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Concreto en sus principios y taxativo en sus opiniones, Grínor Rojo, uno de los intelectuales chilenos más prominentes, ofrece «mi libro más personal», compuesto por ensayos, entrevistas y memorias.
José Ignacio Silva
Grínor Rojo es uno de los nombres titulares a la hora de enumerar a los intelectuales prominentes chilenos; un académico que ha emprendido su trabajo de reflexión poniendo en relieve el papel de las humanidades en la sociedad, así como el rol político del intelectual. La llegada del libro Los gajos del oficio , en cuya contraportada el autor señala «éste es mi libro más personal», abre expectativas respecto del vislumbre del lado más blando de este pensador.
El volumen está compuesto por ensayos, entrevistas y memorias, textos en los cuales se pueden detectar las principales preocupaciones de Rojo: la literatura, el libro y el avance sin contrapeso de un capitalismo que ha irrumpido en casi todos los costados de la cotidianidad de América Latina (otro ámbito en el que el autor ha puesto el foco de su trabajo), continente donde los horrores de las dictaduras militares constituyeron no solamente un intento por pisotear proyectos revolucionarios o democratizadores, sino también por hacer tabula rasa con la historia, como, según apunta el autor, ocurrió con Chile y el régimen de Pinochet, un proyecto que tenía como propósito resetear al país hasta casi los albores de la república.
Los ensayos ocupan la mayor parte del libro y, amén de dar cuenta de los temas a los que Grínor Rojo ha consagrado su trabajo intelectual, revisan los puntos negros de un continente y un país que han transitado por siglos de traumas, y cuya actualidad presenta una serie de vergonzantes manchas. Por ejemplo, al repasar la historia cultural latinoamericana, el autor observa que la inmigración europea y un desarrollo económico de orden capitalista fueron de la mano con el exterminio indígena.
Concreto en sus principios y taxativo en sus opiniones, otro tema en el que Rojo es una guía tiene que ver con el libro y la lectura. Aquí un rasgo que llama la atención en el intelectual: tiene una resistencia, un recelo a la innovación, especialmente cuando se trata de tecnología, dejando entrever un desprecio por artefactos como los computadores o el libro electrónico, en oposición a la gloria eterna del libro en papel. Esta apasionada toma de partido lleva a casarse con ideas románticas que hoy están más que en entredicho, como que la lectura de libros transforma a los humanos casi por ensalmo en mejores personas: «Razón, libro y lectura constituyen así una tríada indisociable, que ha demostrado ser ventajosa para nuestra salud personal y societaria y a la que es preciso defender a como dé lugar».
La porción no ensayística de este libro -un porcentaje mínimo de estos gajos- tampoco se aleja mucho del ensayo, al menos no en su tono. De todas formas, sirve para atisbar a un Grínor Rojo algo más suelto, pero no por ello menos agudo. Casi como una guinda al sustancioso postre reflexivo, se incluye un apartado memorialístico escrito con pluma fluida de ficción, sin ataduras académicas: sólo recuerdos, en este caso, de los años de Rojo en el Instituto Nacional, donde compartió aulas con el narrador Antonio Skármeta, el crítico Mariano Aguirre y el poeta Manuel Silva Acevedo.
Al cierre, una apostilla a la editorial. Es difícil de entender por qué este libro tiene en la portada una imagen de un patio del Centro Patrimonial Recoleta Dominica, que además está pixelada: un gran e inmerecido gaje de estos gajos.
Los gajos del oficio
Grínor Rojo
Lom, 2014, 220 páginas.


