Catalina Medel cuenta la vida de mar de su padre y su hermano
Tenían una energía que contagiaba. Siempre alegres, siempre dispuestos a ayudar, dice.
La madrugada del 30 de marzo cambió para siempre la vida de siete familias. La lancha artesanal Bruma, que pescaba bacalao frente a la costa de Coronel, apareció la mañana siguiente destrozada en el mar sin rastro de sus tripulantes. Una semana después apareció el bote salvavidas sin activar. Era la última esperanza de encontrarlos con vida.
Entre los desaparecidos están José Medel González, capitán de la Bruma, y su hijo, José Medel Sepúlveda. Catalina Medel, hija y hermana de ambos, hoy carga con el dolor y la responsabilidad de exigir justicia.
«Queremos justicia. Que no porque seamos más pequeños van a desaparecer gente», dice Catalina. El contraste entre la pesca artesanal y la industrial ha sido siempre tenso, pero hoy, con siete desaparecidos, se vuelve abismal. «Es una pesquera poderosa. Nosotros no. Pero vamos a exigir justicia y no vamos a parar hasta encontrar a nuestros familiares. En 50 años no pasaba algo así», afirma.
En la voz de Catalina no se percibe ningún atisbo de esperanza. Sabe que sus familiares han dejado este mundo y desde ahora solo le preocupa una cosa: encontrarlos.
«Queremos despedirlos, darles un adiós como corresponde. No podemos quedarnos con la incertidumbre», señala Catalina.
Hija de pescador
Crecida en el ritmo nómada de la pesca artesanal, Catalina recuerda con cariño el estilo de vida que su padre les enseñó. «Ha sido bien gitana nuestra vida. Íbamos donde estaba la pesca. Mi mamá siempre lo acompañó», cuenta. «Si me preguntaran si cambiaría esa experiencia, diría que no. Estoy agradecida de toda la gente que hoy apoya a mi papá».
La Bruma no era solo una lancha. Era un punto de encuentro, una casa flotante, un nombre reconocido en distintos puertos de Chile. «Era conocida a nivel nacional. Donde llegaba la lancha, llegaba la gente. Mi papá siempre tenía algo para regalar: un pescadito, una palabra», relata Catalina. A la hora de zarpar, la despedida era ritual: «Nos tocaba la bocina desde la lancha, y al regreso todos íbamos a la barra. Siempre ha sido peligrosa la entrada en Constitución, y uno como familiar sabe que puede ser la última vez».
Los viajes podían durar entre diez y veinte días, a veces más. José Medel pescaba bacalao y albacora porque la Bruma tenía los permisos para esos recursos. La ausencia se hacía larga, pero nunca fue abandono. «Cuando él no estaba, estaba mi mamá. Nosotras sabíamos que andaba buscando el pan para la casa», explica Catalina.
José Medel padre era el alma de cada reunión. «Si no estaba él, no era lo mismo. En los encuentros familiares, todos lo esperaban. Lo mismo con mi hermano. Yo soy como una fotocopia de mi papá, hasta con las mañas», dice riendo al recordar que su padre era un poco enojón.
Por otra parte, Catalina cuenta que a su hermano fue imposible sacarle de la cabeza la idea de ser pescador. «Sacó una carrera técnica y todo, pero desde los 20 acompañaba mi papá de manera fija», dice, apenada debido a que en 3 días más su hermano cumplía sus 30 años.
La tripulación de la Bruma estaba compuesta por siete hombres: José Luis Medel González, José Luis Medel Sepúlveda, Jonathan Torres, Carlos Escarate, Julio Gallardo Díaz, Juan Muñoz y Fernando Carrasco. Navegaban juntos hace más de una década y compartían comidas, riesgos y largas jornadas de silencio en alta mar.
«Todos se decían primos», cuenta Catalina. «Tenían una energía que contagiaba. Siempre alegres, siempre dispuestos a ayudar. Por eso ha sido tan doloroso todo esto. Porque no solo perdimos a nuestros familiares, perdimos a un grupo humano muy especial».
El accidente que terminó con la desaparición de la Bruma aún está en investigación. La Fiscalía incautó el barco industrial Cobra, de la empresa Blumar, que presentó daños compatibles con una colisión. La defensa del Cobra niega toda responsabilidad, pero las familias acusan homicidio y exigen arraigo para impedir que el barco abandone el país.06


