Mi felicidad es verlo contento, cuenta la comunicadora sobre Patricio Olivari, de 83 años
Es una obligación moral como hijos estar al lado de quienes nos cuidaron cuando niños, asegura ella.
«Te digo algo de verdad, mi mayor felicidad es verlo contento». Las palabras infladas de sentimiento corresponden a Marlen Olivari (49), comunicadora y empresaria, en referencia a Patricio Olivari, su padre, quien recientemente cumplió 83 años. «Yo aún lo veo como un Superman», agrega la recordada animadora de «Morandé con compañía», mujer que sostiene hace años una logística semanal enfocada en estar junto a él.
Cada vez que puede, Marlen desayuna junto a Patricio e Isabel Mayer (su madre) en la casa que ellos tienen en Concón, Región de Valparaíso. «Uno de los motivos por los que estoy mucho tiempo en Viña del Mar es porque estoy con ellos. Estoy entre Santiago y la costa. Allá trabajo y acá ando con mis papás. Así puedo cuidarlos, acompañarlos y entre otras cosas regalonearlos con el desayuno», reconoce la panelista de «Tal cual» (TV+).
¿Cómo es el sistema?
«En la mañana, después de dejar en el colegio a Lorenzo (su hijo de 12 años), me paso a prepararles cositas ricas. Ellos son bastante regalones conmigo, les gusta que les haga tomate, palta, también a veces comemos huevos rancheros (preparación que lleva huevos con tomate). Les encanta y yo quedo feliz atendiéndolos».
No es lo único que ella hace durante esas visitas. «Cuando voy, él me espera con buzo, porque hacemos ejercicios juntos. Yo le ayudo a fortalecer su musculatura haciendo trabajo con mancuernas, sentadillas y repeticiones. Él camina harto porque sale a pasear con sus animales dos veces al día, pero no es suficiente. Con esos ejercicios tiene más energía, más estabilidad para caminar y, por ende, más autonomía».
Dedicada, Marlen.
«Soy una hija súper agradecida, no soy de esas que los saludan para el Día del Padre y de la Madre nomás. Siempre trato de estar ahí con ellos, pero ellos también me apoyan mucho. A veces se ofrecen a quedarse con Lorenzo y lo van a buscar al colegio cuando yo estoy grabando. Son un pilar gigantesco, los amo con todo el corazón».
Según Marlen, esa entrega por sus padres se vio acrecentada hace cuatro años, cuando Patricio enfrentó un cáncer al colon. «Estuvo internado de urgencia, lo operaron y tuvo que hacer quimioterapia por un tiempo. Perdió el pelo, se recuperó y por suerte desde eso los exámenes han salido buenos», recuerda. «Eso nos acercó mucho más como familia», sigue.
Además de ser la encargada de llevarlos al médico cuando se requiere, la emprendedora detrás de su tienda digital homónima (https://acortar.link/mFK0kF) documenta actividades estilísticas con ellos. «A mi papá yo le corto el pelo, también le rebajo las cejas y cada cierto tiempo le hago limpieza facial. Es que yo hice cursos de peluquería. De hecho, me encanta cortar pelo, teñir, peinar».
¿Qué corte pide don Patricio?
«Él me dice que le corte más y antes le cortaba más, pero ahora no tanto, porque tiene menos pelo que antes. Le digo que no puede desabrigarse tanto porque viene el invierno. Y me encanta, porque él se queda tranquilito cuando le hago esas cosas. Se las hago con tanto amor. A mi mamá igual le hago sus cosas, más exfoliaciones y acciones como esas».
Se ocupa harto usted.
«Yo tengo súper asumido que a veces soy como la mamá de mis papás. Es que con el tiempo, ellos empiezan a ser más niños y necesitan asistencia. Por ejemplo, se les echa a perder el cable, el control remoto o le pasa algo al teléfono. A veces dicen esto se echó a perder y simplemente apretaron mal un botón. Hay que estar ahí para ellos, a mí no me importa, feliz los ayudo».
¿Puede reflexionar sobre su dinámica con sus papás?
«Yo gozo regaloneándolos, compartiendo con ellos. Es lo que corresponde, es una obligación moral como hijos estar al lado de quienes nos cuidaron cuando niños. A mí me duele mucho cuando veo abuelitos abandonados y cuando mueren, recién ahí aparecen los hijos, sólo por la herencia. Lo he visto mucho, creo que como país aún seguimos teniendo una deuda grande con los abuelos».


