Javier Ríos, quien el año pasado representó a Chile en el campeonato World Class, realizado en Shanghái. Además, su carta de tragos cambia por temporada: la actual está inspirada en piedras preciosas; la anterior, en los arcanos del Tarot.
«Siento que logramos nuestro objetivo: que nuestro cliente quiera consumir nuestra coctelería de autor. Eso es muy importante. Otros lugares pueden ofrecerla, pero otra cosa es venderla. Acá sale muchísimo; casi no piden cócteles clásicos como Gin Tonic o piscolas, porque a la gente le gusta probar lo que estamos preparando».
Karla, ¿cómo ha sido el proceso de crecer como restaurante y como pareja en paralelo?
«Para nosotras siempre ha sido bacán trabajar juntas, nos complementamos bien, pero cuando nos fue mal con El Esperancita -abrieron un restobar en Providencia que cerró después de ocho meses- igual tuvimos una crisis».
Bea, igual fuerte.
«Nosotras no nos vemos solo en la casa, nos vemos acá, todo el día y todos los días. Entonces hay que cuidar ambas cosas, es parte de nuestra vida. No es como un trabajo que puedas dejar y chao. Está presente todo el rato, pero hemos aprendido: cuando estamos en la casa tratamos de no hablar del restaurante, aunque cuesta, porque no es como que puedas apagar un switch».
La comida tailandesa
Karla, la comida thai lleva años en Chile, y ustedes deben ser de los pocos lugares que se han mantenido por tanto tiempo. ¿Por qué creen que pasa eso?
«Es muy difícil conseguir cocineros que hagan esta comida. Es una cocina muy exigente, porque es a la minuta, entonces los cocineros tienen que tener mucha velocidad y estar acostumbrados al fuego constantemente alto en el wok. Además, es una cocina muy estricta: estas son las recetas y no puedes jugar tanto con eso».
Bea, quizás tiene algo que ver con que la gente lo vea como algo inabordable, que le dé un poco de miedo probar algo nuevo.
«Acá pasa que hay ciertos productos que pegan. El Ramazzotti Rosato, por ejemplo, no se vende en ningún otro lugar fuera de Chile. Nosotras pensamos que el thai iba a ser un boom, como esto va a ser el nuevo sushi. Eso nunca pasó y quizás nunca pasará. Al final, para nosotras es más importante que vender comida tailandesa o coctelería lo que ofrecemos en nuestro local: que el cliente se sienta bien atendido, que viva la experiencia. Por eso no nos dedicamos al delivery».
Karla, también pasa con el Pad Thai -que es uno de los platos insignes- que todo el mundo se siente experto en el tema. ¿Lo viven acá?
«Es un plato controversial. Nos pasa que es imposible que alguien sea experto en un plato tan específico como el Pad Thai, porque varía según la región de Tailandia: en algunas incluso lleva leche de coco, hay versiones más dulces y otras menos. A mí no me ofende si a alguien no le gusta, pero sí cuando nos dicen que está mal hecho o que el proceso es incorrecto».
Bea, que ninguna de las dos tenga un background financiero, ¿les ha jugado alguna mala pasada?
«Es muy loco, porque las dueñas anteriores, que sí eran así, no lograron que les dieran los números. No sacas nada si no te empapas del proyecto, si no ves el lado del marketing, la fidelización del cliente. Además, acá hay un ambiente interesante en un lugar acogedor. Si logras que el cliente se sienta especial y parte de la experiencia, definitivamente eso se verá reflejado en los números».
Karla, ¿qué le recomendarían a alguien que viene por primera vez al restaurante?
«Depende de lo que le guste. Si le gusta el picante, si quiere probar algo distinto de verdad o si prefiere quedarse en su zona de confort. Si le gusta la carne y no quiere arriesgarse mucho, siempre recomendamos el filete en salsa de ostras.
Son medallones de filete con cebolla, champiñón y arroz, un plato que le gusta a casi todo el mundo. Y si quiere algo más Thai, más auténtico, el espagueti de arroz en curry amarillo tailandés es una súper opción: tiene leche de coco, albahaca, pollo y camarón, y también se puede hacer vegano o sin gluten».
9 AÑOS suma la propuesta thai de las dos emprendedoras en el barrio Italia.


