La trifulca se inició porque el conductor no quería venderle un pasaje escolar
El abogado Carlos Terán cuenta que eran cerca de las 9:30 de la mañana del sábado cuando se subió a la micro 505, que conecta Playa Ancha y Agua Santa, en la región de Valparaíso. Se sentó cerca de la puerta trasera.
Un par de paraderos más adelante se subió una pareja con un menor de edad. Terán cuenta que se quedaron un buen rato conversando con el chofer. Dice conversando porque no escuchó gritos ni nada que diera a entender que estaban discutiendo. Sin embargo, en determinado momento, ocurrió una escena impresionante: el hombre le escupió en la cara al chofer.
«El conductor no hizo nada. No le respondió, no le dijo nada de nada. Se limpió la cara con un pañuelo y siguió manejando. La pareja se fue a sentar», cuenta.
Pero cuando la micro llegó a la plaza Victoria, el chofer se desvió del recorrido hasta llegar a la Segunda Comisaría Valparaíso Central, que queda a dos cuadras.
En la comisaría
«Cuando llegamos, empezó a tocar la bocina insistentemente, para que llegara un carabinero», prosigue Terán. «Fue entonces que nos fuimos enterando de lo que ocurría. El chofer, dirigiéndose a la pareja, dijo que esto no podía ser, que los iba a denunciar. Dijo que en otra oportunidad ese mismo pasajero le había rayado la micro con un clavo y que ahora le había escupido, y todo porque no quiso venderle un pasaje escolar. Dijo que era evidente que no iba a estudiar, sino a trabajar».
«Cuando apareció un carabinero, se puso a conversar con el chofer por la ventanilla», prosigue Terán. «Todo esto con el motor andando, las puertas cerradas y el resto de los pasajeros arriba. Éramos unos 15. El carabinero hizo descender al chofer y a la pareja, y se pusieron a discutir abajo. El asunto se zanjó con el carabinero tomando una serie de medidas».
«Al chofer le dijo que debía venderle pasaje escolar a cualquiera que le mostrase la credencial, fuese el día que fuese. Le dijo además que debía devolverle la plata del pasaje a todos los pasajeros, por desviarse del recorrido y que si el pasajero le había rayado la micro, debía hacer la denuncia correspondiente. Por último, le dijo que los pasajeros iban a presentar una denuncia en su contra, por no ofrecer un buen servicio».
El chofer, en extremo ofuscado, se devolvió al asiento de la micro para devolver el dinero de los pasajes. Entonces, la historia tuvo un terrible giro.
Dale nomás
«El chofer, estando sentado, empezó a ladearse hacia el lado. Me acerqué y vi que estaba perdiendo el conocimiento. El carabinero subió y tratamos de sacarlo del asiento, pero tenía las piernas trabadas. Cuando pudimos sacarlo, lo acostamos en el pasillo. El carabinero se agarraba la cabeza y regresó a la comisaría a pedir ayuda. Yo, como fui bombero y nos capacitaron para estas cosas, me puse a hacerle reanimación».
«Pocos segundos después, llegaron a la micro siete carabineros. No sabían muy bien qué hacer. Uno de ellos tomó el volante, aunque tenía dudas. Otro carabinero le dijo dale nomás, si es lo mismo que manejar un auto . El carabinero puso en marcha la micro, mientras yo le hacía RCP al chofer y el resto de los pasajeros miraba».
«Llegamos al Sapu de Alta Resolución (SAR), que queda a dos o tres cuadras de la comisaría. Unos paramédicos se llevaron al chofer en una camilla y comenzaron a hacerle reanimación también. Ahí decidí irme, porque estaba con mi hija. Los pasajeros también se fueron, medio aturdidos todos. Horas después averigüé lo que ocurrió. El chofer había fallecido».
Cuando supo la noticia, Terán se sintió muy triste y con algo de culpa «porque no fui capaz de reanimar al conductor». Acaso por esa sumatoria de sentimientos, hizo un largo hilo en su cuenta Twitter (@CarlosTeran) contando lo ocurrido. «Lamento tu muerte, Leandro Ulloa», se lee, porque así se llamaba el chofer. «No lo conocía. Lamento su muerte, hice lo que pude. Perdón, no fue suficiente».
La empresa Buses del Gran Valparaíso confirmó que Ulloa estaba afiliado a esa empresa de transportes, tanto como chofer como empresario microbusero, y que efectivamente había fallecido después de discutir con un pasajero.
«Algo malo está pasando en este país que recurrimos a la violencia para todo», reflexiona Terán. «No puede ser que ante cualquier diferencia le rayemos la micro a alguien o le escupamos. Tenemos que cambiar».


