Ana María González sumó 41 noches de reclusión y 122 días de cárcel
Hoy volverá a sentarse en el banquillo de los acusados y podría seguir subiendo sus penas.
Hace menos de 72 horas Ana María González estaba feliz en un pub de La Florida, celebrando sus 27 años en un carrete rebosante de alcohol, música y amigos. Era parte de su glamoroso estilo de vida. Pero a las 4 de la madrugada el OS-9 de Carabineros la detuvo por tener varias órdenes de aprehensión pendientes producto de delitos cometidos durante los últimos dos años.Y comenzó su desfile por tribunales, en el cual completó ayer su tercera audiencia seguida. «Tráiganme algo de ropita», les alcanzó a gritar a sus familiares en la sala del 9º Juzgado de Garantía, sin poder disimular el cansancio.
La rubia residente de Peñalolén, de quien la policía aseguraba que le gustaba manejar cifras altas de dinero y ropa de marca, seguía bien peinada y pintada, con sus jeans y su chaqueta Adidas impecables, pero sus cuentas pendientes ya empezaban a pasarle la cuenta.
Fuera de Chile
El miércoles Ana María recibió 41 días de reclusión nocturna por un robo de zapatillas. Ayer en la mañana tuvo que explicar ante la jueza Soledad Orellana, titular del 9º Juzgado de Garantía, por qué no cumplió otra pena de 41 días de reclusión nocturna, también por un hurto simple (fue a dormir desde el 4 de enero de este año hasta el 8 y no se apareció nunca más por el penal).
«Es que tuve que salir fuera del país, por un problema de mi hijo», respondió ella. En el tribunal quedaron todos mirándose. Cuchicheos y risitas.
Finalmente, la pena se dio por cumplida en forma insatisfactoria. O sea, que Ana María nunca más recibirá un beneficio de ese tipo.
Luego, en la tarde, la glamorosa rubia continuó su periplo ante la estricta jueza Carolina Salinas, del 12° Juzgado de Garantía. Aquí, otra vez, la muchacha tenía dos condenas no cumplidas, ambas de 61 días de reclusión nocturna, dictadas el 13 de septiembre del año pasado. Una por receptación de material robado y otra por haber sido detenida con elementos ligados a ilícitos, como cuerdas metálicas, miguelitos y un equipo de oxicorte.
Le volvieron a preguntar por qué nunca se había presentado. No hubo respuesta. Así que la magistrado le ratificó los 122 días de cárcel, pero esta vez completos.
Juan Vallejos, su abogado, se mostró conforme, aunque también molesto. «Se han dicho muchas cosas exageradas de mi clienta. Algunos medios la han presentado casi como la mujer metralleta, ligada a dinero y ataques a cajeros automáticos, pero los delitos concretos son mínimos», dijo.
Hoy, sin embargo, será el verdadero día D de la escurridiza rubia, ya que a las 11 horas culminará su maratón de audiencias frente al Juzgado de Garantía de Melipilla, que examinará una orden de detención por robo en lugar habitado, delito cuya pena puede llegar hasta los diez años de cárcel.
Se ha presentado a mi clienta casi como la mujer metralleta, pero los delitos son mínimosSu abogado, Juan Vallejos
Se quebró con la visita de su padre
El minuto de lágrimas
Uno de los momentos sensibles de la jornada judicial de Ana María González ocurrió ayer a las 16.40 horas, en el 12º Juzgado de Santiago, cuando llegó a verla un hombre maduro que se sentó muy cerca de ella. La muchacha se quebró y rompió en llanto. Él estuvo durante toda la audiencia y luego se retiró en profundo silencio, en una camioneta Mitsubishi roja. Según el abogado defensor, se trataba del padre biológico de la rubia, «quien viajó desde lejos para apoyarla».


