Sus hijos la alentaron en chino y en español desde la tribuna
La tenimesista nacional perdió ante rival libanesa en el debut, pero quedó contenta con el respaldo de todos y el afecto de la comunidad internacional. Quiere volver a los Juegos en 2028.
Esta vez ni los ceacheí ni los gritos de aliento en chino de sus dos hijos alcanzaron para que la Tía Tania, que debutaba en unos Juegos Olímpicos a sus 58 años, pudiera dar vuelta la historia ante la libanesa Mariana Sahakian, de 47, quien en una gran reacción sacó adelante el partido y se impuso por 4 sets a 1 en 44 dramáticos minutos.
«Acá están mis regalones, no pude ganar el partido, pero están todos acá acompañándome, mis hijos, mi marido, mis sobrinos. Eso se agradece», cuenta Tania Zeng, ya un poco más repuesta de la derrota.
Ha pasado poco más de una hora del término de su partido ante la jugadora asiática y Zeng encuentra consuelo en los suyos, quienes pacientemente la esperaron para saludarla un momento, ya que no la habían visto desde hace varias semanas, cuando ella viajó a prepararse a Portugal.
«¿Sabe qué me dijo mi marido? ‘No te preocupes, estás acá, nosotros estamos orgullosos de ti'. ¿Qué más puedo pedir entonces? Si tu familia te quiere, te apoya, te admira, estoy feliz. No me voy molesta, si sigo jugando es porque estoy contenta, porque yo quiero, nadie me obliga nada. Porque este deporte me da la felicidad», agrega.
Xin, de 34 años, y Felipe, de 24, son los hijos de la tenimesista, quienes la tarde del viernes arribaron a París, procedentes de Barcelona, donde iniciaron un tour junto a sus primos. Luego de París seguirán por Bélgica y Países Bajos. Mientras que Arturo Aravena, el marido de Tania, llegó solo el martes, desde Iquique, donde reside la familia. Todos se dejaron la garganta alentando a la matriarca.
«Vinimos a acompañar a la mamá. Sabemos todo el camino que ha recorrido y lo que le ha costado llegar hasta acá. Así que el objetivo principal de este viaje era verla a ella. También obviamente aprovechar las bondades de Europa para conocer, pero siempre vamos a apoyar a mi mamá a donde vaya», subraya Xin, quien además cuenta cómo se las ingeniaron para verla en la inauguración el viernes.
«Estaban todas las calles cortadas y no dejaban pasar, pero arrendamos un departamento en un piso 18, que estaba al lado del río Sena, así que apenas vimos el barco con la bandera chilena hicimos zoom con nuestros celulares, empezamos a buscarla, y la vimos abajo, donde ella se había metido por la lluvia. Fue emocionante, porque por eso pudimos verla».
Tania lo interrumpe y le reprocha: «¿Por qué no me avisaron que iban a estar ahí, hubiera ido arriba del barco para que me vean?».
Felipe la abraza, la besa cariñosamente y le dice: «Igual te vimos».
¿Qué gritaban ustedes en chino, Felipe?
«Primero le gritábamos en español. Y como no funcionaba lo hicimos en chino. Decíamos: vamos, Tania. Y no se pudo. Pero ya el hecho de que esté acá para nosotros es un orgullo gigante. Ella era nuestro orgullo desde antes de que volviera a jugar, así que estamos muy felices de que mi mamá esté contenta haciendo lo que hace».
¿Cree que llegue para Los Angeles 2028?
«Claro que sí».
Papá Arturo, más tímido, solo atina a decir: «Lo mío es orgullo y amor por ella, porque de tenis de mesa, yo no sé nada».
Quien también destacó a su rival es la libanesa Mariana Sahakian: «Ella (Tania) juega muy bien. Y sé que antes jugaba aún mejor. Yo también soy grande, tengo 47 años, aunque ya estuve en Río 2016. Conocí su historia y me puse feliz de que clasificara a sus primeros Juegos a su edad, eso no lo hace cualquiera. Por mi parte estoy orgullosa de haber logrado mi primer triunfo».
La fama de la Tía Tania en estos Juegos es sorprendente. Quedó reflejado cuando fue ovacionada por la mayoría de los espectadores apenas fue presentada y su imagen mostrada en las pantallas gigantes cuando se acercaba a la mesa 1, donde enfrentaría a la asiática. Decenas de periodistas de diversos países la esperaron pacientemente en la zona mixta, que es el lugar por el que transitan obligatoriamente los deportistas apenas terminan de competir. Ella los atendió a todos, sin chistar, con paciencia china.


