«Los colchones eran todos de espuma, no pesaban tanto»

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Autor de la Foto: CEDIDA

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Título/Pie de foto: Automovilistas que ese día iban en la ruta grabaron su maniobra.


Habla el chofer del auto que se hizo célebre por su carga

Su hermano, que tiene una camioneta, lo dejó botado y tuvo que ingeniárselas para volver de un paseo familiar.

Luis Gajardo

Su nombre es Abel Marín. Tiene 40 años y es antofagastino. Desde hace una década es chofer de camiones. Se dedica, principalmente, al transporte de cobre.

Abel Marín es el hombre que montó sobre el techo de su auto azul una impactante torre de equipaje, entre la que destacaban una cantidad indeterminada de colchones que dieron al vehículo el apodo de «auto-colchonero», luego que algunos automovilistas lo fotografiaran mientras manejaba por la Ruta 5 camino a Antofagasta.

Dos días después que se hiciera célebre, Abel Marín responde al cómo y al por qué de lo que hizo. Aprovecha también la oportunidad para responder a Claudio Argote, vicepresidente de Automovilistas Unidos Chile, quien dijo que su maniobra fue «una aberración y una osadía del porte de un buque», y además al Premio Nacional de Ciencias Exactas del año 2007, el físico y director del Departamento de Física de la U. de Chile, Miguel Kiwi, quien en estas mismas páginas analizó críticamente su maniobra.

El profesor habló del cambio del centro de gravedad del vehículo, del peligro de que fuese alcanzado por un potente viento lateral y de la pérdida de aerodinámica del auto colchonero.

-¿Cómo llegó a amontonar esa cantidad de equipaje sobre el auto, Abel?

-Déjeme comenzar por el principio.

-Adelante.

-Todo partió como un paseo familiar. Mis dos hermanos y yo coincidimos con unos días libres de trabajo y decidimos partir con nuestras familias a la playa La Lobera. De ida me fui en mi auto con mi señora y mis hijos, y el encargado de llevar los colchones y las demás cosas era uno de mis hermanos, que tiene una camioneta.

-¿Y qué pasó?

-Pasó que el sábado con mi hermano tuvimos una discusión y él decidió pescar sus cosas y partir con su señora de vuelta sin avisarnos. Y ahí quedamos, botados.

-Entonces decidió echar todo arriba del auto nomás.

-No. No fue tan así. Antes analicé todas las opciones. Primero pensé en llamar a mi empresa para decir que no iba llegar a trabajar el lunes, pero imagínese el tremendo show.

-Nunca es buena esa idea.

-¿No cierto? Lo otro que hicimos fue llamar a varios vehículos de flete, pero como era domingo no conseguimos ninguno. No me quedó otra.

-Cuénteme cómo armó esa torre de colchones, por favor.

-Primero, usé la mitad de una mesa de ping pong, que la usamos en la playa como mesa para comer, como parrilla. Y amarramos todo con eslingas, que son unas cintas gruesas que se usan para amarrar las cargas en los camiones, además de cordeles. Además los colchones, que eran cinco, eran todos de espuma, no pesaban tanto. El resto iba todo encarpado.

-Igual harto peso para un auto más o menos chico.

-Eran las carpas, la parrilla y los cinco colchones de espuma. Eso último generó el problema del bulto. El señor científico hablaba del peso, pero no era tanto. Yo sé que cuando uno excede el peso de la carga se puede dañar el vehículo, y yo no voy arriesgar mi auto. Adentro íbamos mis tres hijos, mi señora y yo.

-El tema del viento lateral también le preocupaba al profesor Kiwi.

-El viento lateral, como bien dijo el físico, es cierto que afecta. Pero eso es si uno va rápido. Yo me preocupé de ir a no más de 40 o 50 kilómetros por hora, entonces ni siquiera se sentía. De hecho, me demoré como tres horas en llegar a la ciudad, siendo que normalmente me demoro una hora y media. También paré en varios momentos a revisar que siguiera todo bien amarrado.

-¿No se le voló nada?

-Correcto. Mire, yo no digo que lo que hice sea recomendable. Para nada. Nunca fue mi idea tampoco. Fue una emergencia. Pasa que cuando uno tiene niños chicos y familia, a veces tiene que hacer lo que hay que hacer nomás.

Usé media mesa de ping pong como parrilla»

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