Se dedica a la oferta de vestimenta formal y ya tiene tres locales en Santiago
El emprendedor perdió su negocio por la guerra en su país y se vino a Latinoamérica para aprender español.
«Cuando fui a arreglar mis papeles en extranjería me dijeron que yo era el único habitante de Yemen en Chile. Uno siempre trata de buscar gente con sus mismas raíces cuando está fuera de su país y no he encontrado a nadie aún. De los árabes que hay en Chile, la mayoría son de Palestina, el Líbano y Siria», dice Mustafa AlMaamari, 36 años, dueño de La Ropa Americana, que en un poco más de un año ya tiene tres sucursales en el centro de Santiago focalizado en la oferta de ropa formal.
Mustafa, ¿qué lo trajo a Chile?
«Jajajá, es larga la historia, pero, como dicen los chilenos, lo busquilla me trajo. Llegué a Latinoamérica, a Ecuador, porque quería aprender español e instalar un negocio de logística, pero su economía era muy inestable, la gente no tiene suficiente ingreso y es un poco difícil vivir. Me enteré de la estabilidad de Chile y pedí una visa en el consulado para llegar a trabajar y emprender. Acá estoy aún».
Mustafa es un personaje por redes sociales; es rostro principal de La Ropa Americana, que en Tik Tok tiene más de 27.000 seguidores y en Instagram 37.500, donde promueve su segundo emprendimiento en Chile. El primero fue una tostaduría de café aprovechando que podía traer la materia prima desde su país: su familia es productora de granos en la zona de Haraz.
«De allá me llegaba el café premium para tostar. Instalé un local chiquitito en Las Condes, pero vino el estallido social y luego la pandemia y tuve que vender por internet y dedicarme a eventos relacionados con el café. Aunque me fue bien en pandemia, nunca fue un negocio tan robusto», cuenta.
¿Siempre pensó colocar un café en Chile?
«Mi familia cultiva café en Yemen y yo solo la ayudaba para exportar porque estudié inglés. Aproveché que tenía a mano esa materia prima para instalar en Chile uno de los tantos emprendimientos que he tenido en la vida.
¿Qué otros emprendimientos?
«Jajajá, muchos. Desde los 13 años que emprendo. Uno de ellos fue vender accesorios de celulares y me fue tan bien que llegué a tener tres locales en un mall, se llamaba DJ Phones. Vino la guerra en Yemen en 2015 y bombardearon el centro comercial y perdí todo. Tuve que rematar todo y fuimos con la familia a Arabia Saudita. Allá trabajé de conductor de Uber; fui vendedor para una empresa que ofrecía neumáticos y aceites, y luego llegué a una empresa de logística. Ahí aprendí tanto del tema que instalamos con mi hermano una empresa de logística que aún existe, se llama Golden Port. Luego de un viaje de vacaciones a Egipto con mi familia me salió otra vez lo busquilla y me dio por venir a Latinoamérica a aprender español.
¿Y cómo llega a la ropa americana en Chile?
«Un conocido árabe, en la época en que comenzó a bajar el negocio del café, me enseñó el tema de la ropa importada de Estados Unidos. Yo había hecho un curso para diseñar páginas web, marketing digital y redes sociales que primero, me ayudó para ofrecer el tema del café por internet, y luego que cerré ese negocio usé ese conocimiento digital para ofrecer la ropa importada. Empecé con 60 prendas semanales y nació el portal la ropa americana con ropa de invierno, parkas de marcas, ropa térmica y botas. Nos fue bien y abrimos el local de Bandera. Con el tiempo me di cuenta que teníamos que diferenciarnos con el resto de la ropa americana y nos enfocamos en la ropa formal. Fue un éxito. Abrí dos tiendas boutiques acá en calle Mac-Iver para ofrecer una mejor atención a los clientes».
¿Por qué crees que te fue bien?
«Al chileno le gusta vestir bien, pero el costo de los trajes formales es demasiado alto. Nosotros tenemos ternos de alta calidad y con precios que parten en 49.000 pesos y en el retail el terno nuevo más barato cuesta 120.000 pesos. Y todo lo que traemos tienen máximo de tres usos, la verdad es que la ropa se ve como nueva. También vendo prendas nuevas de alta calidad (camisas y zapatos formales) que me mandan proveedores de EE.UU. y Europa, con precio que parten en 25.000 pesos. En este caso, castigo el margen para que el precio no sea tan alto y se lleven toda la tenida formal. Lo importante para mantenerme en el largo plazo es ofrecer calidad a los clientes».
¿Te estás proyectando en el largo plazo con este negocio?
«A ver: como comerciante uno siempre tiene que convivir con la idea de que todo puede fallar y tienes que enamorarte con esa idea para arriesgar. Yo he fallado muchas veces con mis emprendimientos, pero siempre con la idea de crecer, ser busquilla y también proyectarme, sobre todo si me gusta el negocio. Esto de la venta de ropa me conquistó. Se trabaja muchas horas, pero está dando frutos para mí y para generar empleo (ya tiene 19 trabajadores en las tres tiendas).


