Dramática definición: el Mono Sánchez rozó la gloria en el último tiro rival y en el siguiente falló Salvador Cordero
El campeón chileno cayó desde los doce pasos ante el Platense de Martín Palermo, por el pase a cuartos de final. La aventura deja un saldo de tres victorias, tres empates y dos derrotas.
La Copa Libertadores de Coquimbo Unido terminó por unos centímetros. El séptimo penal de Platense lo pateó Martín Barrios. Diego Sánchez adivinó el lado, cayó rápido y alcanzó a meter las manos. La pelota pasó debajo del Mono y entró. Después caminó Salvador Cordero hacia el punto penal. El arquero Juan Pablo Cozzani esperó, se lanzó y detuvo el remate. El estadio quedó helado. Ahí terminó todo: 0-0 en noventa minutos, 7-6 para Platense desde los doce pasos y una eliminación que duele por la forma.
Cordero quedó en el centro de la fotografía más ingrata. Hace más de un mes, en ese mismo Sánchez Rumoroso, había convertido el sexto penal de Coquimbo frente a Unión La Calera por la Copa de la Liga. Aquella tanda terminó con fiesta pirata. Ahora la pelota eligió otro relato.
Resulta injusto convertir a Cordero en culpable. Su carrera está hecha de insistencia. Llegó recién a los 17 años a las cadetes de Deportes Antofagasta, después de jugar en el fútbol de barrio. Se había probado en Santiago, volvió decepcionado al norte y estuvo cerca de abandonar el sueño. En Antofagasta encontró la última puerta, subió al primer equipo y terminó siendo capitán. «No me di por vencido», dijo al recordar ese camino. El hombre que hizo carrera por no rendirse caminó hacia la pelota cuando ya sólo quedaba insistir una vez más.
Tampoco alcanzó el Mono Sánchez. Venía de atajarle un penal a Guido Mainero en la ida y durante meses transformó estas definiciones en una especialidad. Frente a Platense hizo su espectáculo habitual, más comedido que en otras ocasiones. Convirtió el quinto remate de Coquimbo, habló lo justo y trató de adivinar cada disparo. En el séptimo estuvo a centímetros de prolongar la noche. Esta vez sus manos no alcanzaron.
El partido había preparado ese desenlace. Hubo nerviosismo y poco fútbol. Platense tuvo el 60 por ciento de la posesión y Coquimbo apenas tres remates al arco. El mismo Cordero probó desde lejos y Cozzani respondió; Sebastián Galani exigió al arquero poco después. Cristian Zavala tuvo espacio dentro del área y tiró desviado. La ocasión que perseguirá a los hinchas llegó en el descuento, cuando Galani lanzó el centro y Alejandro Azócar apareció para empujarla. Le faltó dirección. Era el último suspiro.
Platense también rozó la clasificación antes de los penales. El Diente López estrelló un derechazo en el travesaño a los 89 minutos y Sánchez había salvado frente a Franco Zapiola poco antes. El 0-0 pareció escrito desde mucho antes del pitazo final. Los dos jugaron sintiendo que una equivocación podía borrar meses de trabajo.
Conviene recordarlos ahora. Coquimbo ganó el Grupo B con 10 puntos. En ocho partidos de Libertadores obtuvo tres victorias, tres empates y dos derrotas; marcó nueve goles y recibió siete. Venció a Universitario en Lima y goleó a Tolima en el Sánchez Rumoroso. Llegó hasta octavos con una campaña que devolvió al fútbol chileno a una conversación que parecía lejana.
La aventura pirata terminó en el séptimo penal. Barrios escapó de las manos del Mono. Cordero quedó después frente a Cozzani y perdió. A veces el fútbol resume meses enteros en un segundo miserable. Coquimbo se fue de la Libertadores así, a doce pasos de seguir navegando.


