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Título/Pie de foto: Leopoldo Muñoz
Carne de genio H I
A falta de una, hay dos películas que compiten por el premio mayor en el próximo Oscar y que describen la vida y logros de genios. La Academia es dadivosa con las biografías de personas fuera de lo común en sus talentos, pero que además sufren de algún padecimiento físico, moral o social. Así, fue laureada «Mi pie izquierdo» como también ocurrió con «Una mente brillante», donde la primera actuación es el motor de cualquier alabanza. Ya fue estrenada en Chile «El código Enigma» con el revolucionario invento de Alan Turing para descifrar los códigos nazis y ahora es el turno de las propuestas por Stephen Hawking en «La teoría del todo».
Una de las diferencias sustanciales entre la adaptación a la osadía intelectual que significó interpretar las claves de Hitler y el presente estreno, radica en que James Marsh -director de «La teoría del todo»- ostenta una atractiva carrera como documentalista. Intereses diversos como se confirma en «Proyecto Nim», el seguimiento a un experimento de socialización para un chimpancé en los 70, o en «Wisconsin death Trip», un relato sobre la crónica roja de un pequeño pueblo en el siglo XIX a partir de un archivo fotográfico. Algo de esa perspicacia para observar la realidad, se advierte al describir al físico que escribió el libro súper ventas «La breve historia del tiempo».
Stephen (Eddie Redmayne) asiste a Cambridge para finalizar su doctorado en Física, cuando conoce a Jane (Felicity Jones) una alumna de posgrado de español y francés, de quien se enamora y con la que al poco tiempo se casa. Sin embargo, una enfermedad motora comienza progresivamente a dejarlo postrado, dolencia que no le impide elaborar fascinantes teorías respecto al origen del universo. A medida que avanza la enfermedad, su relación con Jane varía y se abren a la posibilidad de conocer a diferentes personas.
En las infinitas alternativas para relatar una biografía, el cineasta James Marsh optó por una simple y cautivante: bajar del pedestal al personaje. Sin ánimo de ninguneo pero sí de añadirle carne a la imagen del científico más popular (hasta aparece en «Los Simpson») luego de Einstein, observamos a Hawking tan ansioso por cristalizar alguna novedosa idea en una teoría como confortable cuando le dan vuelta las páginas de la revista «Penthouse».
En esos detalles rutinarios se filtra verosimilitud, y figura la dimensión romántica y sexual como un elemento apenas sospechado para alguien que deslumbra por su mente y transita en una silla de ruedas. Además de constituir un gancho para el público, el devenir amoroso de Hawking (casado 2 veces) lo aleja de la habitual beatificación de personajes célebres en la pantalla ancha. Un matrimonio abierto al amor libre se sugiere en la intención del protagonista, y el impensado flirteo con su terapeuta Elaine (de quien también ya está separado), agregan chispa y curiosidad a la trama.
Al abrir la representación del genio a algo más que su cerebro, la presencia femenina -en particular la de Jane, la primera esposa interpretada por Felicity Jones, candidata al Oscar por este trabajo- provoca que la narración corra por dos rieles. Una ruta es la del científico y sus desventuras pero también aparece la de una mujer que hizo posible que sobreviviera Hawking. Así, Jane se convierte en un personaje repleto de matices y que sintoniza con la forma en que el filme ilustra a las relaciones humanas, desde la óptica del cambio continuo. Una ley de vida que Hawking no aprendió en los libros o cálculos sino en carne propia, al igual que todos nosotros.
«The theory of everything».
2014. Director: James Marsh. Con Eddie Redmayne, Felicity Jones. 123 minutos.


