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Autor de la Foto: ARCHIVO
Título/Pie de foto: Noviembre 2011: conductora e inspector terminaron en el mar.
Cuatro instructores detallan las aventuras que enfrentan día a día
Lo de aprender a manejar da para todo, incluso confundir el freno de mano con la pierna del copiloto.
Danny Aulestia M.
Había pasado los exámenes sicométrico, teórico y médico, pero en el práctico, una mujer de Antofagasta que era evaluada por un inspector municipal para obtener su licencia de conducir, cayó al mar con su acompañante. Lo que pasó fue que, tras hacer un viraje, en vez de frenar aceleró; se subió a la vereda, a un paseo peatonal, casi atropelló a un transeúnte que dormía en el piso, rompió una baranda metálica y cayó al agua desde una altura de cuatro metros.
Para muchos es algo chistoso e inexplicable, pero para los instructores de manejo de las escuelas de conductores es pan de cada día.
«Lo que sucede es que el alumno se empecina en que todo le salga bien, pero al subirse al auto tiene un choque de emociones, ansiedad y vergüenza. Todo esto junto hace que se bloquee y a veces no escucha las instrucciones o no ve lo que pasa a su alrededor», explica Jorge Iturra, de AutoEscuela Santiago. Así se suman situaciones que a la larga se trasforman en chistes, bien los conocen quienes enseñan a manejar o toman exámenes de conducción en las municipalidades.
1.- «Una alumna no escuchaba todas las instrucciones de viraje que le daba y decidí quedarme callado para ver qué pasaba. Tras un rato de muchas vueltas llegamos a un lugar desconocido para mi. La alumna me miró y dijo, ‘ya profe llegamos a mi casa'. Le pregunté cuándo le había dado yo esa instrucción y me respondió que como siempre se iba caminando a su casa tenía el camino más que aprendido», cuenta Marco López, instructor de Pacific Car.
2.- «Lo que más me ha sucedido es que el alumno concentra su mirada siempre hacia delante y, por ejemplo, cuando se le dice aplique freno de mano, pierden la ubicación del mismo y comienzan a palpar hacia el costado, tocando no solo la pierna del instructor, sino que también otras partes», comenta Ángel González, de la escuela Interlagos.
3.- A veces el uso del lenguaje les juega una mala pasada a los instructores. «Una alumna muy religiosa estaba en la prueba de pedales y era muy aplicada. Se sentó al volante e hizo todo bien. El profesor en un siguiente paso le dice que comience a tocar el freno en forma suave. Ella, muy diligente, tomó con una mano el volante y dirigió la otra hacia los pedales para acariciar el freno con la otra mano», cuenta Marcial Toledo, director de la sede Providencia del Automóvil Club de Chile.
4.- En otra clase de la misma escuela una alumna llegó a una intersección con semáforo que estaba en rojo y con dos autos delante de ella. El profe le dijo, ‘cuidado con el rojo', y ella sobre la misma le responde, «no se preocupe profe, no hay ningún auto rojo, así que no hay problema».
5.- Nervios o concentración, el cuento es que muchos no entienden las instrucciones. «Un alumno salía muy rápido, manejaba veloz y sabía bastante del auto. En un semáforo el instructor le dijo «ahora quiero que salgas despacito». El alumno lo miró, se sacó el cinturón y abrió la puerta del auto. «¿Dónde vas?», le preguntó sorprendido. «Profe, usted me dijo que saliera despacito», respondió el alumno. «No viejo, lo que quiero es que muevas el auto despacito al salir del semáforo», le corrigió el instructor.
Esta es una muestra, pero hay miles de anécdotas, que cuentan los propios instructores. Para cerrar, está la del alumno que, tras ignorar dos disco Pare y un Ceda del Paso, enfrentando un cuarto signo la instructora le gritó: ¡qué signo es!, y el alumno le dijo «soy Escorpión, profe».


