Dos sabores con los que antojarse durante este 2026
Ambas delicias parten de la elección precisa de la fruta, dice el responsable del local que los elabora.
El helado de Mandarina de Limarí tuvo un inicio inesperado. Un productor del valle del Limarí exportaba mandarinas, pero las frutas que no salían del calibre exigido, demasiado pequeñas o demasiado grandes, terminaban desechadas y compostadas.
Sin embargo, el olfato empresarial permitió que el jugo de esas frutas terminara dándole un sabor a un nuevo helado.
«Para nosotros fue muy importante la relación directa con el proveedor. El jugo lo hemos convertido en un helado que parte con un golpe de acidez, después se vuelve más dulce y termina con todos sus aceites esenciales en boca. Es un helado que sigue apareciendo incluso después de tragarlo, mientras uno respira», dice Diego Lisoni, socio y creador de la heladería El Taller, donde se comercializa.
La mandarina primero tensa el paladar, luego se abre y finalmente se queda.
Esa persistencia es parte central del trabajo técnico, donde la cantidad de azúcar y la estructura del helado se ajustan para no tapar la fruta.
«Lo lindo de este helado es que está hecho sólo con jugo y con cuidado en los equilibrios. No le agregamos cosas para dulcificar artificialmente», añade.
La playa
En el caso del Melón con Vino, comercializado como el sabor Melvin, el foco estuvo en la madurez exacta de la fruta. Se trabaja con melones del centro norte de Chile, seleccionados en un punto muy preciso.
El equilibrio entre dulzor y frescura define el carácter del helado y condiciona todo el proceso posterior.
«El melón es muy delicado. Si está verde, no se desarrolla el azúcar natural y el sabor es plano. Si está pasado, aparece una sensación de perfume en exceso que ya no es agradable». afirma Lisoni.
A esa base se suma un Sauvignon blanc varietal, al que se le evapora el alcohol para conservar sólo el sabor y la estructura del vino.
La elección no es casual: los vinos varietales aportan frescura, mineralidad y una acidez que contrasta con el dulzor del melón. El resultado es un helado que remite directamente al verano y a la playa.
«Usamos un Sauvignon blanc porque es un vino enérgico, fresco, con acidez. Junto al melón bien maduro, da un helado muy refrescante, muy ligado a la cultura universitaria. Por eso es tan querido», añade Lisoni.


