Taimur Hamad Aboultaif cuenta cómo logró abrirse lugar en una categoría que está atestada
Conocido como el Tío WokCo, supo implementar un plan para apuntar al público juvenil, con chistes y virales todas las semanas.
Esta sí que es una historia de multiculturalidad. Taimur Hamad Aboultaif es un libanés que emigró a Chile y decidió dedicarse a los restaurantes de sushi con Wok y CO, pero luego, para diferenciarse en el mercado, creó propuestas propias como la sushi burger de estilo americano; el mexicano sushi taco o la media italiana sushi pizza, que además integra al peruano ceviche. Llegó a Santiago tras un periplo por Brasil y Venezuela, con la intención de quedarse. «Es que adoro Chile por las calles limpias y el transporte público funciona impecable. Eso no lo ves en ningún país de Latinoamérica».
La historia de Taimur en Chile comenzó en 2018. Llegó con la idea de seguir trabajando en confección textil. «Pero cuando llegué vi que había pocas oportunidades en esa industria, mucha competencia. Y se me ocurrió explorar esa ansia interna que tenía por la cocina». Así abrió Wok y Co, que ofrecía principalmente fideos salteados con proteínas y vegetales. No destacaba demasiado hasta que poco antes de la pandemia su hermano le trajo una idea desde Nueva Jersey: la sushi burger, que aunque nació en 2019, prendió realmente en 2022.
«Es que antes tenía más ingredientes: el alga wakame, incluso masago. Son productos con sabores más fuertes y se le fueron quitando porque no todo el público los aceptaba. Las porciones también se fueron modificando hasta que es la sushi burger de hoy». Después vino el sushi taco, muy crocante, y finalmente la sushi pizza, que en vez de masa lleva arroz frito en tempura. Con esos productos también cambió la estrategia: en lugar de apuntar al público más tradicional se enfocó en los jóvenes.
¿Llegar a ellos? Probó con anuncios pagados, pero no le funcionaron. Después invirtió en páginas de memes: ahí subía fotos de sus platos y eso, al menos por un rato, le trajo clientes. Luego aparecieron los influencers gastronómicos, que lo ayudaron a visibilizar sus creaciones, aunque de manera intermitente: un post se hacía viral y luego el flujo volvía a caer.
Hasta que apareció Alfred Montero, estratega e influencer digital, quien le propuso algo radical: él mismo debía ser la cara del restaurante. «Yo era tímido, no me gustaba salir en cámara. Pero entendí que tenía que hablar, contar los productos, salir a la calle, conectar», cuenta. Así nació el Tío Wok, un personaje con delantal y entusiasmo, que graba videos semanales, cómicos y cercanos a este público. «Dije tengo que hacer esto para que la marca pueda subsistir, siga creciendo. Y así fue».
Uno de sus clips más vistos, con más de cinco millones de reproducciones, no tenía efectos ni ganchos forzados: solo él mostrando la sushi burger con orgullo. «No le tenía fe, era súper simple, pero quedó bien grabado y se fue viral». Hoy lo reconocen en la calle, especialmente si anda con delantal. «Voy al mall con mi familia y me piden fotos. No soy famoso, pero la gente me ubica. Y eso, la verdad, me encanta».
Actualmente tiene tres locales y pretende doblar la cifra al 2026.
Cómo ha sido para usted tener un restaurante más viral y enfocarse en un público joven. ¿Cómo se generó esa estrategia?
«Si tú me preguntas, no hay manera de subsistir en el mercado hoy en día si no haces alguna estrategia; si vas a abrir un restaurante nuevo y no tienes estrategia en mente, no lo hagas. Es importante saber manejar las redes sociales. Yo experimenté muchísimas cosas, algunas surtieron efecto y otras no».
Cuando me dice que otras estrategias duraban poco, ¿cómo era eso?
«No era constante, pero la estrategia de Alfred sí lo fue. Cada semana había que pensar algo nuevo. Cansa, claro, pero así funciona: necesitas una buena idea todas las semanas. Algunas resultan, otras no, pero no puedes detenerte».
Me imagino que las críticas de los más puristas del sushi deben lloverle.
«Uf, muchísimo. Tengo mucho hate en las redes. Al principio me entristecía, lo recibía mal, pero fui aprendiendo a entender que en este rubro hay que saber manejarlo».
¿Ahora ya no le importa tanto?
«No puedo decir que no me importa, pero lo entiendo más. Hace poco vino Otakín a grabar un video y en los comentarios escribían que la sushi burger que me sirvieron no es tan grande como la del video. Me dio rabia, porque son inmensas».
¿Y un restaurante de comida libanesa?
«Hace una semana lo pensé. Estuve en Brasil, allá hay mucho inmigrante libanés, y la gastronomía libanesa ha podido entrar en el mercado brasileño, pero como comida rápida, no como comida de mesa. Eso me puso a pensar. ¿Por qué no lo hago en Chile? Pero obviamente tengo mucho trabajo que hacer y quizás solo podría cuando acá se me necesite menos».
Este miércoles estuvo vendiendo la sushi burger a luca. ¿Eso es a pérdida?
«Eso fue para todos los estudiantes de la Universidad San Sebastián, otras veces lo hago con la Andrés Bello, son unidades limitadas. La verdad es pura pérdida, pero te voy a ser sincero, no miro si en un futuro esta estrategia funciona o no. Va a sonar cursi, hasta tonto, pero lo hago por los chiquillos, yo sé que están patos e igual son mi público esencial, entonces es una forma de agradecimiento».


