Lucía Newman ahora trabaja para Al Jazeera
Echo de menos todo. Desde la marraqueta hasta las galletas de soda Mc-Kay, dice la mujer que hoy vive en Buenos Aires.
Lucía Newman no disimula su coquetería. El camarógrafo que la acompaña le hace una señal para avisarle que le hará unas tomas y ella inmediatamente se arregla su pelo para lucir mejor.
Está entrevistando a Tomás Hirsch en el parque Punta de Vacas, en Argentina, en el cierre de la Marcha Mundial por la Paz y la No Violencia, pero no cuenta con que el fuerte viento que corre en los faldeos del Aconcagua impedirá que su pelo se quede donde pretende.
Lucía ha cubierto guerras y elecciones presidenciales. Ha entrevistado a varios líderes, como Fidel Castro y Evo Morales. Incluso estuvo en Chile en la elección presidencial del 2005 y entrevistó a Michelle Bachelet y a Sebastián Piñera.
A sus 57 años, la ex corresponsal de CNN para América Latina está reporteando para el canal Al Jazeera inglés, donde trabaja hace tres años.
Luego de vivir en Nicaragua, Cuba, México y Chile, por sus labores en la señal estadounidense, en la que trabajó 20 años, Lucía se instaló en Buenos Aires: «Ya estoy cansada. Ya son 25 años moviéndome de un lugar a otro», reconoce la chilena.
Pero sus palabras se diluyen apenas tiene que subir un cerrito para seguir con sus labores. Con sus zapatillas todo terreno y su vestimenta color «corresponsal de guerra», la periodista no se hace problema ni con el fuerte sol, el calor o la polvoreda.
Hace poco estuvo en Chile para las elecciones presidenciales. «En la primera vuelta estuve despachando durante 10 horas. Estaban fascinados. Para la segunda vuelta vamos a ir con un grupo grande a trabajar», cuenta.
-¿Extrañas algo de Chile?
-Echo de menos todo. Desde la marraqueta hasta las galletas de soda Mc-Kay, «más ricas no hay». Mmmhh y el manjar. Es mucho más rico que el dulce de leche. Pienso volver, pero cuando lo hablé hace un tiempo con mis hijas, que estudian en Buenos Aires, casi me hicieron un motín.
Siete mil asistentes
En el Parque Punta de Vacas, que se ubica a 20 minutos de la frontera con Argentina, reinaba la buena onda. A la Marcha Mundial por la Paz y la No Violencia, organizada por Mundo Sin Guerras, llegaron más de siete mil asistentes: harto hippie con su carpa, uno que otro rastafari y centenares de pacifistas bolivianos, argentinos, chilenos, asiáticos y europeos.


