Los amigos celebraron la medalla olímpica y el número uno del ranking mundial
Escuchamos a Luis Miguel, Backstreet Boys y Locomía. Ahí se nota que estamos viejos, dice Ayub.
El ex luchador nacional Andrés Ayub le prometió al medallista olímpico, gran amigo y ahora número uno del mundo en lucha grecorromana Yasmani Acosta un asado para celebrar su presea plateada y su nuevo puesto en el ranking.
Los dos se conocen desde los 2000, cuando Ayub viajaba por meses a entrenar a Cuba. En ese entonces él le llevaba ropa de regalo y un joven Yasmani, de 16 años, le ayudaba a entrenar.
Se hicieron grandes amigos y, en 2015, Ayub ayudó a Yasmani a desertar de su delegación y quedarse en tierras chilenas. Lo pasó a buscar, le consiguió alojamiento y luego hizo los arreglos para que arrendara una pieza en la casa de su amigo Alejandro, quien hoy también es buen partner de Acosta. Por eso celebran sus logros.
«Siempre nos juntamos, pero esta vez le dije que celebraríamos su medalla. Así que él estaba feliz, Yasmani es bajo perfil y súper sencillo. Con nuestro grupo tenemos mucha confianza y, con un asado, somos felices. Lo pasamos muy bien, definitivamente lo vamos a repetir», cuenta Ayub.
«Lo hicimos en mi departamento y no es tan grande, así que éramos unas 12 personas. Algunos son amigos de lucha, otros son de mi eterno grupo de inseparables, éramos cinco: Marcelo, Roberto, Francisco, Alejandro y yo. Nos conocemos hace muchos años y Yasmani se integró en 2015. Ahora somos todos muy amigos», agrega.
El asunto se armó rapidito. Se ordenaron con qué iba a llevar cada uno, compraron la carne y armaron un picoteo con papas fritas, champiñones a la plancha y queso. Solo bastaron cinco kilos de carne, entre tapabarriga y lomo, tres kilos de pollo y dos kilos de longaniza.
No será tanta carne para 12 personas, pero en realidad esos diez kilos se dividieron casi exclusivamente entre los hombres. Y no sobró nada.
«Del grupo de cinco, Yasmani y yo somos los mejores para comer, pero a Yasmani hay que llenarlo de arroz y picoteo antes del asado. Yo diría que por lo bajo nos comemos dos platos. Por ejemplo, una vez que probó el maravilloso arroz árabe de mi mamá, se comió tres platos», confiesa Andrés.
¿Es de luchadores comer tanto?
«Sí, los luchadores comen mucho porque el entrenamiento es tan fuerte, tan desgastante, que lo único que uno quiere es comerse un cerro de comida. De hecho, recuerdo que cuando comencé a entrenar, yo estaba bajo el peso y el nutricionista del CAR nos daba cerros de comida, era un plato enorme de 600 gramos de carne y harto carbohidrato. Eso es al almuerzo y lo mismo a la cena», cuenta.
¿Hablan de deporte cuando se juntan?
«No, no, al contrario. Hablamos un rato de la lucha, pero después agarramos para el leseo a Yasmani, a mí, a todos. Hablamos puras cabezas de pescado, la idea es distraerse, no hablar siempre lo mismo».
¿Cuál es la dinámica de sus juntas?
«Somos tranquilos, nos tomamos un trago, conversamos, hacemos un asadito, echamos la talla, pelamos y hasta vemos películas. Antes salíamos a bailar, pero ahora estamos más viejos. Somos felices si nos juntamos con un pedazo de carne, el asado es nuestro panorama favorito. Yo me encargo de la parrilla, porque Yasmani no cacha mucho».
¿Cuál es su secreto para un buen asado?
«No tocar tanto la carne, no darla vuelta y echarle la sal justa. Hay que dejarla tranquila y sellarla para que no se le escape el jugo».
¿Y qué música escucharon?
«Escuchamos de todo, esta vez pusimos a Luis Miguel, reggaetón, salsa, música cubana, Backstreet Boys y hasta Locomía. Ahí se nota que estamos viejos».


