Las cuatro claves del exalcalde de Sobral para bajar el analfabetismo de 49% a 2%

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Municipio brasileño pasó del lugar 1.336 al primero en las pruebas de medición escolar en ese país

Conseguimos transformar escuelas que producían analfabetos a escuelas que aseguran el aprendizaje, cuenta Veveu Arruda.

«Sólo se tiene siete años una vez en la vida», pregona Veveu Arruda, para destacar la importancia de que todos los niños a esa altura deben saber leer y escribir. «La edad adecuada», enfatiza sonriendo.
De hablar suave y gestos pronunciados, el abogado y político brasileño estuvo en Chile para compartir su experiencia en un seminario en Icare. También aprovechó de reunirse con autoridades del Ministerio de Educación.
El motivo lo explica él mismo: «Conseguimos transformar escuelas que producían analfabetos a escuelas que, efectivamente, aseguran el aprendizaje», destaca Arruda, quien entre 2009 y 2016 fue alcalde del modesto municipio de Sobral, ubicado en el estado brasileño de Ceará.
En ese período el analfabetismo de la comuna disminuyó del 49% al 2%. Es decir, lograron que 98% de sus 33.000 escolares pudieran leer con comprensión en el segundo año básico.
La fórmula se cristalizó en 2015, cuando Sobral, uno de los municipios más pobres de Brasil, se lució en las pruebas educativas nacionales, conocidas como IDEB: pasó del lugar 1.336 al primero, lo que llamó la atención de todo el país. Hoy, Ceará es la única región que muestra una tasa de alfabetización mayor al 80% y su modelo es replicado en 18 de los 26 estados brasileños.
«El primer paso fue poner la política educacional como una prioridad y el alcalde tenía que liderar ese proceso con tiempo, ejemplo y presencia», explica Arruda. Lo que vino después fue una serie de estrategias:
Asegurar la presencia de todos los niños en la escuela. Diariamente el director de cada establecimiento recibe una lista de los niños que faltan a clases. Su labor es llamar a la familia para saber el motivo de la ausencia y convencerlos de que es importante su presencia. A las casas que no tienen teléfono va personalmente algún funcionario de la escuela.
«A veces yo mismo pedía un teléfono del alumno y llamaba a la familia. Hola, su hijo no fue a la escuela, lo puedo ayudar de alguna manera. Todo de un modo acogedor, no de castigo», cuenta. «Las primeras veces las familias no creían que el alcalde los llamara, entonces les decía es verdad, soy yo», recuerda riendo.
Evaluación constante. Todos los alumnos rinden una prueba diagnóstica a principio de año. Luego hay evaluaciones cada dos meses y, finalmente, un examen final. «Queremos saber si los niños, uno por uno, están efectivamente aprendiendo. Ese registro pedagógico de aquel momento va a servir como guía para construir la política de formación», asegura. «No es una evaluación para apuntar con el dedo al que le va mal», advierte.
Incentivo a profesores. Un problema en Brasil es la formación de profesores, asegura el ex alcalde. «Aprenden métodos, teoría, pero no saben mantener la atención de los niños por 50 minutos», opina. Por eso, el municipio les suministra formación permanente, centrada en la práctica y se asegura de entregarles todo el material didáctico que necesitan en el aula.
«Si un profesor logró el aprendizaje de los niños, debería ser reconocido y aplaudido. Creamos un sistema de incentivos, que van desde un certificado o un trofeo, hasta un incentivo financiero, además del salario garantizado. Va también para las escuelas que superan las metas, pero visto como una colaboración, no competencia. Si los alumnos de un curso no alcanzan las metas, ninguno de los otros cursos va a tener el incentivo. La idea es crear una comunidad donde todos los profesores trabajen en conjunto», aclara.

Escuchar a los estudiantes. Como alcalde, cuenta, una de las actividades que más le gustaba era visitar las escuelas y poner atención a los alumnos. «Una vez un niño me dijo que no podía usar los baños. Lo acompañamos con todos sus compañeros y el director, y lo que pasaba era que el urinario estaba muy alto para los niños más pequeños. No conseguían alcanzarlo. Pusimos un tablado de madera y problema resuelto, pero ¿por qué el director no lo había visto antes? Era necesario escucharlos», reflexiona el exalcalde.
 

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