Esposa de Mirko durante su paso por Colo Colo falleció este viernes
Como ellos no tenían amigos ni familia en Chile, la familia de Menichetti y la mía fuimos el soporte social para Zorana y su hija Lana. Zorana era amable, risueña, muy apañadora, cuenta Marcelo Oyarzún.
La partida de Zorana Jozic en su natal Croacia se sintió a más de doce mil kilómetros de distancia. La mujer que acompañó a Mirko Jozic en sus dos pasos por Colo Colo, como entrenador entre 1988 y 1993 y luego gerente técnico en 2005, dejó huella en el Cacique.
A diferencia de Mirko, Zorana se expresaba a través del arte: la cultura, el teatro y la danza eran sus principales intereses. Trabajó en la ópera antes de llegar a Chile y se destacaba particularmente por su sonrisa. También por la cocina, como recuerda Ricardo Weisselberger, vicepresidente albo en la época del título de la Copa Libertadores.
«Como anécdota, un día fui a su casa y siempre te insistía si querías comida. Por decirle algo le dije pizza, pensé que sería una pizza comprada. Pero hizo la masa y todo el merequetengue completo. La mejor pizza que había comido. Lo que le pidieras, ella lo hacía», asegura uno de los integrantes del directorio que encabezó Eduardo Menichetti.
Leonardo Véliz, quien estuvo junto a Mirko en Colo Colo y en Europa, también recuerda a Zorana. «Una persona muy ansiosa de conocer nuestra tierra. Era muy empática y verla era reunirse con la alegría. Se empapó de Colo Colo, se integró al país y no solo por los triunfos de Mirko, sino que por que encontró un país acogedor. Caía muy bien en todos lados».
Marcelo Oyarzún, preparador físico de Jozic en Colo Colo y luego en Al Hilal de Arabia Saudita (1997-1998), recuerda que hacían cenas y cumpleaños juntos: «Como ellos no tenían amigos ni familia en Chile, la familia de Menichetti y la mía fuimos el soporte social para Zorana y su hija Lana. Zorana era amable, risueña, muy apañadora».
Lana, según el Pollo Véliz, «es hoy la principal embajadora de Colo Colo en el exterior». Junto a Zorana hicieron vida de familia primero en un departamento ubicado en el barrio El Golf y luego en una casa en el sector de Lo Curro.
Weisselberger agrega otro de los lugares favoritos de Zorana. «¡Rapel! Yo tengo un condominio con unos amigos y luego Menichetti se construyó algo, así que los Jozic iban de un lado para otro. También salíamos a bailar, a La Enoteca por allá arriba. En ese tiempo tenía baile y ella era buena para bailar y buena para todo».
En medio de su experiencia chilena, la guerra de los Balcanes, que desembocó en la separación de Yugoslavia a partir de 1991, fue un dolor que Mirko y Zorana Jozic padecieron a la distancia. «Es, en parte, la razón por la que ellos se fueron de Chile unos años después», asegura Ricardo Weisselberger.
La conexión se mantuvo con visitas de los Menichetti a Croacia y el trabajo en conjunto con Véliz en Portugal y Oyarzún en Arabia Saudita. «Teníamos que viajar mucho por los torneos, pero con Zorana y Lana éramos vecinos y vivíamos prácticamente juntos», advierte el preparador físico, hoy en Deportes Iquique.
Véliz no se olvida de dos cosas. Que Zorana «era una especialista en repostería, pasteles exquisitos» y que además era «sumamente» solidaria: «Mi señora, Roxana Werner, estaba exponiendo pinturas de Valparaíso en la Unesco en Francia, para que fuera reconocido como Patrimonio de la Humanidad. Llamé a Mirko y le pedí que nos acompañaran. Al otro día estaban en París y fuimos a un restaurante junto a la Torre Eiffel. Zorana se sentía como en casa».
Luego Véliz se convirtió en concejal de Santiago y conseguía entradas para Zorana en el Teatro Municipal: «Recuerdo que fuimos a ver Carmen de Bizet y lo disfrutaron, lo gozaron».
Por eso los recuerdos de Zorana en Chile son ajenos a los años y las barreras idiomáticas. Algo que evoca Weisselberger: «Imagínate que una vez mi señora, Sonia, la visitó en su casa sin saber una gota de croata y ella no hablaba nada de castellano. Pero cuando volvió, le pregunté cómo lo había pasado». ¿Qué le dijo su esposa? «Estuvimos toda la tarde hablando en el jardín, lo pasamos re bien, conversamos harto».


