Patricia Herrera fue finalista en el campeonato realizado en las fondas del Estadio Nacional
Recibió la noticia minutos antes de competir y decidió continuar. El resto de los concursantes la rodeó en silencio mientras sonaba Pesares de Ausencia.
La tarde de este domingo, cuando el campeonato de cueca en el Estadio Nacional se preparaba para vivir la jornada final de la categoría adulta, un inesperado y desgarrador momento interrumpió la celebración. En la pista de la fonda Corazón de Chile, Patricia Herrera, finalista del certamen junto a su esposo Andrés Tapia, ambos de Lo Prado, recibió una llamada telefónica.
Apenas escuchó la voz al otro lado de la línea, rompió en llanto: le informaron que su madre acababa de fallecer.
El animador del evento, Diego Arenas, recuerda la escena con claridad. «Estábamos conversando sobre el tema que les tocaba bailar. Les estaba explicando la dinámica: que iban a bailar tres parejas en cada competencia y de repente la llaman. Ella explotó en llanto, así que le pregunté qué necesitaba. Quiero bailar una cueca para ella y me voy, dijo».
En medio de la conmoción, el animador comunicó la noticia al público, que inmediatamente quedó en silencio. Patricia cumplió su promesa. Con el pañuelo en la mano, su vestido rojo y la mirada perdida entre lágrimas, ingresó a la pista junto a Andrés. La cueca que comenzó a sonar no pudo ser más simbólica: «Pesares de Ausencia», cuya letra habla del dolor de la espera, de la pérdida y de lanzar coronas al mar por un amor que se marcha «rumbo a la muerte».
Mientras sonaban los primeros acordes -«Ay vida mía, siete días que te espero, ay vida mía, que vuelvas a la caleta»-, el público comenzó a aplaudir. Las cerca de 500 personas que observaban el espectáculo entregaron su apoyo con las palmas. Mientras de fondo, las más de 30 parejas que participaban en el campeonato formaron una media luna, los huasos se quitaron los sombreros y, varios con lágrimas en los ojos, acompañaron a sus contendores en su última cueca.
«Patricia y su marido competían en la categoría adultos, tenía el número 6. Eran una de las finalistas, bailó el viernes y clasificó», agrega Arenas.
Alejandra Valle, concejala de Ñuñoa, fue testigo de la escena. «Veo a la persona que está llorando y me llamó la atención. Pensé que podría ser pánico escénico y ahí aparece de inmediato el animador a contar lo que pasaba. Fue súper lindo el momento porque ellos salieron a bailar y todos los participantes hicieron como una ronda para contenerlos. Ella, con mucha valentía enfrentando esto. porque estaba evidentemente destruida», relata.
Los pañuelos flamearon con un dramatismo distinto al habitual. No había competencia ni pasos técnicos que evaluar, sino un ritual íntimo y colectivo que transformó la pista de baile en escenario de duelo. «El homenaje fue lo más lindo, con todos los demás participantes ahí poniendo lo suyo», afirma la concejala.
El campeonato, que reúne año a año a parejas en las categorías infantil, juvenil y adulta, continuó su curso. Pero la emoción del momento quedó suspendida en el aire de la fonda Corazón de Chile.


