El estallido social fue la manifestación extrema de las tensiones y contradicciones que produce un acelerado proceso de crecimiento, reflexiona el abogado.
El excanciller Ignacio Walker entrega su mirada sobre los hechos que se desataron el 18 de octubre del 2019, cuando «la democracia estuvo en peligro», hasta los dos intentos fallidos por cambiar la Constitución, en su libro «Réquiem por el Chile del estallido social», de Ediciones Universitarias de Valparaíso.
En su análisis de la crisis política que vive Chile hace cuatro años es especialmente crítico con el Partido Comunista (PC) y Convergencia Social (CS), por haberse restado del Acuerdo Por la Paz de Chile en noviembre del 2019. «Es algo que no se debe minimizar, es grave, porque un partido gravitante en la historia de Chile, como el PC, se restó de un acuerdo, al igual que CS», recuerda Walker, quien presentó el libro el pasado martes en la sede en Santiago de la Universidad Católica de Valparaíso.
A su vez, Walker critica al Partido Republicano, por haberse restado del Acuerdo por Chile, de diciembre del 2022, que permitió un segundo proceso constitucional, y que sí fue suscrito por el PC y CS. También cuestiona que la mayoría republicana no haya tomado el anteproyecto de la Comisión Experta, para mejorarlo, complementarlo y arribar a un acuerdo.
El excanciller y abogado plantea que el estallido «por un lado fue la crítica y la protesta a los abusos y privilegios a las élites dirigentes, políticas y empresariales; pero por otro lado fue la manifestación extrema de las tensiones y contradicciones que inevitablemente produce un acelerado proceso de crecimiento, modernización y desarrollo, como el que ha tenido en Chile en los últimos 30 años».
¿Era inevitable?
«No hay nada inevitable en política. La modernización es un monstruo de siete cabezas, es muy disruptiva, porque es un cambio fundamental de las creencias, valores y estructuras. Samuel Huntington, cientista político, escribió en 1968 un libro que justamente dice que la modernización es muy disruptiva, que produce inestabilidad, no estabilidad, especialmente cuando las instituciones políticas muestran un rezago en relación a los procesos de cambios económico y social. Eso es lo que ocurrió en Chile en el estallido social.
Usted habla de «falla geológica» del Estado para aludir a su incapacidad de garantizar la seguridad pública de las personas. ¿Es un problema que va más allá de este gobierno?
«Llevamos 10, 15 o 20 años en que las personas en su vida cotidiana han tenido que coexistir con la delincuencia común, el microtráfico, el narcotráfico y ahora con el crimen organizado transnacional. Por lo tanto, esto es una vieja historia, que va mucho más allá de éste y del anterior gobierno. Cuando hablo de una falla geológica del Estado es muy serio, porque el Estado existe para la seguridad de las personas. Ese es Leviatán, del que habló Thomas Hobbes, filósofo del siglo XVII de Inglaterra, padre del concepto moderno de Estado Nación. Dijo que para salir del estado de naturaleza, la guerra de todos contra todos, hay que crear un Leviatán, es decir, un Estado que sea capaz de infundir temor y de velar por la seguridad de las personas. Esa es la visión del Estado Moderno y en Chile hay una falla del Estado, en el sentido de que desde hace muchos años ha habido una incapacidad, incluso una ausencia de este Estado en lugares muy importantes del territorio, en poblaciones, barrios y en la Macrozona Sur».
A juicio de Walker «si bien es cierto que la vía institucional ha logrado imponerse sobre la insurreccional, la vía institucional tiene que mostrar resultados para la gente en cuatro materias: agenda proseguridad, procrecimiento, pensiones y la de isapres o el tema de salud. Estos temas son los que le interesan a la gente y en ellos el gobierno y la oposición deben ser capaces de demostrar que están pensando en Chile. Entonces me pregunto: ¿quién lo hace hoy? ¿Dónde está Edgardo Boeninger? Y no lo encuentro por ninguna parte».
¿Qué vías institucionales y prácticas se pueden tomar para avanzar y lograr acuerdo?
«Hay que hacer una reforma electoral que permita pasar de los actuales 20 partidos en el Parlamento a no más de seis o siete; puede hacerse a través de un umbral del 5%, como en Alemania, o a través de la prohibición de pactos electorales, como era en los años 60′, una democracia con 20 partidos en el gobierno es ingobernable. Es una reforma clave y fundamental, requiere de un acuerdo transversal y entiendo que hay conversaciones sobre la materia».



