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La espalda de Martín Lasarte ha sido un gran problema, pero la columna vertebral que instaló su trabajo en los últimos meses sigue intacta entre los azules.
Juvenal Olmos
El futbolista es un profesional, pero antes que eso es una persona y como en todo equipo de trabajo se requiere una cabeza presente. El futbolista requiere que ganando o perdiendo se le acerque su entrenador después del partido y le diga qué hizo mal, qué hizo bien, por qué jugó o se quedó en la banca, le urge por naturaleza encontrar las palabras de su jefe antes, durante y después de cada entrenamiento, incluso una mirada cómplice o de reprobación.
En el caso de la U, ante la ausencia de Martín Lasarte, los escépticos intentarán decir que su ayudante, Rodolfo Neme, les debería transmitir las mismas instrucciones, con el mismo método y decisiones similares. No es igual: las instrucciones, para que resulten, además de un contenido informativo deben estar provistas de un material simbólico y un espíritu que suele estar más allá de las reglas, donde los deberes y los derechos se mezclan con la autoridad y los sentimientos. En un equipo de fútbol quien mejor representa esa relación es el director técnico y sin él, como ocurrió en Universidad de Chile el último mes, es casi imposible que las cosas salgan bien.
Hace unos días le mandé un mensaje por WhatsApp a Johnny Herrera. No era la gran cosa y en el fondo sólo deja al descubierto mi cariño por el arquero de la U, a quien dirigí en la Selección un par de veces: «Mucho éxito hoy. Deja de boludear y haz tu pega. Eres el mejor». Su respuesta de algún modo me dejó tranquilo. No hubo una explicación, ni una queja, sólo tres dibujitos que representan fortaleza y buena onda: dos brazos mostrando un bíceps prominente y una mano que hace okey. Uno les puede dar la interpretación que quiera a estas cosas, pero me costó poco imaginar a Herrera sacando fuerzas de flaqueza para dar vuelta la situación , diciendo «ahora sí ganamos» y «lo peor ya pasó».
La U tiene varios jugadores de ese tonelaje, probados en partidos internacionales y con categoría no sólo para ganarle a la encumbrada U de Concepción de Ronald Fuentes, sino también para ir a hacerle la gracia al mismísimo Inter de Porto Alegre en el Beira Rio. Sólo le falta ahora recuperar por completo a su entrenador para redondear el camino de salida. La espalda de Martín Lasarte ha sido un gran problema, pero la columna vertebral que instaló su trabajo en los últimos meses sigue intacta entre los azules. Algunas señales ya se vieron en los últimos partidos, en los que la U, pese a las derrotas ante Unión y Emelec, pudo obtener mejores resultados con un poco de suerte. La suerte, en todo caso, se trabaja y el regreso de Lasarte significa eso: más trabajo.


