Tomás Reyes armó la empresa PlazaActiva
La idea la trajo de China y ya lleva mil en todo Chile. Incluso se las han pedido desde Isla de Pascua.
Cuatro años atrás el diseñador gráfico Tomás Reyes tuvo una de esas ideas que los místicos llaman iluminación, los creyentes milagros, los científicos genialidad y los chaqueteros rajazo: en un largo viaje por China, vio que en las plazas de algunas ciudades la gente hacía ejercicio en máquinas públicas, algo que no cuadraba con la clásica imagen de un gimnasio pagado y bajo techo que se estilaba en el mundo.
«La gente ejercitaba en familia, las mamás con sus hijos y las abuelas con sus nietos. Era una curiosa forma de usar los espacios públicos con máquinas que se veían muy sencillas. Entonces me dije: esto hay que llevarlo a Chile», cuenta Reyes, hoy gerente comercial de PlazaActiva, la empresa que ha ido colonizando las ciudades de Chile con sus maquinitas de colores.
Con 5 millones de inversión inicial y muy buena labia para convencer al fabricante chino de enviar los aparatos al otro lado del mundo, Reyes instaló su primer gimnasio al aire libre en la recta Las Salinas de Viña del Mar.
«Gané menos de 500 mil pesos, pero lo importante es que instalé mi primera plaza de ejercicios», dice Reyes.
De ahí en adelante la empresa no paró de colocar máquinas, al punto que hoy están en más de 70 liceos y en 40 municipalidades, con un número total que se acerca a las 1.000 unidades. Una última punta de playa podría ser Isla de Pascua, donde hay interés por instalar una «estación» de ejercicio.
«Se me acercaron funcionarios de la municipalidad que estaban muy interesados y querían información para armar un proyecto», indica Reyes.
La constante expansión de las denominadas plazas activas se debe, según Reyes, a que cubren una necesidad insatisfecha de uso de los espacios públicos y al servicio prestado por la empresa.
«Desde un comienzo no quisimos ser vendedores de máquinas, sino que entregar un servicio de gestión del espacio público. Para eso hacemos clínicas deportivas para enseñar el uso y la utilidad de las máquinas, con programas por edades para los usuarios, además de entregar servicios de mantención», indica Reyes.
«Ahora nos embarcamos en Barrio Activo, que son ciclos en que un profesor se hace cargo durante 6 meses de una plaza, con sesiones de dos y tres veces por semana. La gente se inscribe, se le hace un chequeo, se le hace un programa de ejercicio y al final del período se evalúa con lo que el municipio puede tener un índice de la rentabilidad social de sus plazas», explica Reyes.
Juan Valverde, de la junta de vecinos
En La Pintana las usan 500 personas
En los consultorios de La Pintana hace rato que les recomendaban a los vecinos hacer ejercicio para tener una vida sana, pero faltaban los gimnasios. «No teníamos dónde y aunque hubiera habido, poca gente podía pagarlos. Por eso las máquinas pegaron tanto acá, de hecho unos 500 vecinos las ocupan diariamente. Las dueñas de casa, por ejemplo, las usan antes de hacer el almuerzo para no descuidar el físico», explica Juan Valverde, presidente de la junta de vecinos 21-1 de La Pintana.
Los cuidan los vecinos
Gimnasios a prueba de vándalos
Una de las amenazas a los gimnasios al aire libre, sobre todo en lugares con mayores índices de delincuencia, son los vándalos. «Nosotros reforzamos las máquinas chinas con mejores pernos y seguros para que resistan, pero además damos una mantención de tres meses, ya que tras ese periodo el vandalismo disminuye. Pero lo fundamental ocurre cuando los vecinos se dan cuenta del beneficio que les generan», explica Tomás Reyes.
«Acá los propios vecinos las cuidamos y si vemos a alguien haciéndoles daño lo paramos», explica Juan Valverde, de la junta de vecinos 21-1 de La Pintana.
13 millones cuesta la instalación de una plaza para 30 personas con 13 máquinas, profesores y posventa.


