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Autor de la Foto: CEDIDA
Título/Pie de foto: Cristopher Vivanco gastó menos de $1.300.00 en un master en La Plata.
6 secretos para especializarse sin gastar tanto ni renunciar a todo
La oferta de
magísteres y doctorados crece ante un mercado laboral que requiere profundidad y especialización. ¿Qué se debiera tener en cuenta al elegir?
Jimmy Gavilán
Afuera cuesta menos
Christopher Vivanco (30 años, ingeniero agrónomo) tenía dos opciones: se endeudaba para entrar a un magíster en Chile o viajaba a Argentina. Y hace un año cursa en La Plata un master en Marketing. «Las diferencias de matrícula y mensualidad son tremendas. Acá pago 8 cuotas de 120 mil pesos anuales, más una matrícula de 350 mil. Y este master es uno de los más caros», explica este titulado de Agronomía en la U. de Concepción. «Si hubiera tenido la plata habría estudiado en Chile. A nivel internacional nuestros posgrados están muy bien en los rankings, pero mi mejor opción era emigrar».
Diversos enfoques
Eduardo Vega (25) lleva una semana como jefe de adquisiciones en el Servicio de Salud Metropolitano Occidente. Acaba de egresar de su magíster en Gobierno y Gerencia Pública: para escogerlo, barajó programas muy similares de varias universidades. ¿Por qué optó por la U. de Chile? Básicamente, por su enfoque en el servicio público, que ahora aplica en su nueva pega: «Me llamaron precisamente para ayudar a que las personas tengan los recursos adecuados a sus necesidades».
Se puede trabajar tranquilo
Es común que magísteres y doctorados dicten sus cátedras durante la semana, por las tardes-noches; pero no siempre es así. Con 34 años, Gianfranco Schiattino, ingeniero metalúrgico, hizo un MBA en la U. del Desarrollo y tenía clases una vez al mes: viernes, sábado y domingo. El resto del tiempo trabajaba en sus proyectos en grupo, generando informes y estudios. «Viajo mucho por trabajo y me acomodó el formato, porque podía coordinar trabajo y familia. Y sigue siendo igual de exigente».
Multi-magísteres
Mientras algunos siguen profundizando en un solo nicho, otros se ponen a prueba y complementan sus habilidades con otras miradas. Valeria Cerpa (30), diseñadora Gráfica de la U. de Chile, sintió que debía entrar a un posgrado donde distintas disciplinas se unieran. Así, el 2011 decidió alistarse en el magíster en Periodismo Escrito de la UC. El cambio fue radical: tenía compañeros de Filosofía, Historia, Letras y Arquitectura, donde cada uno aportaba desde su área. «Después de terminarlo se me abrieron varias puertas; es más, ahí conseguí mi trabajo actual en el área de marketing de una empresa financiera».
MBA sin tantos números
La oferta es extremadamente variada. La periodista Lorena Iriarte (37) dio con un MBA de la U. Mayor donde no tenía que aprobar ni Cálculo ni ramos por el estilo para salir airosamente. Su plan hoy es aventurarse en un emprendimiento propio de asesorías para empresas. «Mi meta no es ser gerente, entonces me calzaba súper bien un MBA abierto a cualquier profesión y que no me pedía una base de Ingeniería Comercial o un pregrado de negocios, por ejemplo», puntualiza.
Estudio sin fin
«Lo que me interesa es la investigación académica y lograr ideas que realmente lleguen a tener carácter público en materia de educación. Y necesito más que un magíster. Los doctorados siguen esa línea: desarrollar un proyecto individual y que proponga algo. Para mí no termina aquí», detalla Carlos Díaz, profesor de inglés y magíster en enseñanza del inglés como lengua extranjera. Como él, y para muchos, la continuidad de sus estudios no debería acabar nunca.


